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¿Es posible la renovación de la socialdemocracia?

El socialismo de los países mediterráneos tiene problemas de fondo para ofrecer una alternativa creíble a la derecha. El fundamental, la ausencia de soberanía económica en la zona euro y el ocaso de la «identity politics» en un momento en el que la desigualdad y el desempleo no permiten ya escamotear la importancia de las políticas económicas.

Ahora que Hamon se desploma en las encuestas francesas, que el socialismo italiano se consume en su propia salsa y que comienza oficialmente la campaña interna del PSOE, parece el momento apropiado para preguntarse por qué el socialismo mediterráneo no hace una sola propuesta macroeconómica propia. Porque por mucho que intenten convencer al electorado de que quieren ser la alternativa a la derecha parece que lo van a tener difícil si no hacen una apuesta de calado similar a la que en su día representó la traducción política del keynesianismo. ¿Qué es lo que hace tan difícil la renovación del discurso socialista europeo?

Los problemas de fondo

  1. Carencia de espacios de soberanía. No hay espacio para políticas macroeconómicas en la zona euro. La crisis mostró bien a las claras cómo la pérdida de la soberanía monetaria conduce a la pérdida de soberanía fiscal. Porque lo que hace soberano a un estado es, en primer lugar, decidir cuánto gasta, es decir qué porcentaje de la producción será determinada por decisiones políticas y qué parte se dejará al mercado. Cuando eso no ocurre, bien puede pasar que la producción quede por debajo de la potencial y se produzca desempleo. Y en cualquier caso limitaría el poder del gobierno al mismo ámbito que el que tiene una comunidad autónoma: decidir en qué se gasta una cantidad que viene dada por una decisión externa. Desde el punto de vista político, no gobernar la economía significa que solo cabe marcar la diferencia en las formas de gestión y en el gobierno de las costumbres.
  2. El diseño actual del euro imposibilita que derecha e izquierda ofrezcan políticas macroeconómicas diferenciadas
  3. El gobierno de las costumbres no basta para definir a la izquierda como alternativa. Esa fue la apuesta de la izquierda postmoderna y esa fue la tumba como candidata de Hillary Clinton. Aunque se tomaran en serio cortar las rentas a los oligopolios, aunque se cambiaran las reglas de gobierno corporativo, aunque se apostara al máximo por el desarrollo de las libertades civiles y aunque todo ello se vistiera de «identity politics»… al final está el mismo viejo problema de siempre: el desempleo, la relación capital-trabajo y la multiplicación de la desigualdad son ingobernables cuando no existe soberanía económica. Una cosa no sirve para escamotear la otra y las políticas sociales son, por naturaleza, paliativas. Lo que la política macroeconómica no da, la social no lo presta.
  4. No es la política social sino la macroeconómica la que puede enfrentar paro y desigualdad

Las falsas ventanas de oportunidad

  1. Jugar en el límite. Es lo que está haciendo el gobierno de Costa en Portugal… y Rajoy en España. En la versión española consiste en mentir «un poquito» en las cifras de crecimiento esperado para aumentar el gasto fiscal sin dejar de declararse creyentes en la «ortodoxia de la austeridad». El resultado de tan ingeniosa ocurrencia: un crecimiento insuficiente. La diferencia que aporta Costa es que deja claro que la teoría de la austeridad, en realidad, nunca la creyó nadie. En vez de hacerlo como una «picardía» lo hace con orgullo. Pero eso no hace más sólidos los resultados.
  2. Costa y Rajoy juegan en la frontera de la austeridad, no fuera de ella. Resultado: un crecimiento insuficiente
  3. Mantener la política europea lejos de la discusión. Solo hay dos maneras de recuperar la soberanía económica: o cada país sale del euro o los países del euro forman una entidad soberana, es decir, una estructura democrática con capacidad para decidir presupuestos suficientes y hacer transferencias fiscales entre países. Todo en volúmenes y alcance suficiente como para hacer realidad el pleno empleo. Lo cual, en coherencia, exigiría una reforma en profundidad del BCE. Si el socialismo quiere marcar la diferencia con el nuevo nacionalismo que surge a su derecha y su izquierda debería optar por un federalismo agresivo y acelerado para los países de la zona euro. Lo que no vale es, de nuevo, escamotear la discusión.
  4. Hay que apostar por salir de la zona euro o por federalizarla, escamotear la discusión pública es un suicidio

