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¿Es más difícil innovar en democracia?

Las organizaciones democráticas que no articulan una conversación más amplia que la de la gestión cotidiana están condenadas a ser aun más conservadoras que las empresas tradicionales.

mundo-reticularMañana comenzaremos la formalización de nuestra entrada en ner group, es el resultado de meses de conversación y trabajo juntos en Fondaki-SIP-ner. El balance no puede ser más positivo y lo aprendido a pesar del poco tiempo pasado no es poco. Para los indianos, que hacemos la comercialización de Fondaki, supone trabajar por primera vez con un perfil de cliente distinto al que habíamos tenido hasta ahora. Empresas más pequeñas si, pero sobre todo más democráticas. Eso es estupendo desde luego, es lo que encaja con nuestros valores, pero… obliga a cambiar el relato sobre la innovación y el sentido de nuestro trabajo a la hora de vender. ¿Por qué?

  1. En una empresa democrática las decisiones son compartidas y explicadas entre muchos, cuando no entre todos.
  2. Si en una empresa tradicional puedes trabajar más o menos un contexto con los decisores, en una empresa democrática no hay tiempo para transmitir y discutir contextos con todos, por eso…
  3. …las decisiones se basan en relatos claros tipo acción-efecto (sobre la cuenta de resultados).

El resultado es que:

  1. No hay lugar para la seducción contextual que abre al otro a corazonadas porque
  2. la oportunidad de apostar por un beneficio no calculable en el minuto cero y el «coste de la innacción o el desconocimiento» se hacen difíciles de transmitir lo que hace que a las finales…
  3. …los intangibles no tengan apoyo desde el que contarse o simplemente se asocien a riesgos que más que riesgos son incertidumbres (osea, ni siquiera puede asociárseles una probabilidad ex ante con la que medir la eficiencia del gasto).

Está claro que en ese marco solo es fácilmente transmisible la «innovación planificada», esa que tanto gustaba a los viejos capitanes de industria y que no tiene nada de innovación en absoluto. Otra forma de incorporar la innovación, como la que ha seguido MCC es separarla en organismos y procesos propios. Aunque mi impresión es que eso es como hacer un tunel para aligerar el tráfico: puedes avanzar facilmente un tramo más pero a la salida del tunel -es decir, cuando toca vender lo nuevo a las cooperativas y el entorno- los coches se encontrarán con el semáforo de siempre, simplemente habremos conseguido sitio para más en el atasco.

¿Y entonces?

Los indianos y en general los que llevamos décadas diseñando y vendiendo innovación estamos acostumbrados a una cierta esquizofrenía: el conocimiento se desarrolla de forma abierta, en conversación dentro y con un entorno que no son nuestros clientes. Luego eso se destila en productos y los productos se venden a pequeños grupos de decisores que no han tomado parte en el debate. Los productos nos «expresan», expresan ese conocimiento, pero en realidad solo lo transmiten cuando se desarrollan o ponen en marcha en el cliente.

En democracia las cosas son distintas, de hecho son justamente lo contrario: si no incorporamos a las personas que hacen las organizaciones a las preocupaciones antes de ofrecer respuestas a ellas, no habrá modo de entiendan la pertinencia de las propuestas y los productos. Da igual que estemos hablando de hacer inteligencia comercial o de usar software libre en servidores propios en vez de depender de un servidor externo. Visto de otro modo, las organizaciones democráticas que no articulan una conversación más amplia que la de la gestión cotidiana están condenadas a ser aun más conservadoras que las empresas tradicionales.

En realidad no necesitamos vender de manera distinta: el entusiasmo, la existencia de sentido, es captada por los compañeros que nos escuchan. Pero no podemos pedirles que lo transmitan cuando no responden a las preguntas que se están haciendo en el café, las comidas o las asambleas. Lo que tenemos es que invitar a los demás a los cuestionamientos, a ver su proyecto como parte del cuadro mucho más amplio de un mundo en cambio social, tecnológico y geopolítico del que son protagonistas.

Por eso lo más importante que hemos hecho hasta ahora es «Resiliencia!». Su efecto, abriendo y dando alas a las conversaciones internas en cada proyecto-comunidad nos marca el camino a seguir.

«¿Es más difícil innovar en democracia?» recibió 0 desde que se publicó el martes 19 de febrero de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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