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El secreto comunitario de los monjes benedictinos

Citas de una entrevista al abad de Bose que reflexionan sobre la experiencia e interpretación monacal de la vida comunitaria.

sanjeronimo en el scriptoriumEnzo Bianchi es posiblemente uno de los grandes revivificadores de la orden benedictina en nuestros tiempos. En una larga y franca entrevista publicada en español por ediciones Narcea llaman profundamente la atención sus reflexiones en torno a la vida comunitaria y las lecciones que extrae de ella… que coinciden con las de la experiencia cotidiana en otras comunidades no monacales.

Seguramente buena parte del contexto y los términos de las respuestas del prior de abadía de Bose resulten ajenas a nuestros lectores no católicos, sin embargo creo que merece la pena escuchar estas reflexiones desde fuera de su marco original y entender cuanto sintetizan de la experiencia de una serie milenaria de comunidades reales que generaron sistemas autárquicos sobre economías propias.

He agrupado las citas bajo una serie de epígrafes que las conectan con conceptos de la Indianopedia y que de alguna manera resumen, en otros términos, un terreno común de reflexión sobre el funcionamiento de economías comunitarias y resilientes:

  1. La comunidad no puede establecerse sin una negación previa y consciente de las identidades universalistas
  2. El proselitismo es contraproducente: es necesario un proceso previo de integración y aprendizaje
  3. La comunidad no existe para nada que no sea la interacción (escucha mutua) entre sus miembros, cuando se debilita emerge el autoritarismo y muere la comunidad
  4. La fraternidad es el aglutinante real de la comunidad y descansa sobre el empoderamiento de cada uno de los miembros
  5. La experiencia del trabajo en comunidad es generadora de igualdad (koinonía/comunión)
  6. La renuncia al ahorro personal y la acumulación del excedente en la estructura económica permite sostener el crecimiento cohesionado de la comunidad en un entorno de trabajo que exalta el gusto por estar juntos y sólo después de esto, genera cohesión social en el entorno mediante la redistribución.
  7. La proyección social del trabajo comunitario se produce sobre todo a través de la creación de nuevas fuentes de riqueza y conocimiento (expansión sobre el desierto), que a su vez se basa en el ethos comunitario y del trabajo

La comunidad no puede establecerse sin una negación previa y consciente de las identidades universalistas

Durante algunos siglos, los monjes fueron una fragua de la cultura, promovieron la paz y la reconciliación entre latinos y bárbaros, y mantuvieron viva la idea de la comunión y de igualdad entre las personas independientemente de las etnias. Sólo hay que pensar que una de las razones por las que en los monasterios latinos se cambiaba el nombre, en el acto de pronunciar los votos, era para que no se pudiera reconocer quién tenía un nombre patricio y, por consiguiente, era noble y quien procedía, en cambio, de la simple y pobre condición de siervo. Con un nuevo nombre dentro de la communitas monástica, no se reconocía al que era de ascendencia noble y rica ni al que procedía de una condición de pobreza. Todos eran hermanos, no había distinción entre el que era latino y el bárbaro. No olvidemos que todo esto sucedía en un periodo histórico en el que en Occidente había vigentes dos derechos: el latino y el de los bárbaros.

El proselitismo es contraproducente: es necesario un proceso previo de integración y aprendizaje

Algunos pueden pensar que se sienten atraídos a la vida monástica también porque el monasterio representa un lugar de refugio. Hoy muchos huyen. De igual forma, en los momentos de crisis, cuando el horizonte del mundo parece no tener sentido, los monasterios pueden constituir un refugio para personas que huyen. Sin embargo, hay que ser firmes: si en el fondo no se entrevé una sincera búsqueda de Dios hay que rechazarlas. Acogerlas significaría hacerles daño. Decía Bruno el Cartujo, uno de los mayores fundadores de monasterios: “Sólo Dios puede llamar a la vida monástica. Cuando alguien induce a otro hombre a hacerse monje, lo hace un desgraciado, no un santo”.

