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Esperando a Noé

Los que alguna vez llegamos a esta ciudad atraídos por un mayor grado de libertad y oportunidades, empezamos a dudar de la viabilidad de todo ello. Es el momento de la operación Noé.

Sábado por la noche en Madrid. A eso de las 3 de la mañana nos damos cuenta de la hora que es, y salimos corriendo a ver si encontramos algún sitio donde todavía nos dejen entrar sin tener que hacer colas ni pagar una consumición por adelantado en la puerta. No es mucho pedir, verdad? desgraciadamente en esta ciudad si.

A la tercera va la vencida, pero como siempre de casualidad. Pasamos de “estranjis” al local de una asociación cultural. No se muy bien cómo será de día, pero por la noche parece un bar de copas cualquiera. Me paro a pensar si esto será lo que nos espera gracias a la riestra de prohiciones. Terminar como socio de un bar, pagando una cuota mensual que te asegura un sitio al que ir pasada una determinada hora.

La idea en sí, puede que no sea mala, pero a mí me pierde el imaginario y en mi ingenuidad, esperaría de un club un salón de baile, a ser posible con una Big Band, un salón con sillones voltaire que tan confortables se hacen por el invierno, la tradicional sala de fumadores, la sala de lecturas… en fin uno de esos como los de las películas, donde además puedes estar sola con total tranquilidad. Después de todo, puestos a pagar que sea por algo.

Pero esto que no es más que una anécdota para mí refleja el devenir de Madrid. El quedarse a las puertas de lo que podría ser. Podría ser una ciudad bonita, rincones mágicos no le faltan, pero no lo es. Plazas tiene, pero hace ya mucho que desaparecen los bancos y se sustituyen por sillas (-financiados por el lobby fisioterapéutico?-) que impiden cualquier tipo de comunicación con el de al lado. Podría ser limpia, pero ni las aceras nuevas consiguen estar lustrosas en su estreno. Caminable -una vez más hay un pero- son tantos los obstáculos y tan poco el espacio que no queda más que invadir la calle. Vivible? me temo que cada vez menos. Municipales campando y amenazando a sus anchas, pisos pequeños, oscuros, y cada vez más caros, consumiciones que si cometes el error de traducir en pesetas no pueden sino escandalizarte, oferta cultural más bien escasa, en la oferta y en la cultura.

En fin, que los que alguna vez llegamos a esta ciudad atraídos por un mayor grado de libertad y oportunidades, empezamos a dudar de la viabilidad de todo ello. Y ante esto poco más queda por decir: Hasta la vista y gracias por el pescado. Llega la operación Noé.

«Esperando a Noé» recibió 0 desde que se publicó el Martes 4 de Octubre de 2005 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Natalia Fernández.

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