LasIndias.blog

Conquistar el trabajo es reconquistar la vida

Grupo de Cooperativas de las Indias

videoblog

libros

savonarolaLa edición española de la Enciclopedia Católica presenta a Savonarola como un reformador. Algo obsesionado con el Apocalipsis, sí, pero tampoco una cosa dramática. Algo ya escama cuando nos recuerda que «atacaba agriamente a Lorenzo de Médicis como promotor del arte pagano». O sea el Arte renacentista que hoy lleva a millones de personas cada año a la ciudad. Y algo más que un reformador eclesial sería cuando presenta la expulsión de Pedro de Medicis como uno de los «frutos» de su trabajo. Lo que le daría más fama sería la «hoguera de las vanidades», un evento que pretendía anual en el que en plena plaza de la Signoria quemaba instrumentos musicales, cuadros con motivos no cristianos, joyas femeninas, libros de esos paganos que según él eran Boccaccio y Petrarca…

Sus verdaderos «frutos» vendrían con la imposición de un sistema teocrático en el que «Cristo era considerado el Rey de Florencia y protector de sus libertades», pero donde el propio Savonarola actuaba de tirano porque aunque «no intervino directamente en la política y en los asuntos del estado, sus ideas y sus predicaciones eran el criterio de la autoridad».

¿Qué es el savonarolismo? Algo que no pasa de moda y vuelve crisis tras crisis: moralistas que culpan al liberalismo de costumbres, al paganismo de los tiempos de bonanza, de los desastres de la crisis, sumergiéndose paulatinamente en un discurso más y más apocalíptico que hace elogio de la pobreza voluntaria, desarrollando los viejos tópicos medievales antimercado hasta saltar, con un tono casi insurreccional, a lo directa y abiertamente político, generando un inmenso poder alrededor de la prédica y el predicador. Poder que al no formar parte de una estructura formal, controlable, está por tanto exento de contrapesos y controles. A veces, como en el paradójico caso de la revolución Iraní y el ayatolah Jomeini, se consolidan. Otras, como parece que sucede con Beppe Grillo en Italia, se estancan. Las más de las veces acaban desastrosa e indignamente, como el propio Savonarola.

Hoy, en Europa, hay mucho de savonarolismo en el ascenso de las nuevas ultraderechas, pero también en los discursos que se pretenden alternativos que surgieron en estos años. Aun no ha surgido un Savonarola televisivo capaz de cristalizar masivamente las frustraciones de la crisis en respuestas simples y autoculpabilizadoras. Pero estamos ahí. Esperando al monstruo y ojeando aspirantes. Por eso distinguir entre el sano minimalismo de estoicos y epicúreos y el elogio del ascetismo es importante. Con los discursos éticos, cuando salen del ámbito de la comunidad voluntaria y aspiran a la «obligatoriedad del bien», conviene ser extremadamente crítico y recordar que efectivamente cumplirán lo que prometen: miseria económica, intolerancia moral y pacatismo cultural.

«Esperando a Savonarola» recibió 2 desde que se publicó el Viernes 11 de Abril de 2014 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

Deja un comentario

Si no tienes todavía usuario puedes crear uno, que te servirá para comentar en todos nuestros blogs en la
página de registro de Matríz.