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Emprender no es crear una start-up

¿Por qué lo llaman empresa cuando quieren decir startup? Un nuevo caso de perversión del lenguaje y un grupo de comentaristas indignados. Emprender es «otra cosa».

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DisappointmentHaciendo repaso de feeds, me encuentro con un titular que llama la atención por contradecir la tónica habitual: «Siete razones por las que ser emprendedor no es tan buena idea». Comienza explicando el por qué del artículo: la reciente encuesta que indica que por primera vez en muchos años, los universitarios ya no quieren ser mayoritariamente funcionarios sino emprendedores. El autor lo achaca a que tantos años con la matraca del emprendedurismo ha dados sus frutos, aunque haya sido a fuerza de insistir.

Las «Siete razones» son:

  1. El 80% de las de las startups fracasan el primer año de vida.
  2. De las supervivientes, la mitad fracasa en el segundo año de vida.
  3. El afortunado 10% que sobrevive, tarda un mínimo de 8 años en conseguir un «cierto grado de relevancia».
  4. Si tu empresa pasa una mala racha, nadie te ayudará. Aquí merece la pena añadir la explicación que sigue al enunciado «El ecosistema emprendedor es profundamente darwinista y superficial. Cuando a una nueva empresa parece irle bien, todo el mundo llama a su puerta y los inversores llaman a su puerta. Sin embargo, cuando atraviesa un momento delicado, nadie parece escucharlas. Este comportamiento obedece a la lógica clásica del mercado porque los inversores buscan ganar dinero con tu startup.» (¡que malos!)
  5. Puedes arruinarte hasta perder tu casa. Además de explicar someramente el motivo de la alarma, añade que «frente a la creencia popular de que emprender sale prácticamente gratis» (en qué pueblo será eso…) España es el cuarto país de la UE en el que sale más caro emprender (¡Bienvenido!).
  6. Se trabajan más horas: «Los trabajadores por cuenta ajena trabajan una media de 36,5 horas semanales. Mientras tanto, los trabajadores por cuenta propia lo hacen 45,1 horas» (esto merece un comentario a parte).
  7. España es el país que peor se posiciona de todo nuestro entorno en la UE para abrir un nuevo negocio, según el índice del Banco Mundial. Las razones principales son el tiempo medio para fundar una nueva empresa y el capital necesario para formalizarla (de nuevo, ¡sorpresa!).

Lo que queda claro y resulta molesto desde el principio del artículo es que el autor no está hablando de emprendimiento, si entendemos por esto la creación de una empresa propia o una cooperativa, está hablando de startups, una forma muy particular de creación de empresa, con unas características determinadas.

Es cierto que la moda del emprendedurismo, emprendimiento, entrepreneurship o como se le quiera llamar, que ha ido acompañada desde hace una década por inversiones ingentes de comunidades autónomas, universidades y ayuntamientos en un sobredimensionado y poco eficiente «ecosistema del emprendimiento» (¡¡ningún pueblo sin incubadora!!), ha asociado su marca al startupismo de forma inexorable e irresponsable, por lo que es lógico que si lo llamas empresa cuando quieres decir startup, a nadie le chirríe al leerlo.

¿Qué es una startup?

StartupEs importante decir, que en Estados Unidos, de donde parece que en Europa se copia solo lo malo, no existe esa distinción: cualquier negocio de nueva creación es una startup en sus primeros años. Pero aquí no es así. En España, se considera startup a una empresa en proceso de arranque, de base tecnológica y rápido crecimiento, que presenta ante el mercado un producto innovador y cuyos «clientes» iniciales, por llamarlos de alguna manera, son los fondos de capital en sus distintos formatos: capital semilla, venture capital, business angels o friends & family founds.

¿Por qué sustituyo inversores por clientes? Porque la dinámica es justo esa. Una startup se lanza al mercado sin necesidad de tener capacidad de atender la demanda potencial de su producto, porque en realidad se lanza al mercado de capitales. Con un prototipo (o a veces ni eso) se presenta ante el capital como aquello que podría llegar a ser, en base a eso se hace una valoración y el capital invierte quedándose una parte de la propiedad de algo que vale lo que todos aceptamos que puede llegar a valer. El interés del capitalista es que la empresa aumente su valor y así pueda vender su parte más cara de lo que la compró.

