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¿Están locos los hombres bomba?

¿Qué tienen de especial los terroristas? ¿Están locos? ¿Qué lleva a que un chaval normal, respetado en la comunidad, con una carrera universitaria e implicado en el bienestar social decida cargarse de explosivos y llevarse por delante a civiles inocentes?

He contado muchas veces que fue Juan Carlos Zapatero quien me enseñó a amar el análisis económico. Juan Carlos es un liberal donostiarra que tuvo como profesores a Popper y Hayek en la LSE, así que es un liberal de verdad, subversivo, no de los otros, no se confundan.

Juan Carlos es, en sus exquisitos modales británico-donostiarras, un provocador liberal que a base de ideas políticamente incorrectas fue abriendo mi mente hacia una determinada forma de ver el análisis y jugar con los modelos económicos de comportamiento humano. Recuerdo una anécdota un día mientras yo preparaba mi proyecto fin de carrera, en que aparecían en la prensa (Juan Carlos siempre leía El Pais en el despacho antes de la primera clase del día) las bios de la última hornada de etarras detenidos. Señaló el artículo con el dedo y me dijo:

Ves, ves, uno ha sido seminarista, la otra fue cooperante en una ONG, el otro voluntario con marginados… ¡tanto deseo de ayudar al prójimo no podía acabar en nada bueno!

Varias cosas me han recordado estos días aquella anécdota. Sobre todo, la publicación de las bios de los suicidas por BBC. En especial la de Mohammed Ali Khan, un chico de treinta años, entregado a su trabajo -profesor en una escuela de un barrio deprimido de Leeds-, uno de esos héroes anónimos adorado por padres y alumnos que había transformado su entorno a base de escuchar y ser paciente. A los que le conocieron, les parecía símplemente imposible que fuera un terrorista suicida:

“He was a good man, quiet,” said one parent, speaking outside the school.
“When I told my daughter she said ‘no, he can’t do something like that’. I had to go and buy the paper and show her.”
Another parent, Sharon Stevens, told the Press Association how he had been a “big supporter” of pupils and parents.
“He was really understanding and he did work for the children and parents.”

¿Se volvió loco? El psiquiatra y criminalista de la CIA, Marc Sagerman, en su libro Understanding terrorist networks, uno de los mejores libros norteamericanos sobre AlQaida, aborda sin miedo la posible “locura” de los terroristas suicidas… para llegar a la conclusión de que esta no existe. Los terroristas suicidas no se convierten en tales por ningún síndrome psiquiátrico conocido, no están enajenados, no son paranoicos cegados por el odio… Al contrario, según Sageman, el perfil de Khan sería bastante representativo.

Pero entonces, ¿qué nos hace terroristas? ¿una creencia? ¿una imagen deformada de la realidad? Serían entonces ¿el Islam? ¿el nacionalismo? los formadores de esa imagen, los causantes, el origen…
¿Llevarían razon los que quieren “eliminar” uno u otro para acabar con ello? Muchos parecen creer así. Otros, entre los que a veces parece encontrarse el propio Sageman, creen que determinados sucesos históricos (Bosnia, Afganistán, el conflicto palestino-israelí…) han generado dentro del mundo musulmán la sensación de que su modo de vida, su sistema de valores estaba siendo consciente y planificadamente atacado. Los yihadistas vivirían su propia estrategia como una defensa desesperada de “los suyos”, sus familias, las siguientes generaciones….

Realmente creo que muchos yihadistas europeos pueden vivir subjetivamente así, sin embargo, no creo que sea muy diferente de cómo los militantes de otros movimientos terroristas han vivido a lo largo del siglo XX sus propios móviles. Esta teoría no explica las diferencias, la ausencia de estrategia, los ataques kamikazes contra población civil, etc… que son el hecho distintivo del yihadismo.

Pensemos en los movimientos terroristas del periodo 45- 68: la “resistencia” francesa, los grupos armados sionistas, el Frente de Liberación Nacional argelino… ¿No encontraban sus miembros justificación a sus crímenes en la situación de “sometimiento” de su comunidad? Pensemos en los grupos terroristas post-68: IRA, ETA… La única diferencia clara entre unos y otros en conjunto no es siquiera ideológica, es que los del periodo de postguerra consiguieron tomar el poder y se convirtieron en respetados “hombres de estado”, mientras que los segundos “esperaban” poder tomar el poder y no lo consiguieron. Fueron, en su lógica interna, movimientos fallidos. Pero en unos y otros, los militantes se consideraban a si mismos constructores de un estado independiente alternativo más o menos adornado por otros adjetivos (democrático, socialista, etc.)