La comunidad no existe para nada que no sea la interacción (escucha mutua) entre sus miembros, cuando se debilita emerge el autoritarismo y muere la comunidad

La vida monástica es el arte de la escucha. La verdadera obediencia casi nunca es la obediencia a un superior, porque en la vida monástica cenobítica un superior lo más que puede hacer es recordar la obediencia a la Regla, no a sí mismo.

La verdadera obediencia monástica es el gran arte de la escucha; por eso, el monasterio es un taller de obediencia, pero entendida siempre como escucha a los demás y a la palabra de Dios para ponerla en práctica todos los días.

Puedo decir, por la experiencia madurada no sólo en el monasterio de Bose, sino por las visitas a otras comunidades que, dada la actual sociedad en la que impera una cultura individualista, privada de puntos de convergencia y de pasión para colaborar y “sentir” juntos, la mayor dificultad está representada precisamente por la sumisión (escucha) recíproca.

En cambio, para otras generaciones, como la mía por ejemplo, era más difícil la obediencia a una persona, a la guía a la autoridad, al abad. Las nuevas generaciones obedecen con más facilidad a la autoridad; podría decir que son menos rebeldes; tienen menos tendencia a ser contestatarios. Sin embargo por su individualismo, la sumisión (escucha) a los demás, a los hermanos y las hermanas, para caminar con ellos, representa un grave obstáculo. Es un dato que constato en todas partes.

Dentro de la comunidad monástica que he fundado noto que lo más difícil está en la decisión comunitaria. Actualmente es más fácil que alguno delegue la decisión en la autoridad antes que pasar por la trabajosa confrontación con el hermano o la hermana. Esto es un signo claro de un defecto cultural. Hay que tener en cuenta que los novicios proceden de esta sociedad, de este clima, de esta atmósfera tan individualista y fragmentaria, que no tiene un horizonte común, que no tiene un sentido de convergencia en el objetivo común.

La fraternidad es el aglutinante real de la comunidad y descansa sobre el empoderamiento de cada uno de los miembros

Existen criterios o principios profundos, según los cuales hay que medir el estado real de salud de la comunidad y yo creo que son esencialmente tres: el primero el amor fraterno. Ninguna comunidad fracasará si en ella reina la fraternidad. El segundo criterio es la alegría. Una comunidad en la que no reina la alegría o la felicidad, es una comunidad esclava, esclava de la Regla o esclava de sí misma. La alegría muestra que se vive en común el respeto a las reglas y a la comunidad, pero en la libertad. Finalmente, el tercer criterio está representado por el grado de edificación personal de los que forman parte de la propia comunidad.

Una vida de sumisión de los unos a los otros no sería vida si no se diese la posibilidad de edificarse (cada uno) desde un punto de vista humano; se transformaría en una verdadera esclavitud donde la falta de evaluación llevaría a una destrucción ilimitada.

La experiencia del trabajo en comunidad es generadora de igualdad (koinonía/comunión)

La vida en común propuesta por el monacato se define con un término que nunca tendríamos que olvidar, porque la expresa completamente: koinonía, comunión. La vida en común trata de poner en comunión todo lo que somos, todo lo que poseemos, hasta el servicio que se hace al otro, para estar en comunión con el otro. Todo esto requiere sumisión, hacer partícipes de lo nuestro a los demás, tener la voluntad resuelta de construir juntos. Todo en mí debe tender a la reciprocidad pero sin pretenderla del otro. Yo la afirmo como mi deber hacia el otro, pero nunca podré pretenderla de él.

San Benito en su Regla dice «Tunc vere nonaci sunt», son monjes de verdad, cuando trabajan. La tradición está de acuerdo en no permitir a los monjes que se mantengan sólo con ofrendas o donaciones.

