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Fraternidad, subversión, cerdos y espárragos

Libertad y felicidad, minimalismo y Fraternidad comunitaria. Los epicúreos hablan en verdad como parte de un esfuerzo para vivir verdaderamente. De su impulso nos quedó el utilitarismo pero también el bonito símbolo comunitarista que fue la primera comida ultracongelada.

EpicuroSi hay una doctrina subversiva en el origen mismo del pensamiento occidental es la de los epicúreos. La misma biografía de Epicuro de Diógenes Laercio dedica su primera parte a recoger buena parte de las barbaridades e infamias de diverso tipo que durante los primeros siglos se inventaron sobre su autor. Aunque después las niega tajantemente, las recoge primero, haciendo un tirabuzón cuyo único objetivo es dañar su memoria. De hecho, son pocos los textos que nos quedan hoy de este movimiento. Del propio Epicuro tres cartas, algunas máximas, unos cuantos fragmentos aislados entre sí, unas cuantas citas en las obras de sus discípulos y los comentarios de Séneca y Cicerón. Y sobre todo, esa hermosura que es el «Rerum Natura» de Lucrecio, un largo poema explicando los fundamentos del epicureísmo.

El caso es que entre las resistencias de influyentes contemporáneos durante seiscientos años y la fobia del cristianismo durante casi dos mil más, todavía hoy, para muchos, la palabra «epicúreo» se asocia a excesos y lujos cuando en realidad vivían una vida minimalista que simplemente se negaba a predicar el ascetismo. Pero ¿por qué tanta inquina? ¿Qué eran los epicúreos?

El relato epicúreo

Como vimos en una entrega anterior, la respuesta de Arístipo a la muerte de Sócrates consiste en levantar las bases de una ética utilitarista. Epicuro y sus seguidores construirán desde ella toda una visión del mundo que podríamos resumir en tres ejes: materialismo en su mirada sobre la Naturaleza, búsqueda de la felicidad en su ética y fraternidad en su mirada sobre la comunidad, única estructura social que les fue interesante.

Medita sobre la muerteDurante siglos serán los principales defensores de la teoría atómica heredada de Demócrito, aunque liberándola del rígido determinismo de su creador original. Epicuro introduce por primera vez el papel del azar tanto en la Naturaleza como en la sociedad. Ese materialismo sin destinos finales ni grandes «resultados necesarios» será su gran diferencia con los estoicos. Para los epicúreos la necesidad (causalidad) se equilibra con la negación de la fatalidad introducida por el azar y la espontaneidad en la misma Naturaleza. Esta triada natural -necesidad, azar, espontaneidad- fundamentará para ellos la libertad humana en la sociedad. El epicúreo se considerará mucho más autónomo que el estoico porque simplemente pensará que tiene mucha más influencia en su entorno real. Su serenidad, su ataraxia, no precisa tanta separación ni pide renuncias como la estoica, es sencillamente el producto de un conjunto equilibrado de buenas elecciones que permitían disfrutar la vida, el conocimiento y los pequeños placeres cotidianos -desde comtemplar a comer- sin culpa ni tormentos.

¿Y era para tanto? ¿Solo por eso los epicúreos serán pintados como unos juerguistas dados al exceso continuo? No. De hecho, la ética epicúrea era una ética minimalista, una estrategia prudente de búsqueda del placer -fundamentalmente intelectual aunque sin rechazar ni mucho menos reprobar el disfrute de los sentidos- que rechaza el exceso y aun admite que cabe intercambiar «dolor» presente por mayores placeres futuros. Seguramente hoy todo esto le resultará familiar a cualquiera que haya estudiado un curso de introducción a la Economía: la ética epicúrea, sus aritméticas de atracciones y aversiones donde el placer suma y el dolor resta, no se diferencia demasiado de la lógica de la función de utilidad nacida del benthamismo. Y no olvidemos que economistas católicos tan ilustres como Pareto, primer inspirador del fascismo en economía, dedicaron su vida a intentar «extirpar» el utilitarismo del análisis económico.

cerditoepicureoUna tarea que los padres de la Iglesia ya habían emprendido contra Epicuro, recurriendo incluso al Antiguo Testamento para denostar al cerdo -mascota favorita de los epicúreos- y presentándolo como «animal sucio esclavo de sus instintos». La asociación de valores era obvia e ignoraba justo todo aquello que los epicúreos valoraban en el animal: los lazos afectivos como base de su pequeña estructura social, su vivir «hacia dentro», su pasión por el juego y la interacción… y su utilidad alimentaria, claro.

