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Entrevista a Juan Urrutia en Berria

Una divertida entrevista a nuestro Dogo, Juan Urrutia en el diario Berria en la que repasa su trayectoria y comenta las perspectivas abiertas por la crisis.

Hace unos días el diario Berria publicó una larga y divertida entrevista de Gotzon Hermosilla a Juan Urrutia. La colgamos hoy gracias al escaneado de Beñat Irasuegi (1 y 2) y la traducción de Mikel Zarraga.

https://lasindias.blog/files/2012/07/entrevista_berria_01.pdf https://lasindias.blog/files/2012/07/entrevista_berria_02.pdf

Traducción

Juan Urrutia: En Economía es necesaria la cooperación, pero la competencia, también

El Catedrático de Teoría Económica cree que una generación las va a pasar “bastante mal”pero que la actual crisis abre oportunidades tanto en los ámbitos político y económico europeos como para investigar (rebuscar) nuevas actividades empresariales. Gotzon Hermosilla.

Juan Urrutia (Bilbao, 1944) se tiene a sí mismo como bilbaino hasta las cachas. Como dice, es «del centro (corazón) de Bilbao»; en concreto, de la Calle Colón de Larreategi. Aún así, vive desde hace mucho en Madrid. Allá lo llevó el proyecto para la creación de la Universidad Carlos III, hace muchos años. Economista, profesor universitario, ex-consejero del Gobierno Vasco y , sobre todo, es Urrutia creador, impulsor de abundantes organizaciones, escritor de abundantes libros. Aunque se haya jubilado, sigue con esas cosas.

¿Cómo fue su infancia?

Fui un niño consentido, porque mis padres me tuvieron entrados en edad y, encima, era el más pequeño y único varón. Me aburría a menudo, porque no tenía con quien jugar.

¿Cómo así decidió estudiar economía?

No decidí estudiar ciencias económicas, sino estudiar en la Comercial de Deusto, porque entonces no estaba muy claro que tipo de estudios eran esos. En aquel tiempo, para los alumnos inteligentes había principalmente dos opciones: hacer ingeniería o estudiar en la Comercial. La primera no me atraía. En la segunda enseñaban sobre todo Derecho y Gestión de Empresas. Después de leer libros del ámbito del Marxismo tenía bastante claro que el Derecho era la expresión primordial de la superestructura, y la economía, en cambio, la base de la infraestructura. Por tanto pensé que si aprendía ambas tendría mejores claves para entender el mundo.

¿Y así fue?

Estuve allí desde 1961 hasta 1967 y no creo que aprendí gran cosa ni sobre la superestructura ni sobre la infraestructura. Aprendí una única cosa: disciplina y método de trabajo. Aquello era como hacer crucigramas muy difíciles; solo pedía trabajar mucho. Y si consigues hacerte con la capacidad de trabajar mucho, al menos tienes eso.

Fue a EUA a completar sus estudios. ¿Era imprescindible dar ese paso en aquellos tiempos?

Si se quería aprender algo, yo creo que sí, era necesario. Pedí una beca. Como no me la dieron, decidí casarme y empecé a trabajar en la empresa Tubacex, pero al año siguiente me concedieron la beca. Y, con 24 años y casado, dejé el trabajo y decidí irme a los EUA.

Al volver, comenzó a trabajar en la Universidad de Bilbao, en Sarriko. ¿Cómo recuerda aquella época?

Fue una época muy bonita. Éramos un tropel de profesores, todos habíamos pasado por una juventud un poco apurada (o roja) [equívoco: gorri es rojo (político) o apurado (pasárselas canutas)], y recuerdo que manteníamos discusiones sin fin con quienes tenían otro modo de pensar, para cambiar la facultad y con la voluntad de darle un punto de vista más progresista y demás. Teníamos mucha energía. Empezamos a cambiar las cosas en el Departamento y a traer al nuestro, las costumbres de las universidades del extranjero, por ejemplo, organizando un seminario semanal e invitando a expertos foráneos.