Magazine EntrepreneurEsto no quiere decir que una startup no produzca cosas o provea un servicio determinado, lo que digo es que ese producto o servicio no es lo importante en su modelo o en su naturaleza. Esa dinámica produce que lo importante en una startup sea cuánto vale no qué hace o qué vende. Lo que queda claro es que si yo quiero montar una tienda de cosmética natural, un restaurante, una fábrica de chapas o un food-truck de bocadillos cubanos no tendré una startup.

Ese modelo hace que efectivamente la supervivencia sea muy complicada. Lidiar con inversores, para empezar, ya es muy difícil, sobre todo para alguien sin experiencia profesional que solo ha tenido una buena idea de negocio y que no se da cuenta de que está perdiendo la propiedad y el poder de decisión. Además, como los capitales a invertir son grandes, eso produce que las nuevas empresas se inflen sin necesidad y sobre todo que se preocupen más por aumentar su valor que por mejorar el producto o hacerlo llegar al cliente potencial.

Las ayudas públicas

libro-blanco-emprendimientoCuando el inversor es público, el problema suele ser que no se le da al emprendedor lo que necesita sino lo que según una lógica ajena a la empresa real se supone que necesita, eso sin entrar en la falta de criterio de las administraciones públicas a la hora de evaluar a los destinatarios de ayudas para empresas de nueva creación. Las políticas públicas de apoyo al emprendimiento tienen detrás, sin duda, la mejor de las intenciones: revitalizar el maltrecho tejido productivo que permitiría, entre otras cosas, aumentar la recaudación de impuestos, pero no suelen estar diseñadas con mucha cabeza.

Otro gran problema del apoyo financiero público al emprendimiento es el síndrome Skype:
Skype, fundado en 2003, fue vendido en 2005 a eBay por 5.900 millones de dólares (aunque cuatro años después esta vendió el 70% a Silver Lake Partners por un problema de licencias) y en 2011 se revendió a Microsoft por 8.500 millones. Skype nació en Tallin (Estonia), un país pequeño, bastante irrelevante y lastrado por su antigua pertenencia a la Unión Soviética. Para muchos políticos españoles, Skype se convirtió en la señal divina que estaban esperando y que traía la buena nueva de que se puede tener una empresa millonaria en un lugar que apenas saben localizar en el mapa y sobre todo que no es Silicon Valley. El sueño de todo promotor de incubadoras.

Logo-EmprendedorLo que no entendieron los que compraron ese sueño es que un caso como el de Skype se da una vez cada 100 años (a parte de que son muchos los países irrelevantes compitiendo) y sobre todo que lo que enriquece un país no es una sola empresa millonaria cuyo triunfo además es ser comprada y trasladada a Estados Unidos (bye bye impuestos). Lo que da riqueza a un país es tener tener muchas empresas pequeñas y medianas que se mantengan, unas con mayores beneficios que otras, pero en cualquier caso sin afán de ser compradas por Google.

Y como dice una de las comentaristas del artículo:

Que el artículo haga ver que un proyecto tarda en madurar unos 8 años como algo negativo es como decir que si un negocio no es un pelotazo a los 6 meses mejor no crearlo. La cultura empresarial seria frente a la idea española del pelotazo.

En cuanto a la cuarta razón del artículo, «si tu empresa pasa una mala racha, nadie de ayudará», refiriéndose a los inversores, es sencillamente ridícula. Los inversores suelen ser seres bastante difíciles de soportar cuando eres el creador o desarrollador de un proyecto empresarial y tus fines, si lo que quieres es vivir de hacer lo que te gusta, suelen diferir de los suyos, pero está claro desde el principio que van a rentabilizar su inversión. No son un par y sobre todo no son tu madre, son… un inversor. Nadie puede ser tan ingenuo de esperar que te sigan poniendo dinero cuando tu empresa va mal… aunque a veces lo hacen, por razones que solo ellos saben.

