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El problema principal agente, el capitalismo que viene y los modelos cooperativos

Reflexiones en torno al problema principal agente, la emergencia de la sociedad de las redes distribuidas, las formas cooperativas y el cambio social que vivimos.

El problema principal- agente es un clásico de la teoría de organización de empresas. Los comerciantes mediterráneos de la revolución comercial de los siglos XI al XIII ya buscaron formas de “realinear objetivos” entre gestores y propietarios. Pero fue con el capitalismo industrial y el nacimiento de la sociedad por acciones cuando el problema principal agente se elevó a la categoría de problema social.

Es fácil leer el modelo del equilibrio general de Arrow en este sentido: mientras haya división entre socios y gestores, el mercado nunca conseguirá asignaciones eficientes aunque eliminemos los costes de transacción entre compradores y vendedores.

En la práctica, mucho más allá de Arrow, asistimos diariamente a la caricatura de las consecuencias últimas del modelo: Miles de pequeños negocios y emprendimientos basados en la lógica perversa del capitalismo de amiguetes; servicios y productos para empresas que encuentran mercado sólo porque amistades del colegio o del círculo social íntimo, a cargo de gestionar presupuestos inmensos de grandes corporaciones o administraciones públicas, no tienen problemas para contratar cantidades de seis cifras o menos. Hoy por ti, mañana por mi. Verdadero espíritu y solidaridad de los estratos medios de la clase gestora… opuestos al interés social que el mercado alinea en este caso con los propietarios y los contribuyentes.

El cooperativismo y el problema principal agente

El primer gran aporte del padre Arizmendiarrieta que hizo posible la mayor experiencia cooperativa del siglo XX, fue comenzar al revés la organización de cooperativas de trabajo. La formación había sido hasta entonces un objetivo y un resultado del cooperativismo. Arizmendiarrieta comenzó apostando por la formación para, desde el empoderamiento de las personas, impulsar cooperativas. El punto de partida era sin embargo demasiado difícil como para salvar totalmente las diferencias sociales y de formación impuestas por el entorno y la Historia.

El modelo mondragoniano consagrará la actual división entre Consejo social (formado por socios) y Comité de dirección (formado por técnicos gestores) en la dirección de las cooperativas. Factores culturales y sociales, proximidad e ideología, harán sin embargo que la diferencia entre socios y gestores sea muchísimo menos dramática en sus formas y consecuencias que en las empresas por acciones. A fin de cuentas, los gestores mondragonianos no son paracaidistas sino personas involucradas con el modelo que conviven con sus socios, socios que a diferencia de los dueños de una empresa por acciones, siguen día a día la empresa porque trabajan en ella.

Dicho de otro modo: el cooperativismo de trabajo industrial, al tener unos socios involucrados y siempre presentes y unos gestores que no venían de clusters cuyo objetivo es la renta de posición (escuelas de negocios, consultoras, etc.), no sufrió la suplantación del principal por el agente que viven las grandes empresas y que está en el origen del cansancio sistémico actual.

La revolución de la productividad

La clave del sistema social que conocemos como capitalismo es la escasez del capital como factor productivo y la práctica imposibilidad de conversión de las rentas del trabajo en capital. Es esa escasez la que da lugar a un sistema estable de clases y la que hace practicamente obligatoria la agregación de rentas en capital mediante el estado o las corporaciones y por tanto la aparición del problema principal agente.

Eso empieza a cambiar a finales del siglo XX en los países centrales por una serie de causas paralelas a la emergencia de la sociedad de las redes distribuidas: desarrollo generalizado de la formación y la educación, abaratamiento sostenido y radical de las herramientas más sofisticadas de trabajo (ordenadores, acceso a redes, etc.)… causas todas ellas resultado del mayor y más sostenido aumento de la productividad de la Historia humana. Este aumento de la productividad estallará en consecuencias sociales a partir de su encuentro con la progresiva apertura de barreras entre mercados y el desarrollo de un nuevo sistema de comunicación e información cuya topología distribuida elimina por si misma costes de transacción y aumenta la accesibilidad a los mercados por los pequeños.

No es que con los ahorros de salarios medios pueda montarse una siderúrgica, pero sí pequeñas empresas o cooperativas en segmentos de alto valor añadido como el software libre, la consultoría, la tecnología y en general en áreas ligadas a la nueva lógica de la abundancia en la información en las que el capital más importante está en intangibles y capital humano.

La era de los lemures

Una nueva cultura emerge entonces desde la periferia del aparato productivo, las comunidades de software libre y la Academia: la ética del hacker. Una cultura que rechaza las limitaciones jerárquicas y nacionales en los modos de trabajo propios del viejo capitalismo corporativo, pero sobre todo la división principal agente.

En el ámbito cooperativo el modelo de la filé -que convierte la lógica de carrera jerárquica en un proceso de emprendizaje- apunta sobre todo al fin de esa divisoria entre gestores y socios que se vuelve absurda cuando los niveles medios de formación son suficientes como para que cualquiera asuma las mínimas tareas directivas que no están distribuidas en la propia comunidad.

Y mientras en el conjunto del mercado, el desarrollo del capitalismo que viene con su tendencia a la disipación de rentas, socava las bases del capitalismo de amiguetes y las rentas de posición de los gestores medios, rémora de los grandes dinosaurios corporativos.

Dinosaurios y rémoras que empiezan a ver cómo los descendientes de aquellos primeros lemures van tomando peso y protagonismo en un entorno regido ya por nuevas reglas y valores desde los que los modestos lemures no pueden sino evolucionar hacia más inteligencia y complejidad social.

«El problema principal agente, el capitalismo que viene y los modelos cooperativos» recibió 0 desde que se publicó el miércoles 14 de abril de 2010 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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