En la Universidad de Bilbao y más tarde en la UPV y en la Universidad Carlos III de Madrid, se ha dedicado durante mucho tiempo a la docencia. ¿Que le ha proporcionado esa actividad?

A menudo se dice que nadie enseña nada y, sin embargo, algunos aprenden algo, sin que sepamos cómo. Creo que siempre he tenido un estilo teatral de dar clase y, gracias a eso, conseguía atraer la atención de los alumnos. Comenzaba la clase comentando una noticia del periódico, o citando el teorema de Godel, aunque no tuviera mucho que ver con el tema. Y con eso, conseguía despertar a los alumnos de por sí inteligentes.

Está retirado de dar clase. ¿Las echa de menos?

A veces sí. Pero, por otro lado, es cierto que la docencia es muy fatigante. Para desempeñarla es necesario ser joven y estar lleno de ilusión. Explicar las cosas pormenorizadamente, con un Power Point, fijándose en el aspecto práctico, al modo que pide Bolonia y todo eso, no es mi método. Yo me lo pasaba muy bien andando arriba y abajo en el aula, escribiendo en la pizarra y demás. Por ese lado tuve suerte porque me llegó la jubilación cuando comenzó a cambiar el modo que en que a mi me gustaba enseñar.

¿Qué opinión tiene sobre el proceso Bolonia?

Creo que hasta llegar Bolonia, la universidad en España tuvo una mejora tremenda. Por así decir, en Economía hizo un salto cualitativo, pero en otros departamentos también. En gran medida porque se ampliaron mucho los medios. Esa mejora se produjo, sobre todo, de 1982 en adelante, tras la llegada de [José María] Maravall al Ministerio de Educación y Ciencia. Cuando llegó Bolonia yo ya no estaba en la docencia, pero seguro que, de haber seguido, me hubiera aburrido en esa nueva era. No porque me parezca mal; en general el sistema Bolonia me parece que es bueno. Pero a mi me gustaba esa imagen romántica que rompía un poco la relación priorizada entre la universidad y la empresa.

¿Cómo se enteró de que Carlos Garaikoetxea le quería nombrar Consejero de educación, Universidades e Investigación

Me llamó por teléfono Mario Fernández y me dijo que Garaikoetxea quería hablar conmigo. Le pregunté que para qué y me respondió que quería ofrecerme ser responsable del departamento. Fui a hablar con el lehendakari y le expresé mi preocupación: yo no sabía euskera. Si entre las responsabilidades del departamento estaba la educación preuniversitaria, esto es, las ikastolas y demás, le expliqué claramente que en esa situación me sentiría avergonzado e incómodo. Supliqué a Garaikoetxea que, por favor, si me hiciera cargo del departamento eliminara ese área educativa de entre mis responsabilidades. No tuve mucho éxito.

Y, al final, asumió la responsabilidad.

Estuve muy poco tiempo, unos pocos meses, por razones que son conocidas [las desavenencias entre el PNV y Garaikoetxea y la posterior escisión del PNV] aquel gobierno duró poco. De todos modos tengo muy buenos recuerdos de aquella época, porque vino a sumarse al ánimo constructivo que tenía en la universidad. Antes fui Decano de la Facultad de Economía y Ciencias Empresariales de la UPV y en esa responsabilidad también impulsé esos deseos de crear organizaciones.

¿Qué balance hace de la temporada que pasó en el departamento?

Traté de impulsar el Consejo Social de las universidades, me peleé con Mario Fernández para conseguir más medios para la universidad y, sobre todo, aprendí que el País Vasco no se acaba en el Pagasarri. Recuerdo una ocasión en la que tuve que desplazarme a Ataun (Guipúzcoa) para un acto en homenaje a Barandiaran: un acto de siete horas exclusivamente en euskera. Y yo, por supuesto, sin entender ni jota.Inaxio Oliveri se reía con ganas. Me vino bien ver que aunque en mi entorno el euskera estuviera casi desaparecido era una realidad en otros lugares del País Vasco.

