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El universalismo y la cohesión

Un pequeño modelo nos muestra como las concepciones universalistas tienden a fracturar el continuo de conversaciones y son por tanto un peligro para la cohesión social, más aun en la descomposición.

negando-diosesLeyendo a Ester sobre la experiencia de «Mimbrea» y las dificultades para establecer un entorno de conversaciones lo suficientemente solapadas entre si como para permitir un entorno común, pienso que es necesario dar un paso más allá del reconocimiento de las condiciones de la conversación para tener una perspectiva de aquello que une a las conversaciones entre sí. De aquello que permite coserlas en redes más amplias.

Para eso debemos partir de caracterizar a los sujetos por los valores desde los que interactúan, sus perspectivas de lo social. Podríamos dividirlas, para comenzar, en dos.

  1. Aquellas que piensan que la realidad es irreductiblemente diversa y que los sujetos se caracterizan por un juego de valores -llamadlos dioses- que nunca son completamente equiparables a los propios.

    En esta mirada «comprender al otro» completamente sería igual a ser él, tener sus mismos valores, elaborar sus mismas perspectivas. Esto está simplemente fuera de nuestro alcance. Todo lo más podemos hacer algo parecido a la Interpretatio romana: equiparar panteones (juegos de valores), renunciando a una «comprensión total» y abrazando la idea de aproximación, de incompletitud de nuestra comprensión. A esta aproximación la llamaremos postmoderna o politeista.

  2. Aquellas que parten de unidad de lo social y por lo tanto de que todo fenómeno o sujeto puede ser explicado por desde un único principio ordenador, desde un único criterio de verdad que a las finales conforma un único conjunto de valores aceptables. Es decir pretende que el otro es completamente comprensible, pero no según sus propios valores sino por una serie de valores objetivos que vendrían a servir para medirle, para tabularle, explicarle e incluso predecirle.

    Es la mirada típica del cientifismo, el marxismo, etc. pero también de las grandes religiones organizadas; en general podríamos calificarla como la aproximación monoteista: un único principio de verdad -ya sea revelada o aproximable empiricamente- opera, según ellos, para cualquier realidad social. El resultado de esta lógica, según sean sus principios ordenadores, son las distintas formas de universalismo.

Habría que hacer dos aclaraciones antes de seguir:

  1. El politeismo no hace que la realidad sea diversa, solo reconoce que lo es. De hecho, de alguna manera la cose o intenta coserla al menos porque reconoce que el otro, así nunca sea enteramente comprensible, es al menos «aproximable», cognoscible, que al menos podemos entendernos parcialmente a pesar de que nuestros mundos se relaten desde principios de verdad irreductibles entre si. El conjunto social para el politeismo sería un tejido grumoso de nodos-sujetos unido por enlaces más o menos frágiles de contextos solapados entre los relatos. Para el monoteismo en cambio, la realidad social es una sustancia, un hecho único con una única naturaleza que puede expresarse de distintas maneras.
  2. El conflicto entre la mirada politeista y la mirada monoteista no tiene nada que ver con el relativismo cultural. Pensar que el otro nunca es totalmente comprensible no quiere decir que lo demos por bueno o que suspendamos nuestros valores en su presencia, solo reconocer que todo conocimiento desde nuestro conjunto de valores tiene una limitación objetiva a la hora de aproximarse al otro sujeto, que cada sujeto tiene una naturaleza (dioses/valores) distinta

Un modelito sobre la cohesión social y los sistemas de creencias sociales

El problema de ambas miradas es que cuando ambas pretenden «coser» la realidad social, en realidad hablan de cosas opuestas. Para el monoteista, como solo hay una realidad y un conjunto de valores, reunificar el mundo es someterlo al conjunto de valores X. El problema es q el conjunto X no es el mismo para todos los monoteistas. El resultado es que cuando dos cosmovisiones monoteistas, dos universalismos se encuentran, el choque es inevitable: solo la negación mutua de los sujetos en conflicto resta en el horizonte. No hay conversación posible, todo lo más una contención mutua sentida como «temporal» por todas las partes.

Para el politeista en cambio recoser la realidad descompuesta empieza por aceptar la pluralidad de sujetos y valores haciendo un esfuerzo por comprenderlos, comprensión que puede llevar al diálogo (reconocimiento pleno del otro como par) a la conversación (intercambio entre pares no idénticos) o a la segregación (rechazo y eventualmente conflicto).

Ahora hagamos un juego. Imaginemos a los sujetos sobre un espacio plano caracterizados por los contextos y valores desde los que se explican. Cada sujeto sería un nodo que se podría conectar a otros cuando hubiera bases para la conversación.

Intentemos conectar unos con otros. Es claro que los monoteismos no podrían conectarse entre si, por lo que cualquier forma de cohesión social requeriría la centralidad de sujetos politeistas, ya que, en principio al menos hay la posibilidad de que estos solapen parte de sus contextos entre si e incluso, con otros monoteistas.

Resulta intuitivo que para cualquier conjunto social caracterizado por X sujetos monoteistas tiene que haber al menos un número Y de politeistas. Lo cual implica que la cohesión no ocurre necesariamente. Es más, es posible que existan distintas ordenaciones, distintas arquitecturas estables para una red así. Pero también que cuanta más diversidad de monoteistas y menos número de politeistas distintos existan, menos equilibrios posibles existirán.

Moraleja

Imaginemos que partimos de una sociedad homogénea y monoteista. Simplemente no habría red. Solo un nodo. En un momento, tal vez esa etapa que llamábamos postmodernidad, aparecen nuevos sujetos. Si todos o la mayor parte, son politeistas es muy probable que, convulsiones mediante, se forme un tejido, un continuo de conversaciones a través del tejido de contextos solapados.

El peligro de fractura se da cuando se multiplican monoteismos porque para mantener la cohesión harán falta cada vez más puentes entre nodos que aseguren la red, ya que por definición los monoteistas de la periferia de la red no pueden conectarse entre si.

¿Qué aportaría este juego a nuestra visión de de la descomposición? Nos daría una pista muy gráfica de cómo el universalismo funciona como un bombero que riega el fuego con gasolina. «Recoser» el mundo en descomposición ya es bastante difícil desde el reconocimiento de la «verdad» del otro (politeismo), porque en no pocas ocasiones el conflicto entre verdades (los valores o «dioses» de unos y otros, sean politeistas o monoteistas) se hará material y el conflicto se manifestará irremediablemente como un choque entre comunidades.

Pero lo que es claro es que cuantos más monoteismos campen intentando reordenar el mundo desde un único juego de valores, más difícil es que, globalmente todos los nodos, todas las comunidades reales vean interconectadas sus conversaciones de forma más o menos directa y por tanto constituyan un entorno común.

Es más, aun cuando haya cohesión, aun cuando todos hagan parte de un único tejido, cuantos más monoteistas formen parte de él, mayor tenderá a ser la distancia media entre dos nodos cualquiera, entre dos conversaciones cualquiera y más difícil será por tanto que unos y otros se «vean» como parte de ese tejido común.

«El universalismo y la cohesión» recibió 1 desde que se publicó el Sábado 13 de Abril de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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