Pero en realidad caricaturizar la ética epicúrea solo era una forma hipócrita de atacar lo que de verdad se consideraba más subversivo.

Y eso tampoco era su ateísmo, aunque Internet siga llena de los argumentos de Epicuro contra la existencia de un Dios omnipotente y bueno y sea difícil de olvidar la contundencia de su denuncia contra los «píos» profesionales:

Es impío no el que suprime a los Dioses, sino el que los conforma a las opiniones de los mortales.

Lo realmente subversivo y odiado es su amor por la fraternidad. El mayor ámbito de soberanía personal reclamado por los epicúreos, siguiendo la metáfora de su concepción de la materia, les llevaba a pensarse más nodos que átomos y a centrarse en la construcción de comunidades que no solo eran de conversación y conocimiento, sino de celebración. De este modo, los epicúreos llegarán a la amistad/fraternidad como origen de todo vínculo social significativo

No tenemos tanta necesidad de la ayuda de los amigos, como necesitamos que nos haga falta su ayuda

y a la vez como resultado del verdadero aprender:

De todas las cosas que nos ofrece la sabiduría, la mayor es poder ganar la amistad

La fraternidad será el aglutinante principal de sus comunidades y por lo mismo de un apoliticismo no solo teórico sino real, molesto incluso para los teóricamente apolíticos estoicos, y no digamos a Cicerón, que aunque formado por un maestro epicúreo y simpatizante de la corriente hizo de la turbulenta política de los años finales de la República su vida y su carrera. Pero como dice Filodemo:

Si se quisiera indagar qué es lo más opuesto a la amistad y la más fecunda de las aversiones, veríamos sencillamente que se trata de la política

Como los mitraicos, a los que parece ser que influyeron aunque en menor medida que los estoicos, los epicúreos parecen intuir el número de Dunbar. No solo predican el apoliticismo, sino que dividen sus comunidades para no ser tantos que no pueda disfrutarse de una fraternidad que en la práctica parece ser tan importante como la libertad para la búsqueda de la felicidad.

Esa supeditación de lo externo, de lo público a la lógica comunitaria, se materializa bien en el que seguramente es el legado menos conocido de los epicúreos latinos: la comida congelada.

La invención de los ultracongelados

Los grupos epicúreos hacían banquetes regulares. Se trataba de unir conversación y disfrute regularmente en un pequeño orden que hoy haría las delicias de los ateos 2.0. Uno de los platos estrella de aquellos banquetes eran los espárragos, un bonito símbolo minimalista por su sencillez y exquisitez, pero también del triunfo de la espontaneidad natural frente al esfuerzo como mérito en sí mismo exaltado por los estoicos. El problema es que los espárragos son productos de temporada y los ágapes epicúreos se distribuían a lo largo de todo el año.

¿Qué hacer? Mientras las guerras civiles que acabarían con el triunfo de Augusto y el fin de la República desangraban a Roma y el imperio, los epicúreos de toda la península itálica crearon una gigantesca red logística ajena a las batallas por el poder. No llevaban armas ni mensajes, no interferían con las facciones en conflicto. Solo transportaban espárragos frescos a los Alpes, donde los guardaban en profundos agujeros excavados en la roca y cubiertos de hielo. El estado podía hundirse que los epicúreos no iban a tomar parte en sus batallas, pero los espárragos frescos no faltarían en sus cenáculos.

Difícilmente puede encontrarse un ejemplo más radical e insolente de comunitarismo. Pero es que los epicúreos habían probado una droga que los estoicos casi desconocían: si la parresia, el hablar en verdad, era el corazón de la vida filosófica desde Sócrates, vivirla en la fraternidad de la comunidad era algo aun más potente. Los epicúreos hablan en verdad como parte de un esfuerzo consciente por «vivir verdaderamente».

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