Viendo los libros que ha publicado y los artículos que escribe en su blog, resulta llamativa la multiplicidad de sus intereses. Trata sobre todo de Economía, pero el punto de vista filosófico o la preocupación acerca de las nuevas tecnologías nunca están distantes.

Creo que es consecuencia de los genes. De los genes y de los libros que he leído. Por supuesto , he pasado más horas leyendo libros de economía, pero es cierto que la diversidad siempre ha sido una de mis características, y me gusta mirar a la economía con otras gafas. Sostener siempre los mismos esquemas trae la inercia, y la inercia nunca es buena. Enfrentarse (hacerle la contra) a la inercia además de beneficiar el propio recorrido personal, también es divertido.

Eso es muy evidente en su blog.

El blog es el resultado de esta última etapa de mi vida. Le dedico muchas horas y me siento cómodo en ello, porque puedo escribir sobre cualquier tema que desee. Al igual que lo pasaba muy bien dando clase también me lo paso muy bien escribiendo para el blog.

La crisis económica actual, ¿ha llegado para quedarse?

No creo. Otra cosa es si volveremos a ser como lo fuimos antes. Es muy interesante aclarar cuál será el paisaje después de la batalla. No tenemos suficientes datos para decir si Europa mejorará o se desintegrará. Por tanto, hay que arriesgarse. Y yo, corriendo ese riesgo, digo que prosperará.

¿Qué quiere decir eso?

Una generación, los menores de cuarenta años, lo van a pasar bastante mal. Pero esta crisis va a dejar otros cadáveres en ese paisaje tras la batalla. Por ejemplo, el modo de ser de las empresas va a cambiar. No creo que sea a imagen del mundo de Mondragón, pero el cooperativismo se va a fortalecer. La universidad también cambiará. Europa misma tiene una oportunidad de oro para recuperar la idea del confederalismo. Volveremos a lo local, pero, al tiempo, todos esos ámbitos locales estarán interconectados de un modo u otro. Las esperanzas de algunos se rebajarán, en el buen sentido, ya que no creo que para ser feliz sea necesario viajar a los fiordos de Noruega cada tres años.

Así que cree que la crisis puede traer cambios positivos.

Completamente. Soy optimista. En esta crisis hemos perdido cinco años. Con eso quiero decir que Europa tiene el mismo PIB de hace cinco años. Por contra, en la 2ª Guerra Mundial, fijándonos en el PIB, se perdieron más de 280 años, dejando aparte ocho millones de muertos. Y para el comienzo de la década de 1950 ya se había recuperado.

Los grupos surgidos a raíz de la crisis a menudo han expresado que otro mundo es posible. ¿Cree que es así o es el capitalismo de mercado la única alternativa?

El 15-M y los movimientos semejantes me traen a la memoria al movimiento de mayo de 1968. Creo que en economía hay algunas alternativas que de manejarse bien nos pueden acercar a la utopía marxista, en la que el ser humano, para poder vivir, trabajaría un rato a la mañana y a la tarde se dedicaría a leer poesía. de todos modos creo que la competencia es necesaria. La cooperación es necesaria, pero la competencia también, y las cooperativas también han de competir entre sí. Pero hay que entender la competencia de otro modo.

¿Cómo?

También en el fútbol hay que competir. Pero no es necesario ganar todos los partidos, hundir a todos los adversarios, ganarlo todo hasta volverse monopolista. Además, ¿para qué? La competición es más divertida cuando mucho grupos tienen la posibilidad de resultar vencedores. Ustedes trabajan en un periódico. ¿No es más divertido que haya muchos periódicos en vez de uno solo monopolizándolo todo? Sin competición no hay cooperación.

Ha escrito un libro titulado «El capitalismo que viene». ¿Es ese el capitalismo que viene?

Ese libro está escrito antes de la quiebra de Lehman Brothers y la crisis subsiguiente. Alguien me dijo que yo buscaba llegar al paraíso comunista por medio del capitalismo. Eso tiene algo de cierto, y, además, creo que es la única vía.

«Entrevista a Juan Urrutia en Berria» recibió 0 desde que se publicó el Jueves 19 de Julio de 2012 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por las Indias.

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