Una posible evolución laborista

El rey Euro va desnudo en su austeridad estructural. El problema es que aunque todos lo saben nadie quiere ser el primero en decirlo porque el siguiente paso es hacer público que deportó al sastre de la soberanía económica. Sin reconstruir un espacio de soberanía económica no hay pleno empleo ni prosperidad sostenible posible para los países mediterráneos. Tampoco hay futuro para un socialismo que siga haciendo que no ve.

No habrá pleno empleo sin reconstruir un espacio de soberanía económica sea europeo o nacional

Destapada esa olla, la socialdemocracia tendrá espacios propios con sentido… laborista. Se puede por ejemplo, recuperar una regulación sensata del mercado de trabajo, proponer la abolición de las empresas «de servicios múltiples», de la falsa temporalidad, eliminar la legislación que ampara el falso «becariado» y todas las formas jurídicas que los vacíos legales y la complacencia política han creado para normalizar la precariedad extrema.

Bajo el horizonte del pleno empleo podría enfrentarse la desigualdad con regulación y política fiscal

La posibilidad, que parece invisible hoy a los partidos socialistas de revertir la desigualdad aumentando la productividad a medio plazo está abierta si se recupera el horizonte del pleno empleo. Claro que pasa por la reducción de la jornada laboral. Porque no nos engañemos, con una precarización como la que sufren España, Portugal o Italia y que despunta ya en Francia, los incentivos no llevan a invertir en mejoras de productividad, sino a cambiar trabajo cualificado por trabajo precario. El resultado es que la renta del capital aumenta y con ella la desigualdad al tiempo que descienden los aportes a la Seguridad Social.

Sin reducción de jornada laboral los incentivos son a más precarización, no a más productividad

Porque por supuesto, sigue siendo clave la defensa y desarrollo de la Seguridad Social y de su lógica de aporte. Hoy la Seguridad Social está en jaque por derecha y por izquierda. Por la derecha, un sector financiero agotado reclama el paso a un sistema de capitación individual gestionado por los bancos, es decir, un desastre a la chilena. Por la izquierda se pone en cuestión la base del trabajo como aporte. Hay que decir claramente que la Renta Básica Universal sería el primer paso del desmontaje del sistema solidario. Pero también que la relación entre aporte y pensiones no puede malearse más: por ejemplo, una sociedad sexista hizo que buena parte de las mujeres pudieran cotizar menos que la media de los trabajadores, lo que hace que de media reciban menos… pero eso no hace a la Seguridad Social sexista ni implica que haya que corregir sus principios básicos. No, si no queremos destruir su significado y su operatividad.

La Seguridad Social está bajo asedio. Quien quiera ganar el liderazgo social tiene q defenderla sin ambajes

Y si seguimos la cascada, con una economía orientada al pleno empleo, con incentivos para un desarrollo de la productividad parejo a una subida de salarios/hora reales, es cuando es viable enfrentar un verdadero cambio de modelo productivo. Algo que pasa por el fomento de las pequeñas escalas muy productivas. Lo que desde una perspectiva laborista de pleno empleo significa además apostar por el asociacionismo productivo -cooperativas de trabajo, sociedades laborales, etc.- no como algo asistencial o estético, sino como algo central y enfocado a los sectores con mayor grado de innovación y productividad.

Modelo de pleno empleo implica políticas pro pequeña escala, alta productividad y asociacionismo productivo

Pero todo esto estaría en una nueva pantalla. No se llega a ella sin, cuando menos, reclamar la posibilidad de hacer políticas macroeconómicas. Sin ella una renovación convincente de la socialdemocracia parece extremadamente difícil. Y lo que es peor, un modelo social sin desigualdades atroces y con capacidad para crear bienestar real, parece imposible.

«¿Es posible la renovación de la socialdemocracia?» recibió 0 desde que se publicó el martes 18 de abril de 2017 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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