Los monjes creen que gracias a su trabajo, pueden ser compartidos los frutos de la tierra. Esto es la koinonía, participación de todos y ésta es la transfiguración de este mundo (…). Por eso los monjes, a diferencia de otras órdenes religiosas han trabajado siempre manualmente y creen también que el trabajo forma parte de su vocación, sin exenciones de ningún tipo. (…) Los monjes han tratado siempre de desarrollar trabajos que les permitieran vivir lo más posible una vida comunitaria

La renuncia al ahorro personal y la acumulación del excedente en la estructura económica permite sostener el crecimiento cohesionado de la comunidad en un entorno de trabajo que exalta el gusto por estar juntos y sólo después, genera cohesión social en el entorno mediante la redistribución

Ser diligentes en el trabajo es un aspecto muy importante. Un monje, precisamente porque elige esta vida, no puede trabajar solamente por trabajar ni puede pensar en cultivar un huerto que no refleje belleza y orden. Los monjes tratan de que este trabajo sea lo menos alienante posible.

Precisión y sentido estético, porque no hay nada más devastador espiritualmente en un monasterio en el que, en nombre de la pobreza, pero muchas veces como resultado de la incapacidad y de la pereza, se vean paredes desconchadas, moho, suciedad. Si la pobreza y la vida comunitaria no aporta belleza, se convierte en un verdadero yugo, en una esclavitud y no puede favorecer la vida comunitaria.

El gran monje y hombre espiritual André Louf afirma que en un monasterio a veces es mejor que haya un objeto más costoso pero que responda a la belleza del monasterio, que un objeto económicamente pobre, pero que turbe la gratuidad y la belleza que debe haber en torno a nosotros.

-Si no, mejor es nada (responde la entrevistadora)

Sí, pero incluso ese nada nunca debe parecer abandono o vacío miserable. Hasta en ese caso no debe faltar ese toque de belleza y gratuidad que hable porque, si no es elocuente el ambiente en el que viven los monjes, tampoco puede serlo su palabra.

Los monjes son los únicos que, trabajando y obteniendo dinero de su trabajo, no practican el intercambio de dinero. Si reflexionamos, este hecho representa una absoluta rareza en la actualidad. Los monjes no intercambian dinero entre ellos porque ninguno lo posee, todo está al servicio de la comunidad. Esta es una verdadera condición de pobreza personal respecto al dinero.

(Pero) cuidado! ¡¡Un monasterio puede acumular dinero!!

Actualmente, en nuestra comunidad y gracias al ingreso de fuerzas jóvenes, dotadas de muchas competencias, hemos pasado de una condición de verdadera pobreza a una situación más desahogada. Ahora es necesario compartir con los demás esa gracia, por lo que la mayor parte de lo recibido por nuestro trabajo se distribuye, según lo decidimos de vez en cuando, a los pobres, a los que tienen mayor necesidad. Un monasterio que acumulase bienes (como objetivo o finalidad del trabajo) acabaría por decretar su propio fin, como ha confirmado la historia más de una vez la Historia.

La proyección social del trabajo comunitario se produce sobre todo a través de la creación de nuevas fuentes de riqueza y conocimiento (expansión sobre el desierto), que a su vez se basa en el ethos comunitario y del trabajo

El monacato siempre ha tenido esa función a veces de profecía, de denuncia de la mundanidad presente en la sociedad civil, pero también en la Iglesia. Sin embargo ha manifestado también una gran simpatía por la humanidad y una gran empatía hacia los demás creyentes, a los que el monje quiere ofrecer su contribución. Pensemos solamente en cómo han contribuido los monjes, sobre todo en Occidente a salvar el patrimonio cultural griego y latino, permitiendo que se siga “pensando” en siglos en los que, por diferentes razones era difícil descubrir una actitud para elaborar proyectos. Los monasterios han modificado hasta la misma fisonomía de los paisajes, han secado terrenos pantanosos, han saneado territorios enteros, han seleccionado nuevas simientes…

Su objetivo no obstante era vivir seriamente tratando de hacer de la vida una obra de arte. Así consigue crear una tipología de vida que da fruto al servicio de toda la comunidad humana.

«El secreto comunitario de los monjes benedictinos» recibió 2 desde que se publicó el Lunes 20 de Septiembre de 2010 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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