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Escuchar, compartir, convivir (II): el ahorro en común

Compañeros y maestros indianos viven en un régimen de comunidad económica basado en la lógica de la abundancia. ¿Qué significa esto? ¿En qué supuestos culturales se basa y a su vez como determina nuestra cultura y concepción del mundo?

El ahorro en común es, generalmente, la característica más llamativa para el pensamiento convencional de la vida indiana. Sin embargo ha sido la más estable de nuestras tradiciones desde el primer día y seguramente la base de nuestra resiliencia, el punto desde el que se ha construido y reconstruido nuestra estabilidad una y otra vez. Todos los que un día asumimos este compromiso seguimos manteniéndolo años después.

Representa un paso fundamental, un Rubicón, en la relación de cada uno con la comunidad y por lo mismo el signo distintivo de los compañeros. Según la Indianopedia:

Con este voto, que se suma al voto de escucha del aprendizaje, (compañeros y maestros) se comprometen a:

  1. cobrar de acuerdo a sus necesidades de consumo (viático) renunciando a convertir lo percibido en ahorros individuales.
  2. dedicar cualquier ingreso personal extraordinario a contribuciones voluntarias a favor del patrimonio común que representa el Grupo Cooperativo de las Indias

Basicamente se trata del programa de una comunidad económica estructurada para la abundancia, en la cual los gastos personales (viático) no son fiscalizados ni cuestionados mas que por quién los realiza (plurarquía) pero el ahorro personal es eliminado en favor de su capitalización colectiva en el Grupo Cooperativo de las Indias.

Es cierto que este peculiar comunismo de la abundancia indiano, al no estar basado en el control colectivo -ni siquiera democrático- del gasto personal, requiere una cierta sintonización de valores culturales. Pero es que eso es lo que identidad significa en una comunidad real. Nunca nos dió a ninguno por comprarnos un coche, ni mucho menos un piso… si lo hicieramos seguramente sería por una necesidad de nuestras empresas y ellas serían pues las propietarias. Hay aquí una obvia ética común, un modo de enfrentar los objetivos vitales compartido: ¿qué sentido tienen esos gastos en la construcción de la vida que queremos vivir? También es cierto que todos nosotros somos bastante poco dados a ir más allá de un cierto nivel de gasto por lo demás bastante modesto. Hay aquí también una estética común: por mucho que defendamos lo que los antimercatistas llaman consumismo de los demás, nosotros somos más bien poco dados a gastos que vayan más allá de libros, consumos culturales varios y algún cacharrito de cuando en cuando. Vivimos en apartamentos normalitos en el centro, de momento no tenemos hijos (aunque no pondrían en cuestión para nada el sistema) y todos nuestros extraordinarios se reducen a viajes para ver a la familia o amigos, alguna escapada a la playa, a hoteles rurales o entornos históricos y algunas salidas sociales urbanas (cenas con amigos, comidas, etc.).

En pocas palabras: se puede llevar una estupenda y confortable vida pequeño burguesa sin alardes sin comprar un piso ni hacer inversiones propias, poniendo -tras gastar sin restricción cuanto necesitamos para tener los consumos que nos gustan- nuestra parte del excedente en común para ser capitalizado.

Pero cuando lo haces por un cierto tiempo, aunque tus gastos y tu dinero en cuenta sigan como siempre, algo cambia. Tu sentido del progreso, de la construcción y el tiempo, se concentran en el grupo cooperativo, en la herramienta comunitaria para obtener el bienestar económico.

El que no exista un ligazón directo entre la aportación individual a la caja común (a través del servicio a los clientes) y el bienestar individual aporta una cierta serenidad que tiene mucho que ver con la ética hacker y el desarrollo del pluriespecialismo: se trata de conseguir trabajar disfrutando de ello (y por tanto pudiendo aprender y ser excelentes) sin que nos distraigan angustias económicas cotidianas. Se trata de que todos los trabajos estén igualmente valorados porque todos hacen igualmente a la creación colectiva de valor con independencia de que a corto plazo contribuyan más o menos a lo que en ese preciso momento sea comercializado.

Por eso las Indias está pensada para descansar sobre los compañeros y los maestros. Si los primeros empiezan a dotar de sentido colectivo al tiempo a través del ahorro en común, los segundos viven ya en un tiempo de construccion distinto, el del largo plazo. Y es precisamente sobre eso que pivota su compromiso particular.

«Escuchar, compartir, convivir (II): el ahorro en común» recibió 0 desde que se publicó el miércoles 29 de septiembre de 2010 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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