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Eroski, Juan Pablo II, la fraternidad y el capitalismo que viene

El paso de Eroski a cooperativa es una noticia histórica, un gran paso para la democracia económica. No viene sola, el que la habitual frivolidad conceptual anglo apunte a convertirla en moda consultora, sería ya una señal por si misma. Que visiones filosófico-económicas como las de El capitalismo que viene aparezcan como centrales en el debate sobre el futuro del sistema económico, no es algo menor.

Pertenezco a una generación que creció políticamente con la idea de que el desarrollo del mercado impulsaba las libertades políticas en una especie de círculo virtuoso -concepto de moda en la época- que acabaría generando democracia tanto como desarrollo. Los modelos, obviamente eran Corea del Sur y Taiwan.

No ha sido verdad. El modelo económico aparentemente triunfador tras la caída del muro de Berlín ha sido el capitalismo autoritario. Su modelo: China.

Pero políticamente autoritario o democrático, el sistema falla. Falla por su institución menos cuestionada: la empresa. Las nuevas tecnologías distribuidas imponían nuevas formas de organización social. Y con ellas, como ya defendíamos hace un lustro, aparecía un problema fundamental en la organización de la empresa capitalista que se manifestaba con crudeza en las primeras batallas de la sociedad red, cuando los hackers empezaron a sacar ventaja a aquello que constituía la justificación central del control de la investigación por la gran empresa jerárquica y el estado:

¿Cómo podía haber llegado a pasar? ¿Cómo quince años antes de caer el muro de Berlín pudo escapársele al sistema burocratico científico más paranoide de la Historia algo tan importante como la posibilidad del cifrado asimétrico seguro? ¿Cómo pudieron colárseles unos cuantos hippies y desmontar el poder de las hasta entonces todopoderosas agencias? ¿Cómo se le escapó a la IBM?. Lo que había pasado, era sólo un anuncio del mundo por venir. La respuesta es sencilla: la lógica del sistema de incentivos. Como diría cualquier economista, simplemente los incentivos que el viejo sistema cerrado podía producir no se alineaban con los nuevos objetivos a conseguir. Era cuestión de tiempo que apareciera un Diffie.

Las irónicas Leyes de Parkinson, una humorada del Economist de los 50 contra el Civil Service británico resultan mero cinismo, es decir realistas y amargas, hoy en cualquier gran empresa privada. Y si era costoso antes de la crisis, con crisis es claramente insostenible.

Al fin, las dos principales vías de agua estructurales del sistema, son la misma. Toda reestructuración del sistema de incentivos acaba modificando la estructura de propiedad. En principio y drásticamente, la propiedad intelectual, un lastre inaceptable y contraproducente a la innovación y el bricolage permanente.

Ahora, y la noticia sobre Eroski con la que abría este post, es claramente un avance de lo que viene, se replantea la relación entre stockholders y shareholders. La empresa ha de crear valor… pero no sólo para el accionista, sino para el entorno y sobre todo el entorno interno. No como algo marginal, como la RSC, sino como algo central. La empresa ha de ser valiosa para la vida de los que trabajan, conviven y comercian con ella. Y ese valor es ante todo valor derivado de un modo de vida y no tanto de bonuses e incentivos.

El nunca suficientemente comprendido Juan Pablo II dijo una vez que si el siglo XIX fue el siglo de la libertad y el XX el de igualdad, el XXI sería el de la fraternidad. Y fue precisamente Juan Urrutia en El capitalismo que viene quién analizó por qué. La fraternidad, qué es la base, más allá de libertad e igualdad, de la democracia económica aporta precisamente aquello que las organizaciones empresariales precisan para sobrevivir en un mercado global en crisis y condenado además a vivir arrebatado por el cambio:

La idea de Fraternidad me ha llevado a distinguir distintas nociones de la misma, nociones éstas que, para recordatorio y facilidad de referencia, se ordenan en el cuadro adjunto en el que se ha añadido además la noción de “solidaridad humana”.

NOMBRE RELACIÓN CON EL FUNCIONAMIENTO DEL MERCADO
1. Aseguramiento mutuo Lo proporciona el mercado
2. Confianza mutua Ahorra recursos para solucionar ineficiencias del mercado
3. Reconocimiento mutuo Permite alcanzar asignaciones inalcanzables en su ausencia
4. Gusto por estar juntos Facilita existencia de equilibrio
5. Solidaridad humana Alivia inequidades del mercado
6. Igualdad de oportunidades Alivia inequidades del mercado

Y como remarca Urrutia:

La solidaridad humana y la igualdad de oportunidades tienen en común que inciden en la propiedad individual. Ambas exigen, en efecto, que se reasigne la propiedad

O al menos que se redefina desde los procesos mismos de gestión… y como vemos no se trata ya de una admonición moral, sino de algo por lo que las propias empresas están cada vez más dispuestas a pagar. Enseñar, preparar y organizar la democracia económica como camino y como experiencia, será la mercancía estrella de los próximos años.

Por cierto, que si lo unen a la irremediable transnacionalización de las empresas, verán que el camino de la fraternidad, confluye con eso que llamamos neovenecianismo.

«Eroski, Juan Pablo II, la fraternidad y el capitalismo que viene» recibió 0 desde que se publicó el lunes 19 de enero de 2009 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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