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Esperanto, hebreo y kibbutz

En comunidad una lengua neutral sirve para incorporar en igualdad a nuevos miembros pero también para reforzar la cotidianidad y la consciencia de la importancia del aprendizaje, delimitando las fronteras de la comunidad no con vallas ni con exámenes sino con una escuela igual para todos.

uk 1905 esperanto
Es algo ya conocido y reconocido que el camino que llevó a Zamenhof a la creación de una lengua sintética arrancó en el contexto de sus simpatías juveniles por el sionismo de Noah: el sueño de llevar a los judíos europeos del atraso económico y la opresión política y cultural a la libertad en un nuevo territorio en EEUU en el que accederían a la igualdad de la ciudadanía en el respeto a su cultura y tradiciones religiosas. Menos conocido es que su primer proyecto lingüístico fue una modernización del Yisdish que podríamos considerar incluso como un «primer boceto» de la lógica interna del esperanto.

Aleksandr Korĵenkov HomaranoY es que el esperanto en realidad nació como parte de una respuesta universalista al antisemitismo europeo que tiene a las distintas familias del sionismo y al autonomismo cultural del Bund, como referencias principales. Incluso cuando Zamenhof rompe abiertamente con el sionismo lo hace, como señala su mejor biógrafo, Alexander Korzhenkov, usando el molde del «sionismo espiritual», una tendencia que rechazaba la creación de un estado judío en favor de un «centro espiritual» en Palestina. Solo que para Zamenhof el centro del «homarismo», una ética intercultural neutral, estaría cerca de Ginebra, en la neutral Suiza, donde pretendía radicar una comunidad real homarista, una comunidad que habría de ser neutral étnica, religiosa y lingüísticamente… posiblemente influido también por las noticias que en sus años finales recibe sobre éxito de los asentamientos cooperativos (moshavot) e igualitarios (kvutzot) en Palestina en los que el hebreo moderno se está configurando en ese momento como una nueva lengua viva.

Suele compararse a Zamenhof con Ben Yehuda, el gran activista del renacimiento del hebreo, nacido en Luzhki, a menos de 400Km del Bialistok donde creció el creador del esperanto. Sin embargo, tal vez sea más propia la comparación con A.D. Gordon -nacido también muy cerca– pues para él el centro del pensamiento y la acción no estaba en la lengua sino en la difusión de una nueva ética y como Gordon, estaba dispuesto a pasar los últimos años de su vida trabajando en un asentamiento modelo. Es más, como señala de nuevo Korzhenkov, la enormidad de la Gran Guerra que se aproximaba y la evolución del movimiento esperantista, con la desagradable guinda de la aparición franca del antisemitismo en el grupo polaco en 1914, le llevaron a orillar cada vez más su creación más reconocida:

En la versión final Zamenhof pretendía difundir el homaranismo no en la comunidad esperantista, sino en el mundo entero y no a través del esperanto, sino de las principales lenguas nacionales.

Mientras en el Yishuv…

el esperanto de nuestra genteMientras tanto, en pocos entornos el esperanto era una referencia tan importante como en el debate político en Yishuv (la colectividad judía de Palestina). En la prensa judía del periodo anterior a la ocupación británica, el hebreo era apoyado precisamente por ser una alternativa historicista al esperanto o rechazado por no juzgársele capaz de convertirse en lengua universal realmente moderna. El propio hijo de Ben Yehuda, propondrá la reforma de la lengua sistematizada por su padre y el uso de caracteres latinos en pro de su universalidad. De hecho la promoverá bajo el eslogan «El esperanto de nuestro pueblo». Algo que no estaba lejos de ser verdad pues antes de que prendiera el activismo de ben Yehuda en la segunda gran oleada de emigrantes (1905-1914), el hebreo (clásico) solo tenía un uso real puntual como «lengua franca» entre los judíos rusos y polacos (hablantes de yidish) y los sefardíes y yemeníes que se comunicaban con mayor facilidad en árabe.

Pero el «milagro» del renacimiento del hebreo sucedió y sucedió en muy poco tiempo aunque mirando atrás, ¡en 1923!, el gran Gershom Scholem asegurara que:

Nadie con una perspectiva clara se habría armado del valor demoníaco necesario para intentar utilizar [el hebreo] en una situación en la que solo un esperanto podría haber sido creado.

