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¿Es lícito hablar de guerra contra el jihadismo en general y el EIIL en particular como han hecho Hollande y casi todos los políticos franceses tras los atentados de París?

Nos dice Jose Antonio Torreblanca que sí porque «si Francia se declara en guerra es porque ha sido atacada y, lo peor, porque espera más ataques, tanto dentro como fuera de su territorio». Como respuesta me parece poco sólida. Más cuando viene de un analista español. A fin de cuentas la piedra angular de la lucha de la democracia española contra ETA fue el no reconocimiento de ETA como protagonista de una guerra civil o colonial y menos aun como un enemigo foráneo. En consecuencia el terrorismo se combatió a veces con medidas de excepción pero siempre como una forma de criminalidad organizada, no como una guerra: el ejército se mantuvo fuera y fueron los jueces y las fuerzas de orden público los que asumieron la dirección.

Personalmente estoy de acuerdo en la conclusión de Torreblanca: el enfrentamiento con el jihadismo es a estas alturas una guerra y como todas las guerras desde el siglo XX tiene un frente militar convencional en el que se enfrentan ejércitos y también una retaguardia en la que se practica el terror.

La cuestión es que lo que significa «guerra» depende de los objetivos que persigue y por tanto de la concepción del poder político en cada momento, algo que ha variado sustancialmente varias veces a lo largo de los últimos cien años. En 2008 decíamos a raíz de la «doctrina Petraeus»:

Iraq, a través de la nueva doctrina Petraeus, está redefiniendo la guerra en términos políticos. La guerra es sobre el poder, sobre la imposición de mecanismos internos para generar consensos. La guerra tiene que ser capaz para amenazar y destruir identidades para forzar o empujar a los sujetos en conflicto -que ya no son sujetos nacionales- a mantener o aceptar alianzas. Petreus vuelve a Hernan Cortés. Estado en colapso, guerra de alianzas cambiantes, destrucción local.

La guerra postmoderna es postnacional, no sólo en sus sujetos, sino sobre todo en sus objetivos, su concepción y sus medios. Iraq y Afganistán cierran el ciclo abierto por la revolución francesa: aunque EEUU siga actuando y pensando como gran estado, sus objetivos de combate, su conceptualización y su estrategia no es ya la de un mundo de naciones. Esto es importante, porque estado y guerra son siempre paralelos.

Es decir, la cuestión no es ya si Europa está en guerra, sino si tiene el armazón político, organizativo y teórico necesario para enfrentarse y ganar una guerra postnacional más parecida a la guerra renacentista europea que a las guerras mundiales y coloniales del siglo pasado.

«Estado Islámico vs Europa: ¿Es lícito hablar de «guerra»?» recibió 16 desde que se publicó el domingo 15 de noviembre de 2015 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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