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El sueño de la «Gran Comunidad»

¿Pueden los valores y la experiencia comunitaria impregnar la política y el conjunto social? La apuesta por la Democracia Participativa de John Dewey fue la primera elaboración teórica en incluir una fórmula basada en la comunicación distribuida y la ética del conocimiento.

deliberando

La clara consciencia de la vida comunitaria, con todas sus implicaciones, es constituyente de la idea de democracia.
John Dewey, «The Public and Its Problems»

radio en casaAunque el imaginario de hoy nos sitúe el ascenso de los totalitarismos en los años treinta del siglo XX, el verdadero momento de quiebra se da antes del crack y la gran depresión del 29. En 1921 la rebelión de Kronstadt es seguida de la prohibición de la oposición revolucionaria no bolchevique -e incluso de parte de la bolchevique- en Rusia, en 1922 Mussolini marcha sobre Roma.

La expansión de la radio transforma la vida familiar y hasta la ordenación de la casa: el salón o el «cuarto de estar» pasa de ser un lugar de conversación, lectura y música ejecutada por los miembros de la familia a tener sus muebles orientados hacia el nuevo aparato que «habla» sin cesar. Por primera vez, a escala nacional la gente escucha la voz de los líderes políticos. En paralelo, el ocio popular se ve revolucionado por el cine que se introduce primero en la programación de los varietés y luego los sustituye. Está imponiéndose la comunicación centralizada de masas y con ella están naciendo nuevos tipos y comportamientos sociales que parecen confirmar que la democracia tiene los días contados. Es el momento de la «política de masas».

Mussolini en el balcón del Palazzo VeneziaLos totalitarismos parecen los dueños del futuro: tienen líderes que rompen con la estética burguesa del prócer liberal para llevar camisas obreras y uniformes (símbolo del poder emergente de la masa-clase-pueblo-patria organizada), líderes que inauguran una nueva oratoria «para la radio» y una gestualidad exagerada al estilo de las estrellas del cine mudo, que permite la identificación icónica. Pero también tienen una alternativa a la participación política tal y como se entendía en el sistema liberal: manifestaciones y coreografías masivas que despiertan una sensación de fraternidad y emoción superiores al ejercicio del voto entre la recién nacida clase media universitaria y la nueva generación de obreros que se integra a la fábrica con la nueva era taylorista. La ruptura generacional es evidente. La «juventud» nace como categoría política y como mito de poder. La comunidad real, que aun sobrevivía como principal referente de identidad individual en las ciudades pequeñas y los pueblos, se ve definitivamente sobrepasada por la comunidad imaginada de la nación y la clase.

Dewey: tecnología y democracia

dewey the public and its problemsEste es el contexto global de una de las obras más polémicas de John Dewey: «The Public and Its problems». El libro surge como parte de la respuesta del filósofo a un libro del periodista Walter Lippmann. Tanto Lippman como Dewey están de acuerdo en que la emergencia de las nuevas cadenas periódicos, la radio y el cine estaban transformando la base de las instituciones democráticas, atrayendo a las masas a una cultura de la adhesión que sustituía la deliberación por la propaganda, otra novedad política de la época.

Pero mientras Lippman cree que la defensa de la democracia está en sumergirse en los métodos del agitprop y replicar el uso que de las herramientas hacen sus contrarios, Dewey la rechaza y en su argumentación crea un nuevo concepto: la democracia participativa.

La Democracia Participativa y el comunitarismo

La democracia participativa no se fundamenta en la idea «atómica», individualista, del liberalismo. No se trata de tomar decisiones por mayorías en una especie de mercado libre de ideas e intereses que el parlamento representaría. Pero Dewey tampoco acepta la idea de la sociedad como un sujeto colectivo, como una única comunidad imaginada dotada de un destino (como los nacionalistas) y en espera de una dirección para realizarlo (como fascistas, socialistas y comunistas).

Dewey entiende la sociedad como un agregado «grumoso» de individuos que evoluciona en interacción. Para él, el fin tanto de los «grumos» (las comunidades reales) como de la organización democrática del conjunto, no puede ser otro que asegurar las condiciones de autorealización de los individuos.

La bondad de la democracia y el sistema democrático reside precisamente en que permite un tipo de comunicación, de interacción entre las personas, que permite identificar los intereses de cada cual dentro de un marco ético no individualista, no de suma cero, sino colaborativo al estilo del que mantiene cada uno dentro de sus comunidades reales. La democracia, para Dewey, se fundamenta en que cada uno se represente y actúe socialmente proyectando ese «espíritu comunitario» del que nos hablaba Adler.

Deliberación, responsabilidad personal y conocimiento

1922_Dewey_School_BuildingDewey cree que la clave para esa proyección «hacia fuera» de la lógica comunitaria reside en las formas de comunicación. Efectivamente la radio, el cine y los medios de comunicación centralizados reducen a una actitud pasiva a las audiencias, dándoles mascado lo que piensan las distintas élites en conflicto por el control del estado o los mercados y buscando respuestas emotivas, adhesiones básicamente irresponsables.

Un proyecto de verdadera defensa de la democracia, por el contrario, ha de buscar la deliberación y el compromiso cotidiano de cada uno, proponiendo opciones y enfrentando puntos de vista, haciendo la comunicación distribuida («libre y completa intercomunicación»). Emplazaría tanto a la ciudadanía como a sus representantes a ser responsables y auditables. Porque para Dewey, el derecho a participar en los asuntos públicos implica la responsabilidad individual de aprender. Es ese esfuerzo y placer del aprendizaje permanente el que nos hace ciudadanos y proyecta la lógica comunitaria más allá de sus límites originales hasta impregnar a toda la sociedad.

school and societyPero en la era taylorista que Dewey ha visto nacer, el conocimiento es cada vez algo más especializado. Paradójicamente, en la década más ideologizada del siglo el discurso de la gestión «técnica» se está imponiendo, ocultando el carácter político de toda decisión colectiva en un espacio social amplio. Frente a eso Dewey define al ciudadano como un pluriespecialista, alguien que asume la responsabilidad de aprender y empoderarse durante toda su vida. Por eso, para él, la democracia no es un sistema de elección de élites, sino una parte esencial del ethos individual que debe alimentarse desde la escuela, la democracia es el camino del desarrollo personal y colectivo más allá de los límites de la comunidad real.

Conclusiones

Dewey hubiera disfrutado el ascenso de las redes distribuidas y la blogsfera. Y seguramente hoy estaría batallando por crear espacios deliberativos tanto como comunitarios. Su sueño, su visión para la democracia, no pasaba por un determinado juego de políticas públicas, sino por proyectar los valores y lecciones de la experiencia comunitaria a un espacio social mayor.

La democracia para un comunitarista, no es solo una metodología, un conjunto de procedimientos, es una forma de vida y un programa para cuanto hay más allá de su comunidad real, sin fronteras ni exclusiones.

Hasta que la Gran Sociedad se convierta en una Gran Comunidad, el público seguirá estando eclipsado.

«El sueño de la «Gran Comunidad»» recibió 13 desde que se publicó el Miércoles 21 de Enero de 2015 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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