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Esperanza y hastío

Esta semana ha sido intensa y fructífera. Pero dos de sus frutos más importantes, creo yo, amenazan con pasar casi desapercibidos en mitad de la hiperactividad.

El primero es este post de Juan que acaba con un horizonte profético para la postcrisis, reivindicando de nuevo el neovenecianismo y la disipación de rentas como los dos arietes de un cambio anelable hacia la Economía de la abundancia:

La tempestad puede surgir justamente de esos desplazamientos de jóvenes en edad de trabajar y de su generalización de forma que se haga realidad una verdadera globalización que junto a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación ponga en juego ideas económicas básicas a través de su capacidad para tejer redes y acercarse a una economía que, debido a las economías de escala por el lado de la demanda, pueda empezar a denominarse con propiedad como economía de la abundancia. Es necesario volver a mirar a aquellas ideas de los años de la burbuja punto.com que, como siempre, se abandonaron antes de reconocer su potencia. El efecto Mateo o una forma de tejer redes parecida a dicho efecto en cuanto a sus efectos, puede hacer surgir esta vez en serio y debido a la disponibilidad de jóvenes bien formados, negocios inimaginables que generen mercados nuevos que prosperen hasta donde no imaginemos. Nuestras nociones teóricas más elementales se ponen en juego y, lo que es mucho peor, convicciones políticas deberán de ser revisadas dando origen a tensiones difíciles de desactivar. Por ser breve no me detendré sino en algunos ejemplos simples. Será muy difícil mantener durante mucho tiempo posiciones de monopolio sin tener que dedicar mucho tiempo a su defensa incluso por medios nada santos ya que la mera competencia no bastaría dados precisamente esos nuevos rendimientos crecientes que trabajan a favor de cualquiera. La defensa de esos privilegios adquiridos puede doblegar a gobiernos con convicciones poco democráticas y estos movimientos tectónicos pueden desembocar en reorganizaciones políticas que hagan emerger nuevas formas de convivencia. Frente al pensamiento inercial que traduce la globalización en mayor centralización y más férrea jerarquía cabe pensar, como horizonte teórico, en superficies de poder horizontales y hasta deslizantes.

El segundo es el texto de Nat hoy. La primera lectura me sobrecogió. Es una obra maestra de nuestra literatura que se cierra con una especie de haiku camusiano:

Llegó la riada y el puente ya no está, mi abuelo tampoco. Los niños ya no toman vino antes de la comida.

Podría pasar horas tratando de explicar todas las cosas que este ¿verso? evoca y refiere. Hablarles de los valores y la libertad que se cayeron del relato conforme nos alejábamos de la única patria legítima que una vez nos dieron (la infancia). De la gracia con la que, al descuido, deja caer lo único importante (las ausencias). De como eso me lleva a Oteiza, a los ideales en los que nos educaron y que ya no existen ni en el relato de la memoria, a cómo me saca las lágrimas, a lo ajeno y absurdo que se torna un mundo donde ha muerto lo sagrado (el trabajo, la conversa, el gusto que el vino concentra y el refugio que el chigre de antes del almuerzo representa en nuestras memorias). Pero para qué explicar nada. Si una de las cosas que cuenta es precisamente ésa, el inevitable hastío de tener que explicar una y otra vez -hasta el precipicio de dejar de creer en las palabras- todo cuanto merece la pena, de no poder ser ya sino extranjeros.

«Esperanza y hastío» recibió 0 desde que se publicó el Jueves 9 de Febrero de 2012 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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