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El totalitarismo y la banalidad

Sobre las consecuencias de los discursos banales sobre la blogsfera e Internet.

Rata banalEn 1955 Philip K. Dick publicó El patrón de Yancy. Inspirado por la figura de Einsenhower, relata la historia de un policía terráqueo enviado a Calisto. En el pequeño satélite de Júpiter hay ya una próspera colonia humana de varias decenas de millones de personas dedicada al comercio y la minería. Los análisis sociológicos de pautas de consumo y comportamientos sociales advierten a las instituciones de la Tierra del desarrollo de un totalitarismo en Calisto, con el consiguiente peligro de guerra en la galaxia.

La presencia del estado tan sólo se hace sentir en controles aeroportuarios, escaners y sistemas biométricos que, leídos hoy, resultan proféticos. Sin embargo, en el satélite, no existen campos de concentración, policía política ni persecución abierta de minorías. Por el contrario hay un sólido sistema de partidos, elecciones, libertad de prensa…

– Pero a pesar de todo eso esta gente vive en una sociedad unipartidista, con una línea de pensamiento única y una ideología oficial. Todos los indicios demuestran que se trata de un estado totalitario, sometido a un cuidadoso control. Son zombis… lo sepan o no.
– Eso me gustaría saber a mi. Habrá algún mecanismo que no entendemos.
– Está todo a la vista. Podemos volver a buscar.
– Debemos de estar buscando lo que no es.

Pronto descubren la potente influencia social de un tal Yancy. Un comunicador con un programa de televisión que resulta la persona más influyente del pequeño satélite. Un líder mediático cuya existencia es desconocida en la Tierra y que sin embargo representa -junto con su esposa y nieto, que tienen programas televisivos complementarios- el modelo social imperante.

Era evidente que John Yancy había pontificado sobre todo. Existía una opinión suya sobre cualquier cosa imaginable. (…) Yancy tenía opiniones muy claras sobre todo… ¿O no eran tan claras? En algunos temas sí. Sobre las cuestiones menores, Yancy se regía por reglas estrictas, máximas específicas extraidas de las ricas reservas de folklores de la humanidad. Pero con los grandes asuntos filosóficos la cosa era diferente.

En realidad la familia Yancy se trata un modelo virtual, sintético. Un Max Headroom digital creado a base de sondeos y análisis de opinión destinado a generar confianza en una figura paterna concreta y controlable por el empresariado local. Empresariado cuyo objetivo es preparar a la población a largo plazo para la guerra. Y por tanto necesita adoctrinarla. Pero no burdamente, no con un mensaje fuerte al estilo de los clásicos totalitarismos del siglo XX:

– Todas las creencias de Yancy son estúpidas. Lo esencial es la vacuidad. Su ideología está diluida en todos los aspectos: nada es excesivo. Tratamos de acercarnos lo máximo posible a la ausencia de creencias… En la medida de lo posible hemos anulado las actitudes y convertido a las personas en apolíticas. Las hemos dejado sin punto de vista.
– En efecto. Aunque con la ilusión de que tienen uno.
– Todos los aspectos de la personalidad deben ser controlados; queremos a la persona entera. Así que ha de existir una actitud concreta para cada pregunta específica. En todos los campos, nuestra norma es: Yancy se decanta por la posibilidad menos problemática. La más superficial. La más sencilla, la que requiere menos esfuerzo, la que no puede llegar lo bastante hondo para inspirar pensamientos de verdad.
– Puntos de vista sólidos, tranquilizadores… pero si introdujéramos alguna idea original, algo que requiriese verdadero esfuerzo para entenderse, algo que costara comprender…

Al leer por primera vez el relato venían a mi cabeza los hitos a través de los cuales el relato de Internet y la blogsfera han ido siendo absorvidos en el más vacuo relato mediático. Desde el más puro estilo Yancy de ciertas blogstars a la frivolidad sistémica de twitter pasando por la obamanía bloguera. Y ahora, el debate desenfocado final: los blogs han muerto, lo que mola son los facebooks y orkuts. De la interesada banalidad del rankismo al más infantil discurso de lo cool: ya no mola, ya pasó la moda.

Y de fondo… de fondo las cosas que importan se desvanecen y los discursos más cínicos, propios de los peores regímenes, no pueden criticarse en nombre de las buenas maneras o la amistad. Sería disonante. ¿Para qué levantar la voz? Sigue la conversación… Eso sí, lo más infame es inevitablemente seguido por el inevitable gesto frívolo disfrazado de modesta confesión mundana: So little to say and so much time.Pero no lo olvidemos, en la obra de Bansky que ilustra este post, es la confesión de una rata.

«El totalitarismo y la banalidad» recibió 0 desde que se publicó el Miércoles 29 de Octubre de 2008 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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