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¿En qué consiste la ruptura generacional?

¿Hay fractura generacional? Más bien se está soldando, solo que en esa soldadura muchos están cayendo y aun más caerán en la falla.

15m
Buscando las claves de la ruptura generacional hemos visto en los últimos posts como la nueva generación encara el trabajo, la universidad y el futuro. Todas estas miradas transparentaban cambios sociales y culturales de fondo, pero no elementos de ruptura. Sin embargo, entre los datos que destacamos en el estudio «Qué quieres hacer con tu vida» había dos que nos daban una clave radicalmente nueva: menos de un 30% de los universitarios encuestados pensaba que la mayoría o algunos de los profesores que había tenido le hubiera dejado una huella positiva y solo un 2,7% de los que habían sentido a sus padres como un impulso pensaban sin embargo que les hubieran ayudado a descubrir qué quieren hacer en la vida.

Es decir, la generación entre 20 y 30 años no conectó más que en un plano emocional con la de sus padres y profesores. No heredó los debates ni la memoria del pasado inmediato. Tanto es así que ya ni los jóvenes vascos recuerdan qué era ETA y como afectaba a la cotidianidad. Los padres, confusos en la España de la burbuja y la emergencia de Internet, compensaron la ausencia de sentido que ellos mismos sentían y que por tanto no podían sino transmitir, con una mayor autonomía y acceso al consumo para sus hijos. De modo que a los jóvenes de hoy en España la inculturación les vino más por el consumo, las marcas, la televisión y la socialización escolar -redundante con las anteriores- que por la conversación familiar. Como nos cuenta una de las primeras agencias «milennial» en la revista Cntl es seguramente la primera generación crecida en el «consumismo» y a pesar de la crisis «son muy consumistas aunque en un nuevo estilo de vida».

agencia milenialEste marco es el que determina que no sea de extrañar el muy criticado adanismo quincemista, ni que problemas profundos que afloraron estos años pero que no se sienten de forma personal y directa de forma evidente, como el incremento de la desigualdad, estén ausentes todavía de la mirada que sobre el mundo tienen la mayoría de los jóvenes. La ruptura generacional no se produce ahora, se produjo en algún momento de los noventa y los dos mil en el interior de los hogares, cuando cenas y comidas, charlas y referencias mediáticas de padres e hijos se separaron en dos mundos apenas conectados.

No es una generación «desmemoriada» como se ha dicho en los periódicos españoles, es que su memoria personal no se solapó nunca con la de sus mayores. Por eso, desde el 15M con El País vendiéndoles una interpretación de sí mismos en línea con la mitificación que este medio hacía del tardofranquismo y la Transición, hasta el famoso discurso de Pablo Iglesias en Sol en 2015, la batalla por «los corazones y las mentes» de la nueva generación ha sido la batalla por proyectar hacia atrás su propia memoria. Por eso el nacionalismo ha sido el lenguaje dominante. Si el nacionalismo tiene algo es un arsenal de herramientas para la integración de los recuerdos y sentimientos individuales en un imaginario político.

Estamos viviendo pues una transición interesante. Hemos pasado del incongruente pero televisivo y viralizable «Spanish Revolution» del 15M a un fallido eslógan de «Patria» en Podemos, moderado/explicado después con referencias a «Ocho apellidos catalanes» en contraste aparente con el nunca atractivo del todo «patriotismo constitucional» de C’s. Es decir estamos en una transición inacabada hacia la politización, reinterpretación e imaginación de una memoria generacional que es por motivos obvios, corta.

Por eso, a falta de bases más sólidas y tupidas, el enlace entre identidad personal y colectiva, conformado dentro de los esquemas expresivos de la cultura de la adhesión, hace del sentimiento inmediato y la estética, sustitutivos de una linde ética clara. Por ejemplo, cuando bancos intervenidos muestran hoy un 75% de rechazo de marca, no se está rechazando la nueva gestión, sino que se está expresando la asociación entre la institución y un pasado rechazado. Del mismo modo, los intentos por parte de la prensa conservadora de exponer el uso de privilegios o financiación discutible por los nuevos políticos no erosiona la imagen de estos simplemente porque hablan de un tiempo presente, cuyos protagonistas están por tanto dentro de «lo nuestro», mientras que cualquiera que se haya enriquecido con los negocios o profesionalmente en el «tiempo anterior», el tiempo ajeno de los corruptos y las burbujas, por impoluto que sea, tiene sobre si una sombra, la de «lo viejo». Lo que se denuncia y rechaza es la pertenencia a un tiempo histórico que siempre fue ajeno y que «no ha dejado nada para nosotros».

Esa auto-imaginación de la nueva generación como un Adán post-catastrófico es la que los medios alimentan y la que permite la emergencia de nuevas ideologías o de nuevas tendencias de las viejas ideologías que, aun sabedoras de que existe un pasado, juegan la oportunidad que se les ofrece. Es la cara no generacional del cambio generacional. No es de extrañar que las «viejas feministas» lancen manifiestos para defender su legado de las jóvenes feministas. Lo interesante es que lo hagan desde el «mirad lo que os dejamos», porque el poder responder al «qué quedó para mi» es lo que empieza a determinar la diferencia entre el bien y el mal en el juicio público de la nueva generación.

¿Hay fractura generacional? Más bien se está soldando, solo que en esa soldadura muchos están cayendo y aun más caerán en la falla.

«¿En qué consiste la ruptura generacional?» recibió 9 desde que se publicó el miércoles 11 de mayo de 2016 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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