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El sorprendente testamento de Batya Gur

Reflexiones sobre la crisis del nacionalismo a partir del último libro de Batya Gur publicado en español.

Anteayer acabé Un asesinato en directo… y estoy todavía en shock.

Batya Gur pertenece a la gran generación de novelistas de género del Mediterráneo. Es el par israelí de Vázquez Moltanbán, Camilleri, Markaris… La constante más significativa de su obra es la exposición, tan sutil como inmisericorde, de los principales ejes de conflicto interno de la sociedad israelí.

El tenaz relato de la irreductibilidad de la diferencia entre mizrajíes y askenazíes y la profundidad del racismo nacionalista -de indudable origen germánico- tan extendido entre los círculos de poder de estos últimos, la convirtieron en una de las figuras críticas más potentes y populares de la literatura israelí actual.

Seguramente, fuera de Israel, su obra más conocida sea Asesinato en el kibutz donde sella el acta de defunción de este modelo social relatando su funcionamiento wikipedico como último totalitarismo asambleario.

En Un asesinato en directo todavía hace un pequeño autohomenaje a lo que supuso aquel libro en 1994, de boca de un personaje marginal en la trama:

Hoy se puede decir que el kibbutz es una reliquia, pero en aquel momento…Fue el primer asesinato que investigó la policía en un kibbutz, la primera vez que la policía entró en uno, de hecho.

Pero el motor de la trama de esta última novela es un crimen de guerra. Un asesinato impune de prisioneros durante la guerra del Yom Kipur. Muy simbólico teniendo en cuenta que los protagonistas y guardianes del secreto son estrellas de los informativos de la televisión pública, “el lugar donde se forja la conciencia nacional“, que acaban amenazándose y matándose entre si.

Cuando Michael Ohayon, el protagonista de toda la serie de novelas, descubre finalmente la verdad, una plancha de silencio oficial se impone desde su mando directo, el director Shorer, que a lo largo de toda la serie se ha ido configurando como la figura paterna y la referencia moral de Ohayon, el símbolo de lo incorrupto que mantiene con vida el estado.

-No sé si podré callármelo -dijo Michael finalmente- no sé cómo va a ser posible vivir con un secreto como este.
-¡Ya lo creo que va a ser posible! -le dijo Shorer, ahora con pena-. ¡Y de qué manera! No vas a decir una palabra -afirmó cada vez más apenado. Y tras un breve silencio añadió-: ¿No ves que estamos evolucionando? Cada vez somos capaces de callarnos cosas más graves

En la escena final Ohayon queda con su hijo Yubal, reservista del ejército que comienza por pregutarle si siguie siendo sionista y argumenta con el tipo de razones que informan a los objetores israelíes de mi generación. Repasando la Historia israelí, cada vez más claramente repudiada por Yubal, Ohayon dice:

-El problema es que como judíos esperábamos tener un comportamiento más moral…, mostrarnos más comprensivos con el prójimo…. y resulta que somos exactamente iguales a los demás.

-Ése es el comportamiento que tienen los perros, que marcan su territorio- murmuró Yubal (…)

Más allá del conflicto específicamente israelí, la clave de la crisis del sionismo hertzeliano está en su propio aporte histórico: la conversión del sionismo en un nacionalismo. Al tener un estado como los otros hicimos lo que los estados hicieron siempre, nos viene a decir un Ohayon estupefacto todavía pues acaba de descubrir la raiz oscura de todo contrato nacional: callar, negar y hacer como que no existe aquello en lo que el estado nacional se basa y que por su propia naturaleza sanguinolienta no puede ser relatado en los términos de las leyendas identitarias que sostienen a la comunidad nacional imaginada.

Comunidad que por ser tan sólo imaginada, tiene tan poca existencia fuera del estado que éste tiene tiene que estar construyéndola permanentemente, es decir por un lado azuzando y exagerando los mitos morales sobre los que se construye y por otro reafirmando las bases de su propia existencia, marcando el territorio a sangre frente a vecinos o disidentes.

El secreto del estado nacional no reside en un crimen concreto. Es, como insinúa la frase de Shorer, general y cada día más grave, más oscuro. La cultura nacional, el orgullo nacional, el honor nacional… al fin las naciones, su identidad, se basan en ese tipo de pacto de silencio y olvido. Todas las naciones tienen sus cadáveres en las cunetas, sus crímenes de guerra, sus expolios, que sólo pueden ser desenterrados, expuestos a la luz y al recuerdo, destruyendo el contrato nacional1.

Pero… ¿para qué hace falta un contrato nacional, no sería mejor un contrato cívico alrededor de un estado postnacionalista? Tal vez no haya tal alternativa, al menos en los estados nacidos del nacionalismo, nos insinúa Gur. En la última página del libro, cuando Ohayon califica de constructiva la rebelión pasiva de los soldados encargados de custodiar los asentamientos, Yubal le responde:

– Pero yo no quiero, de ningún modo vivir en un sitio así. Creo que sería mejor… marcharme a otro lugar. En realidad lo que quiero es marcharme de aquí.

-¿Adonde?- le preguntó Michael conteniendo la respiración, aunque al cabo de un instante se dijo que, de momento, aquello no eran más que palabras, de manera que se concentró en su panecillo con queso fresco.

-Puede que a Canadá2 -respondió Yuval pensando en voz alta, y Michael tuvo que disimular el escalofrío que le recorrió el cuerpo entero (…)

Y entonces Ohayon decide compartir con su hijo el peso del secreto…


Nota 1: Por cierto que no deja de ser curioso que esta reflexión venga desde una escritora popular israelí y no desde otros países, donde los autores tienen ejemplos tan cercanos en el tiempo como los israelíes de esa dinámica de remitificación constante, exclusión y crimen de estado… y sin embargo…

Nota 2: Canadá es también el punto de fuga de una trama paralela que aparece en la novela y que refuerza y prepara el replanteamiento del sionismo no religioso que subyace en las actitudes de Yubal. En ella un rabino profético organiza una red de evasión de capitales para contruir en el país norteamericano una nueva Yavné con ciento y picomil seguidores, convencidos de que es necesario un refugio “donde poner a salvo nuestra raza“.

«El sorprendente testamento de Batya Gur» recibió 1 desde que se publicó el Viernes 24 de Agosto de 2007 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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