Desde mi punto de vista, las ideologías son meramente instrumentales. Creo que el tipo humano de todos estos movimientos ha sido siempre básicamente el mismo, gentes que a fuer de vivir como insoportable la estructura del poder económico-político en un momento dado, no dudaban en asesinar al prójimo al que tanto amaban. Redentorismo sangriento. Vean si no, hoy, La batalla de Argel, un film vindicativo del FLN en 1966 y asómbrense del desparpajo con el que, ya en el poder, los independentistas argelinos se enorgullecían del tiro en la nuca y las bombas en cafeterías. Eso por no hablar de los cientos de películas sobre la “resistance” francesa. Sus miembros siguen siendo héroes nacionales y recibiendo homenajes… aunque ahora parezca que sus víctimas fueron objetivos militares, la mayoría fueron civiles y desde luego no murieron en “combate” más que en el marco de la perversión del lenguaje del que necesita dotarse toda ideología y grupo terrorista.

¿Y entonces? ¿Qué hay de novedoso desde el punto de vista subjetivo de los criminales? ¿Qué les lleva al ataque kamikaze? A mi juicio, fundamentalmente, que a diferencia de la Resistance, del FLN, de ETA… o de Hamas, los terroristas de AlQaida ya no ven sus acciones dentro de una estrategia que conduce al poder del estado. Es más, la ideología yihadista aparece ahora como antagonista, precisamente porque renuncia a la estrategia, es “funcional” por su nihilismo.

No es casualidad que muchos miembros de las viejas generaciones de terroristas formen parte años después de las élites del poder… Aún los que no triunfaron. De Menahem Beguin a Juaristi pasando por el resistente Lepen, todos estos muchachos que apostaron por el terrorismo para cambiar el mundo, estaban en realidad intentando tomar el poder por asalto. Ellos mismos se consideraban valiosos, “vanguardia”, semilla de un poder que se afirmaría algún día representando nuevos valores y una comunidad saneada y redefinida. Eran innovadores enfrentados al estado existente y se habían convertido en ello porque eran freakies, alternativos al orden imperante. Por eso su tipo humano, como el de Khan, era y es hoy siempre el mismo: chicos generosos con una vocación de sacrificio por los demás tal que no dudaba a la hora de sacrificar a los demás por ella.

Lo que ha cambiado es que hoy, el poder se ve como algo inapelable, inconquistable e incluso, hasta cierto punto, impermeable. No hay espacio para la estrategia porque no es sensato, ni siquiera en la lógica terrorista, dotarse de la perspectiva de la toma del poder. Donde ello todavía es viable (como Palestina) el espacio está ocupado por otro tipo de grupos, como Hamas, y AlQaida no penetra. Londres, Leeds, París o Madrid dan mejores condiciones para que alguien se haga yihadista que Gaza, porque al fin, es relativamente creible que el poder sea asaltable, asumible por los jóvenes con “nuevas” ideas (por atroces que estas puedan parecer), allí que aquí.

El poder hoy, se nos presenta como el de los alienígenas en la adaptación de Spielberg de La Guerra de los Mundos. Cuando uno ve esta película piensa: es una descripción de cómo sería una fuerza militar tal que hoy hiciera a los norteamericanos vivir Faluya en su propio territorio. Pero, es mucho más, es la descripción del poder en nuestro tiempo, un poder tan inapelable, que si quisiera destruirnos no podríamos oponer una resistencia que no fuera anecdótica. Un poder frente al que, en ese caso, sólo queda, esperar que cambie de idea por si mismo, que cuestiones internas tan ajenas a nosotros como él mismo, le hagan desistir…

En la fantasía de los terroristas de todos los tiempos, ellos se enfrentaban a un poder que quería destruirles, a ellos y a los suyos, su modo de vida, sus valores, el futuro de las siguientes generaciones.

Para los terroristas, a diferencia de para nosotros, no cabe mantenerse al margen, renunciar al poder y construir (redes civiles, espacios de libertad…) en espera de que el poder se haga permeable o deje realmente de importar. Para el terrorista de cualquier tiempo y lugar, el mundo del poder es el único que importasalvo el poder, todo es ilusión” cantaban los terroristas de Sendero Luminoso en las cárceles peruanas). Los terroristas kamikazes de hoy en Europa, tienen mucho en común con los viejos terroristas. Sólo que estos no esperan conseguir nada, saben que no acabarán dirigiendo instituciones ni siendo embajadores o jefes de policía.

Son realistas al modo del personaje de Tom Cruise. Y por tanto suicidas. Y criminales.

«¿Están locos los hombres bomba?» recibió 3 desde que se publicó el Domingo 17 de Julio de 2005 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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