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Escuchar, compartir, convivir (III): refundar y refundarse

Ultima entrega de la serie sobre los votos indianos en vísperas del día en que los celebramos.

Los maestros se comprometen a refundar las Indias y el sistema característico de la filé indiana tantas veces como fuera preciso. La Indianopedia agrega que “los maestros personifican por ello la resiliencia de la filé“.

¿Es sólo un seguro antidesastres? ¿Hacía falta ponerse tan dramáticos? ¿Qué sentido tiene el compromiso de refundarlo todo si las cosas se hacen bien y el sistema funciona? ¿Y si no funciona no habría que plantearse cambiarlo antes de reconstruirlo pieza a pieza?

Este compromiso parece el menos cotidiano y práctico de todos, pero en realidad es todo lo contrario. El compromiso de refundación es útil es en el día a día precisamente en aquello que parece más difícil en la misma definición de filé: la supeditación de la estructura económica a la comunidad real de los indianos, su modo de vida y sus necesidades. Pero para entender cómo y por qué, tenemos que entender los votos indianos como un camino de empoderamiento.

El resultado del voto de escucha es que los aprendices descubren a alimentarse de la propia comunidad y del mundo. Se construye aportando, pero no se aporta en abstracto, se aporta a alguien concreto y real. Escuchar a ese alguien, sobre todo si le consideramos nuestro igual, es el primer paso para poder construir juntos. Sin escucha no se puede pensar juntos y por tanto no se pueden hacer cosas juntos con sentido. Aprender a escuchar es, por tanto, el primer paso de todo proceso de empoderamiento personal.

El voto de ahorro en común genera un modo de vida y de trabajo donde uno se libera de las angustias de acumular en pos de una mínima seguridad vital al tiempo que trata de mantener un consumo satisfactorio. Al elevar la escala del ahorro, esto es, del esfuerzo por la seguridad futura, se eleva la escala del tiempo en el que se piensan el trabajo y la vida. El compañero sabe que puede equivocarse y que eso no repercutirá de forma inmediata en su bienestar ni el de los suyos. Renunciar al ahorro individual en favor de la capitalización colectiva le empodera al permitirle centrarse en lo que realiza como algo con sentido, algo que hace porque en si mismo merece la pena hacerse. Sí, más ética hacker y más empoderamiento personal.

Y finalmente el voto de refundación es el que nos enseña a perder el miedo ante el desastre y a saber decir no a un cliente con independencia del estado de cuentas.

El objetivo por el que tenemos empresas, por el que somos filé, es aportar autonomía a nuestra comunidad, esto es, ganar autonomía para mantener nuestro modo de vida y por tanto nuestra ética del trabajo. Y resulta obvio que el objetivo no puede ponerse en cuestión por los medios. Así que hay que saber decir que no cuando toca decir que no, con independencia del resultado económico. Esa responsabilidad es la que recae en los maestros y sólo tiene sentido si va acompañado de aquello a lo que precisamente se comprometen: volver a levantar la base material de la comunidad cuantas veces sea necesario.

Es la última fase del empoderamiento indiano: aprender a no temer. No hay nada que perder. Ante una situación de malo frente a peor no se puede elegir, hay que resetear el juego asumiendo costes cuanto antes para poder volver a empezar. No hay desastre o error que nos pueda llevar por delante si siempre nos levantamos. Si nunca damos la gran partida por terminada nunca habrá un Game Over para las Indias.

Conclusiones de la serie

Mañana es el día de la Fides, cada indiano renovará intimamente sus votos y lo celebrará regalando ramitas de perejil a compañeros, pareja y amigos. El perejil, símbolo de la resiliencia es la consecuencia última de nuestros compromisos y de lo que aprendemos al ponerlos en práctica.

Pero al final del día, cuando cada indiano vuelva a casa y repase sus votos pensando ya en la celebración del año nuevo de la mañana siguiente, tal vez alguno de nuestros amigos se pregunte de qué está hecha la resiliencia, cuál es el motor último de nuestro modo de vida. Y se dará cuenta de que empoderándonos en cada paso de la integración a través de cada uno de los votos, lo que conseguimos es ser cada vez más libres.

Libres porque cada uno de nosotros se sabe capaz de construir, libres porque ninguno de nosotros vive en el temor de equivocarse porque sabe que su seguridad futura descansa sobre aquellos en los que más confía y que en el peor de los casos bastaría con un maestro para levantar todo desde cero cuantas veces fuera preciso.

Y es esa libertad siempre mayor de cada uno, el tejido del lazo que nos mantiene unidos.

«Escuchar, compartir, convivir (III): refundar y refundarse» recibió 0 desde que se publicó el Jueves 30 de Septiembre de 2010 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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