Degania base definitiva¿Qué pasó? Pues que entre esa segunda oleada de emigrantes, que en total sumaría unas 30.000 personas como máximo, había un subconjunto activista de unos 200 jóvenes autodidactas de clase media del Imperio Ruso a los que el zarismo les había prohibido el acceso a la educación superior. La mayoría se habían convertido ahora en jornaleros, convencidos de la necesidad de «conquistar el trabajo» predicada por Gordon. Eran los mismos que formaban el entorno del que nacieron los primeros kvutzot y fueron los primeros en darse cuenta de la centralidad de la educación en el Yishuv. No solo para superar el atraso científico y técnico endémico entre la emigración del Este europeo, sino para diluir las divisorias culturales y lingüísticas entre judíos yemeníes, sefardíes y azkenashim. Esta fractura se convertía fácilmente además en divisiones de clase con los emigrantes alemanes y franceses que habían recibido educación superior en Europa y que en principio monopolizaban la enseñanza tecnológica. Los recién llegados tenían claro que la tecnología era clave para el desarrollo económico del Yishuv y fue precisamente la batalla por la imposición del hebreo como lengua de enseñanza superior tecnológica -frente al alemán, entonces lengua internacional hegemónica en la Ingeniería, la Geología y las Matemáticas- la que convirtió al hebreo en la primera lengua muerta que resucitaba de manera efectiva. La co-oficialidad del hebreo, impuesta después por los británicos junto al árabe y el inglés, vino a consolidar lo que ya era una realidad.

Pero con el movimiento comunitario ocupando un lugar central en el desarrollo del Yishuv y proyectándose hacia los movimientos juveniles europeos, el hebreo pasaría su prueba de fuego: la suficiencia para crear una cultura comunitaria cohesionada. Y es que el uso de una lengua neutral fue clave en la integración a los kvutzot de emigrantes de orígenes culturales, sociales y geográficos distintos. Tanto que el «ulpan», la escuela de hebreo, se convertiría con el tiempo en el verdadero reto de iniciación kibbutznik y en una parte central de la preparación de los jóvenes en los movimientos juveniles.

Podría pensarse que la conciencia de la importancia del hebrero en las kvutzot atendía más al voluntarismo nacionalista que a una práctica testada. Más allá de los comentarios, estudios y memorias, existe al menos un caso que apunta en sentido contrario y que, de nuevo, volvió a sacar al esperanto a la luz.

Vojo Nova: un kibbutz esperantista en Crimea

Menachem ElkindMenachem Elkind fue una de las grandes figuras fundacionales del movimiento obrero que surge en la Palestina de la tercera oleada migratoria (1919-23). Esta nueva generación estaba fascinada por la revolución rusa y el ascenso del comunismo y Elkind se convertirá en el líder de la fracción izquierdista pro-bolchevique. En 1927, en un contexto de fuerte crisis económica en el Yishuv y de batallas políticas por la dirección del Gedud Ha’Avodah, Elkind desiste y emigra a Rusia. Allí se une a los restos del Hehalutz un movimiento juvenil de pioneros rusos desarticulado por el antisionismo abierto de los bolcheviques que a partir de 1921 prohiben los grupos no sometidos al partido comunista. La idea es levantar una granja comunitaria -un kibbutz- en Crimea, donde la planificación estatal quiere crear una región agraria judía.

Menajem ElkindLa lengua de los pioneros rusos es el yidish -de hecho entre ellos está la famosa escritora Shira Gorshman– y el hebreo está expresamente prohibido por las autoridades, así que optan por el esperanto y llaman a su comunidad «Vojo Nova» («Camino nuevo»). Queda poco registro sobre este kibbutz esperantista, lo que es seguro es que tras una lucha épica por sobrevivir, cuando consiguieron hacer su comunidad sostenible, el kibbutz fue desmantelado en las campañas antisemitas de Stalin. Elkind, que lo había abandonado antes para ir a Moscú con su mujer, fue fusilado en 1932 acusado de espía británico y sionista.

Aunque las noticias del fracaso fueron recibidas con un suspiro de alivio en Israel en un momento en el que el régimen soviético mantenía su atractivo sobre los jóvenes del Yishuv, «Vojo Nova» quedó como una especie de mítico eslabón perdido en la historia de los movimientos laboristas judíos y desde la caída de la URSS han aparecido ya cuatro estudios a partir del trabajo de archivo. Lo interesante es que una de las lecciones que Elkind -cuya lengua materna era el yidish- llevó de su experiencia palestina fue la utilidad de definir la comunidad desde una lengua neutral.

Conclusiones

Como descubrió Zamenhof con el esperantismo, una lengua común, por neutral que sea, no soluciona por si misma la exclusión ni los conflictos identitarios, no garantiza una moral más elevada ni una mirada más amplia. Sin embargo, en un mundo comunitario, la adopción de una lengua neutral es una herramienta potentísima. No solo para incorporar en igualdad a nuevos miembros sino también para reforzar la cotidianidad y la consciencia de la importancia del aprendizaje, delimitando las fronteras de la comunidad no con vallas ni con exámenes sino con una escuela igual para todos.

«Esperanto, hebreo y kibbutz» recibió 3 desde que se publicó el sábado 19 de diciembre de 2015 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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  1. […] te das cuenta de que es mejorable en muchas cosas. Lo más valioso del esperanto es seguramente su dimensión histórica incluso dentro del comunitarismo. Renunciar a esa historia también tiene un coste. Pero un […]

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