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Emprende con vistas al mar, todo incluido

Crear una empresa es una cosa muy seria y no se hace ningún favor a los escasos jóvenes que no desean ser funcionarios convirtiendo la creación de empresas en un juego, en una experiencia edulcorada más de la que pueden salir sin dolor en cuanto se cansen.

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Six feet underUno de los momentos más reveladores de la existencia humana tiene lugar en el momento en el que nos damos cuenta de que nuestros padres son humanos, así, como nosotros… Cuando se nos revela que no son entes de un estrato superior, cuando comprendemos que no están ahí para cuidarnos (aunque lo hagan) o que su misión en la Tierra no es hacernos la vida imposible. De pronto caemos en la cuenta de que nuestros padres tuvieron vidas antes de nosotros, y es más, ¡que las siguen teniendo!

Creo que es más o menos en ese momento cuando empiezas a reflexionar sobre la educación de los hijos, reflexión que se hace más profunda cuando la gente de tu edad empieza a reproducirse (no digamos si el que se reproduce eres tú mismo) y empiezas a ver la evolución tanto de tu entorno como de su progenie, las diferencias entre ellos, los cambios en las costumbres -y leyes- educativas y la inevitable comparación con uno mismo en esas épocas tan polémicas llamadas infancia y adolescencia.

La era del diamanteComprendí muchas más cosas cuando leí La era del diamante, obra maestra de la ciencia-ficción que, sigo diciendo desde que la leí, debería ser lectura obligatoria en las escuelas y manual de pedagogos y educadores. En este libro, un ilustre miembro de la sociedad neo-victoriana, impulsada por intrépidos hombres que lucharon, innovaron y trabajaron duro por construir un mundo próspero y completo, observa que los valores que le llevaron a él y a sus contemporáneos a esa época dorada de la historia, se están perdiendo. Y con la pérdida de los valores viene la decadencia.

Decidido a salvar a su nieta del desastre, encarga a un ingeniero la creación de un manual interactivo para educarla en valores, pues el síntoma más evidente que ve el abuelo es que los colegios ya solo sirven para formar a chicos mimados, irresponsables, que esperan que les den todo hecho y sobre todo que esperan que su maravillosa sociedad neo-victoriana se mantenga a sí misma, productiva y espléndida, sin que nadie tenga que hacer esfuerzo alguno.

Cómo recuerda todo esto a nuestro gran tema de la semana, la turistificación de la existencia, en este caso aplicada a la gran palabra de la década: el emprendedurismo.

Estamos hartos de leer, decir, escuchar y afirmar con la cabeza ante la noticia de que sin empresas no hay crecimiento económico, no hay creación de empleo, no se recaudan impuestos, etc. En un país como España, ante la palabra empresa la mayoría piensa en Telefónica, Endesa, BBVA, INDRA, etc. Entones volvemos a afirmar con la cabeza ante la noticia de que la PYME es aún más importante, el verdadero motor de la economía, Telefónica solo hay una pero PYMEs hay miles, etc.

picEl problema es que por lo general en España no se emprende (de emprender, que en teoría significa montar una PYME), parece que va en contra de la cultura local, lo que es cierto, pero también tiene que ver con la turistificación de la existencia. La cultura es un punto importante, se dicen a sí mismos los tecnólogos, pero algo habrá que hacer además de ir a ver la última película de Garci (es lo que tiene el léxico español, que solo confunde). Entonces se decide poner un montón de dinero desde las administraciones y algunas grandes empresas para «impulsar el emprendimiento». Buena idea, si no fuera porque lo que se ha conseguido básicamente es turistificarlo.

No digo que no haya habido buenas iniciativas pero crear una empresa es una cosa muy seria y no se hace ningún favor a los escasos jóvenes que no desean ser funcionarios convirtiendo la creación de empresas en un juego, en una experiencia edulcorada más de la que pueden salir sin dolor en cuanto se cansen, como si de un club deportivo se tratara. Estaría bien aplicarlo a la educación infantil, para meterles un poco de espíritu comercial en el cuerpo, pero no superados los 16 años.

Con esa buena intención, con ese deseo de tirar a nuestros jóvenes más intrépidos a la piscina forrados de flotadores, surgieron políticas como dar subvenciones a «ideas» de negocio pagando buenas sumas a los chicos para que «las desarrollen» y averiguar si son viables como empresa, sin que tengan que preocuparse por nada más mientras se dedican a ello. También surgieron incubadoras como setas, en las que era más importante el diseño de los sofás del vestíbulo a que el edificio estuviera bien situado o que las salas de reuniones no parecieran sacadas de un piso piloto.

department-of-entrepreneurial-educationDespués llegaron los «hubs» para hacer networking mientras se preparan ensaladas ecológicas, y los «nuevos métodos de formación» para emprendedores, donde literalmente juegan a montar empresas, algo parecido a lo que hacíamos en el instituto para sacar dinero para el viaje de fin de curso, pero esta vez con diploma y palmaditas en la espalda.

Suena duro, pero esto de emprender, si va en serio, es como preparase para las Olimpiadas, tiene que doler. El gestionar tu propio negocio, cuando de ello depende tu propio sustento y el de tu familia, no tiene nada que ver con hacer unas prácticas sofisticadas en las que si todo sale mal, vas a seguir comiendo, vistiendo bien y saliendo de vacaciones. La asunción de un riesgo real tiene mucha, mucha importancia.

creditcardsPero las subvenciones de hasta 30.000 euros a «una idea» son la continuación de la mala costumbre de nuestra generación de pasarse tres pueblos con eso de que los niños no sufran y que no les falte de nada. Se ha llegado a que no se les prohíbe, sino que se negocia, a que no se les dice que no porque es una palabra muy negativa (!!!), y a que se les mantiene la paga, adecuada a su edad y a la subida del IPC para que no se desconcentren de sus estudios, que es lo único que tienen que hacer. No se les vaya a ocurrir trabajar para pagar el precio de algo que desean y de paso aprender algo útil.

Quién puede olvidar el comienzo de la ochentera Fama, en el que Debbie Allen soltaba aquel fantástico speech en el que hablaba a sus alumnos de la importancia del aprendizaje, de como este se graba a fuego cuando hay esfuerzo, de que no le importaba de donde vinieran, ni lo importantes que se creyeran (No tengo tiempo para prima donnas), tenían que empezar desde abajo. Si de verdad querían convertirse en bailarines, tenían que empezar a trabajar en serio.

«Queréis la fama, pero la fama cuesta y aquí es donde vais a empezar a pagar… con sudor… si nunca habéis luchado por nada en la vida, preparaos para el primer round».

Sustitúyase «fama» por «cualquier cosa». Es duro decírselo a un niño. Pero cuanto antes sepa la verdad, mejor.

«Emprende con vistas al mar, todo incluido» recibió 4 desde que se publicó el Miércoles 25 de Junio de 2014 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por María Rodríguez.

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