Pequeñas escalas

kano kitEn cuanto a lo de perder tu casa, es verdad que le puede pasar a cualquier empresario, pero en una etapa temprana, de nuevo responde a la lógica de las startups en las que la escala se sobredimensiona. Siendo cierto que en España fundar una empresa es caro (más por la cantidad de gastos fijos que hay que afrontar desde el día uno que por el capital inicial exigido) no tiene por que ser necesario hipotecar tu casa. A día de hoy, la escala óptica de producción, los sistemas de financiación distribuida y el software y hardware libres hacen que las necesidades de capital para una nueva empresa hayan bajado hasta límites nunca conocidos. Si quieres montar un restaurante siempre tendrás que hacer frente a alquileres sangrantes pero hay montones de nuevos negocios de economía directa que pueden llevarse a la práctica con muy poco capital.

Se trabajan más horas

Limonada

Copio otro comentario al artículo (los hay muy buenos):

Por favor, no hay que emprender. Es mejor ser una oveja, dejarte el lomo por un sueldo de risa para que otro cumpla su sueño mientras tienes que aguantar los delirios de grandeza de un “mando intermedio”. Yo soy emprendedor, llevo 5 años y gano bastante menos que si trabajase “de lo mio” en una empresa… Pero no lo cambio por nada. La libertad de crear, desarrollar tus habilidades para sacarte las castañas del fuego tu solito, la satisfacción de ver que a tus clientes les gusta lo que haces y te recomiendan, no tiene precio. ¿Que muchas veces se hace cuesta arriba? Pues sí, pero la motivación para superar las situaciones es mucho mayor, te juegas tu empresa, tu sueño, tu vida y eso hace que saques partes de ti que no sabías ni que tenías. Yo lo recomiendo (aunque admito que no es para todos). Si emprendes en algo que te gusta el termino “trabajar” se convierte en algo muy relativo.

Pues sí. Con todo el respeto a los que eligen trabajar por cuenta ajena, que los hay muy orgullosos y felices, de nuevo este punto responde al desconocimiento y/o a la lógica startupista en la que terminas trabajando para los inversores y no para ti y los tuyos. Es difícil de entender que la diferencia entre tiempo de trabajo y tiempo de ocio se diluya, también que la gente se deje el lomo de forma voluntaria, sin coacción ni presión externa, pero es real: cuando el proyecto es tuyo, te hace feliz y su buena marcha repercute de forma directa en tu comunidad, descubres facultades que no sabías que tenías y las horas pasan volando.

España es el peor país de la UE para emprender

Tío GilitoÚltimo comentario:

A esto añadan lo siguiente: cuando te has matado a trabajar durante una década, y si las cosas al final han salido bien y empiezas a ganar dinero, la sociedad te tilda de rico y los políticos te meten unos sablazos de aúpa, por rico.

Es un poco exabrupto (no olvidemos que es un comentario en un gran medio online) pero no deja de transmitir una gran verdad. Además de las pocas facilidades que da la administración (en Reino Unido, por ejemplo, solo empiezas a pagar impuestos a partir de una facturación determinada) la cultura anti-mercado y anti-empresa en España es la gran desincentivadora de los nuevos negocios. Un negocio normal te permite vivir bien haciendo lo que te gusta y con mayor libertad pero muy pocas veces te permite hacerte rico.

Por favor, no insulten al empresario

Las grandes empresas (que por cierto suelen tener muchos dueños que no conocemos, que por cierto a día de hoy son cada vez más extranjeros) son a menudo rentistas, incompetentes y abusonas. La gente las odia cada vez más y con razón. Pero un pequeño empresario sensato y honesto no quiere abusar, prestar un mal servicio ni vivir de rentas o exenciones. Quiere trabajar, aportar a la sociedad y hacer felices a sus clientes. Además, paga más impuestos que el trabajador asalariado, y está claro que los impuestos son importantes… y cada vez más escasos. Así que por favor, sean amables, que hay un Estado que mantener.

«Emprender no es crear una start-up» recibió 10 desde que se publicó el Miércoles 25 de Mayo de 2016 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por María Rodríguez.

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