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euroregionesDesde la pugna entre epicúreos y aristotélicos hay dos maneras opuestas de entender la fraternidad que corresponden a dos maneras opuestas de definir la identidad: la de la comunidad real y la de la comunidad imaginada. Ambas conviven en nuestra realidad con distintos efectos.

Juan Urrutia ha trabajado sobre ambas: desde la idea aristotélica construyó una teoría de la individuación que descubre cómo los lazos identitarios de las comunidades imaginadas producen inevitablemente rentas; por ejemplo, si la ONCE solo contrata directivos ciegos y empresas proveedoras formadas por ciegos, seguramente sus directivos obtengan en la ONCE mejores ingresos que si compitieran en «mercado abierto» y los empresarios ciegos más ventas. Es decir, tanto directivos de la ONCE como empresarios tendrán una renta al margen de la competencia. Claro, que esas rentas no serán gratis para la organización ni para el tejido empresarial de los invidentes, que cargarán con mayores ineficiencias porque en vez de contar con los mejores directivos y proveedores que podían pagar han optado por reducir las opciones entre las que podían elegir a aquellas que participaban de su identidad.

Por otro lado, desde una perspectiva «fraternal epicúrea», de comunidad real, Juan ha incorporado la tendencia a la reducción de las escalas óptimas para mostrar como esa reducción de óptimos afecta también al estado y defender un confederalismo de nuevo tipo que se hace posible por la disipación de rentas en mercados «aplanados» y competitivos en el límite. Mercados que hoy estarían sostenidos sobre todo por la incipiente pero turbadora economía directa y su inevitable compañera, la globalización de los pequeños.

Ahora unamos las consecuencias de ambos modelos. Tendríamos un tejido económico eficiente y de pequeña escala que haría viables «pequeños estados» confederados sobre la base de un mercado único compartido. Pero tendríamos una administración compleja, sofisticada, como lo son todas en Europa en estos días, seleccionando a sus cuadros y proveedores no en el mercado global sino exclusivamente en el local. Es decir, generando rentas para las empresas locales y para sus propios cuadros políticos y gerenciales… a costa de la eficiencia, la innovación permanente y la productividad creciente que impulsa la disipación de rentas. Resultado: si están en competencia con unidades mayores (digamos, los viejos estados), la competencia favorecerá sistemáticamente a los grandes. ¿Por qué? Porque aunque apliquen la misma lógica identitaria en la selección de directivos y proveedores, sus ineficiencias tenderán como media a ser menores porque su competencia interna es mayor por pura dimensión de mercado. Vamos, es más fácil que la media de calidad de proveedores y directivos alemanes sea mayor que la de holandeses para el universo de demandas de un pequeño estado simplemente porque la competencia entre alemanes es mayor para la media de los puestos, mercancías y servicios que la que existe entre holandeses.

Es más, cuanto mayor sea la diferencia entre grandes y pequeños, si aplica el principio identitario en la selección de directivos y proveedores, mayor tenderá a ser la diferencia de eficiencia y menos viable será en términos relativos la unidad administrativa menor. Por tanto, el debate sobre la «viabilidad» de nuevas unidades estatales en el espacio europeo no es un debate sobre «dimensiones» sino sobre eficiencias: cuanto menos identitaria sea la definición de una unidad estatal, más pequeña podrá ser sin temer por su viabilidad.

Conclusión: a día de hoy la crisis de las escalas erosiona no solo a las grandes empresas, sino también a los grandes estados. Y de hecho, una Europa confederal, basada en unidades mucho más pequeñas que los grandes «estados nación» que lideran hoy la UE es más que viable… a condición de que dejen de ser estados nacionales y renuncien a elegir cuadros y proveedores bajo el principio de nacionalidad. Es hora, incluso para los grandes estados, de cortar con una lógica identitaria que algunos exacerban hasta la xenofobia, y ganar la innovación y la competitividad que la diversidad generan: no ya solo como algo puntual, sino como parte de un modo de vida.

«¿Es la identidad un límite a la reducción del tamaño de los estados?» recibió 10 desde que se publicó el Jueves 6 de Noviembre de 2014 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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