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Encuentro sobre Democracia Económica: balance personal

El viernes celebramos el Encuentro de emprendedores y empresas sobre Democracia Económica. Fue muy emocionante ver aparecer puntualmente a 38 personas cargadas de ganas e ideas nuevas, de experiencias innovadoras desde los spimes de SomosEne y Gorka al software especializado de Luis Pérez y los proyectos de cooperativa de software libre de Ramón Ramón pasando por el nuevo periódico barrial de los Intrópicos.

Aunque tuvimos que acabar antes de lo previsto en la sala porque el dueño del restaurante hizo un overbooking que no venía al caso, la conversación prosiguió con una inauguración espontánea de la nueva sede indiana en Madrid y disfrutando luego de la primavera en las terrazas (y hubo quienes prosiguieron hasta la mañana).

Los ponentes –Vicente, Julen y Andrés– fueron todo un lujo y personalmente puedo decir que sólo lo aprendido con ellos ya mereció de sobra todo el esfuerzo organizativo.

Y lo mejor: la interacción, los comentarios en las ch,arlas de tantos de los asistentes, las conversaciones en la mesa y en el paseo, el café, las cañas… realmente enriquecedor, de sobra para levantar el ánimo a cualquiera. A todos: gracias.

Todo está grabado en vídeo gracias a Malena y lo colgaremos en la Bitácora de las Indias, pero me gustaria, hoy, como cierre a este balance personal, compartir con vosotros el discurso de Nat que abrió el acto:

El 1 de octubre de 2008 aquellos que habíamos fundado la Sociedad de las Indias Electrónicas en 2002 -Juan, David y yo- firmamos la Carta de las Indias.

Para poder respetar la legislación de sociedades, tenía la forma una Carta otorgada, al estilo de las cartas de derechos que los reyes dieron en su día a los comunes.

El sabor que personalmente me quedó al firmarla fue agridulce.

Nadie puede sentirse bien otorgando a sus iguales sus propios derechos como si estos emanaran de uno mismo.

Haber llegado antes, haber aportado un euro ante el notario, ser formalmente accionista, puede otorgar derechos legales, pero no puede cambiar aquello en lo que creo.

No puede doblar una convicción fundamental: mis compañeros, aquellos con los que aprendo, discuto y trabajo, aquellos con los que llevo años construyendo un denso contexto de ideas, argumentos y valores, son mis iguales.

Casi un mes después de firmar la Carta de Indias, en el día de la Enredadera, firmamos todos, simultáneamente desde Montevideo y Madrid, la Constitución de los Exploradores Electrónicos.

Exploradores Electrónicos es nuestra comunidad, el grupo real de personas que continúa lo que desde 1989 había sido Ciberpunk. No tiene acciones, no tiene participaciones, no ha declarado un patrimonio ni ha ido jamás al notario o a los registros del estado. Jamás se ha votado o elegido nada en su seno. Jamás ha tenido un representante, un portavoz o un cargo.

Tiene un contexto, ha generado significados, creado conocimiento, abierto conversaciones y si me apuran hasta desarrollado una cultura propia. Pero no está formado por empresas. Es aquello a lo que las empresas sirven.

Es importante esta distinción: Exploradores es la comunidad, Las Indias y El Arte de las Cosas son empresas, herramientas que sirven y están supeditadas a los objetivos de esa comunidad y a las necesidades de sus miembros.

Esa comunidad, heredera de casi veinte años de acción y reflexión, está fundada sobre los sencillos principios que abren la Constitución:

“Una persona solamente es libre si es dueña de las bases de su propia subsistencia, cuando no tiene obligación alguna de rendir pleitesía a nadie y puede abandonar su red de un modo efectivo si entiende que ya no atiende a las necesidades de su propia felicidad, felicidad que sólo ella misma puede juzgar.

La posibilidad del acceso a la propiedad por cada uno y el desarrollo general del comercio, son pues las bases económicas de cualquier ciudadanía que no consista en una mera representación. Es a esta sencilla verdad a la que llamamos neovenecianismo.”

Así que la Constitución de nuestra comunidad nos comprometía a ir más lejos: nos emplazaba a organizar empresas que aseguraran nuestra independencia, tanto personal como de grupo.

La Constitución no creaba Exploradores Electrónicos sólo como comunidad. Ya habíamos sido comunidad durante casi 20 años. Nos constituía como filé. Es decir, como una comunidad con un sustento económico propio.

Pero no decía nada de cómo organizarlo, mucho menos de como encajarlo en las formas jurídicas de cada uno de los países en los que trabajamos.

Nosotros somos pluriarquistas: creemos que donde reina la abundancia, como en las comunidades virtuales o los grupos dedicados a generar conocimiento a través del debate o los movimientos de derechos civiles -y todas esas cosas habíamos sido durante veinte años- no cabe votar nada, elegir nada o tener dirigentes de nada. Pueden ser, han de ser, una red distribuida de personas sin más estructura que su interacción: exactamente lo que es Exploradores Electrónicos como comunidad.

Pero una estructura económica, una empresa, es algo distinto. Es el territorio de la escasez: en muchas ocasiones, aunque en menos de las que se piensa, hay que tomar unas decisiones a costa de otras. Hay que elegir y decidir.

Y para elegir y decidir colectivamente sin fabricar artificialmente aún más escasez hay que tener una organización extremadamente, radicalmente democrática.

Teníamos que ir más allá de repartir acciones, más allá incluso de los controles y restricciones a los administradores y socios que imponía la Carta de las Indias.

¿Por qué democracia económica?

Porque nuestras empresas están para servirnos a nosotros y ser útiles a nuestro entorno. No al revés.

¿Por qué dar el salto y convertir nuestras empresas en cooperativas agrupadas en un grupo cooperativo?

Porque es la forma legal que nos permite ser maś democráticos, más transparentes frente a nuestra propia comunidad y más abiertos, porosos y útiles a nuestro entorno, en España, en Uruguay o en Cabo Verde.

¿Por qué plantearnos estas cosas?

Porque si creamos empresas, si alentamos una pequeña economía es para ser más libres nosotros y poder compartir mejor las herramientas y los frutos de la libertad con los demás.
Porque si construimos relaciones sociales y de trabajo que generen significado para todos estaremos construyendo una hermosa comunidad y sobre todo, cada uno, podrá apoyar en su trabajo y en los demás, la construcción de una hermosa vida.

«Encuentro sobre Democracia Económica: balance personal» recibió 0 desde que se publicó el Domingo 22 de Marzo de 2009 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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