LasIndias.blog

Conquistar el trabajo es reconquistar la vida

Grupo de Cooperativas de las Indias

videoblog

libros

Por qué Europa debería releer a los estoicos para no caer en la resignación

Un resumen de siglos de pensamiento estoico para leer en diez minutos y refrescar ideas, que intenta no ser aburrido y no espantar al que se acerca por primera vez, pero tampoco perder demasiado rigor y que, en cualquier caso, no deja de ser una interpretación crítica de temas que dan para debatir largo y con detalle, y de fuentes que todos deberíamos leer con más frecuencia.

epicteto
En la primera entrega de nuestra serie sobre los «otros» orígenes de Europa, la leyenda del lobo y la Osa nos puso sobre el rastro del mitraísmo, y en la segunda entrega descubrimos que los mitraicos nacían de un entorno fuertemente influido por el estoicismo, si no eran incluso, un producto deliberado de este movimiento filosófico. ¿Pero quiénes eran estos filósofos que entre el 300 aEC y la imposición del cristianismo en el 380 EC fueron tan influyentes?

zenonZenón nació hacia el 334 aEC en Chipre. Era hijo de un comerciante. Sabemos que fue discípulo de Crates, uno de los principales pensadores de la escuela cínica. Pero llegando a los treinta entró abiertamente en crisis con las enseñanzas de sus mayores. En términos de hoy, y dicho muy a lo bruto, los cínicos serían decrecionistas y Zenón minimalista. Así que se segregó del grupo cínico de Atenas y comenzó a dar clase en el pórtico pintado de la Acrópolis. Pórtico en griego se dice «stoa», por lo que Zenón y sus seguidores comenzaron a conocerse como los «estoicos».

Pero si Zenón y sus discípulos rechazaban algo de los cínicos desde lo más íntimo de su ser, más que el amor a la pobreza que profesaban, era la idea de un mundo necesariamente caótico, donde operaban principios irracionales o deidades históricas. Eso es lo que resume su famosa máxima «existe un orden a la vez racional y natural de las cosas». Claro que por «cosas» se refiere al ámbito de lo que hoy llamaríamos Física, Química, Biología… Y es que Zenón dividía el conocimiento de su época en tres grandes ramas: lógica (pensamiento formal), física (lo que hoy llamaríamos «ciencias duras» y naturales) y ética (que fundamentaría el conocimiento de lo social).

crisipoPara los estoicos la Naturaleza empieza y termina en sí misma y en ese sentido es una gran red de interrelaciones. Relaciones que pueden llegar a aproximarse mediante «leyes» naturales. Los estoicos abrazarán el empirismo de los epicúreos y frente a los «escépticos» —una escuela que a grandes rasgos proponía que la realidad era incognoscible— y el idealismo platónico, defenderán que el consenso sobre las representaciones que nuestros sentidos hacen de la realidad natural es suficiente para hacer demostraciones y proponer modelos. Es decir, relativizan los resultados de las ciencias naturales, reduciéndolos de verdad última a verdad social e histórica —pues está basada en una serie de consensos que pueden cambiar.

En ese sentido, la teoría del conocimiento estoica sentará las bases que legitimarán muy posteriormente eso que llamamos «el método científico» y su concepción de la ciencia como una aproximación, siempre en movimiento, a la realidad de la Naturaleza. Séneca (4 aEC-65 EC) dice que la verdad sobre la Naturaleza está al alcance de la investigación de todos, aunque siempre quedará mucho por descubrir pues «no basta con una época para investigar» («ad inquisitionem tantorum una aetas non sufficit»). Y tal vez por eso, a los estoicos les interesará más lo social que lo natural.

senecaPara empezar, y dada su concepción «científica» de la Naturaleza, considerarán que no es posible «virtud» (superación personal) que no parta de la aceptación de sus leyes y del determinismo implícito en estas. Dicho de otro modo, no cabe consolarse pensando que van a aparecer dioses o fenómenos extra-naturales que nos saquen las castañas del fuego en los momentos límite. El mundo Natural es lo que es y no cabe esperar otra cosa que no sea un mejor conocimiento para poder sobrevivir mejor en él. De ahí viene el uso popular de la palabra «estoicismo» para significar resignación. Es obviamente una interpretación y un juicio de valor del cristianismo que le sucedió como ideología dominante en la Roma en descomposición.

El virtuoso, el sabio, es pues alguien que, antes que nada, acepta la materialidad de la existencia y su supeditación a las leyes naturales. En términos de los monoteísmos orientales, el estoico será más un ateo que un pagano. Pero al reconocer los estoicos un principio «divino», creativo, en cada ser vivo y en la Naturaleza en su conjunto, les llamarán «panteístas». Pero en realidad, el «panteísmo» de los estoicos es un poco más complicado.

marco_aurelioZenón imaginará una especie de «principio vital», fogoso, existente en todos los fenómenos naturales y en especial en los seres vivos. Séneca, a la pregunta «qué es la divinidad», responderá «la mente de la Naturaleza», es decir, sus leyes y maravillosos equilibrios. Y al posible dualismo cuerpo-alma responde tajante: «tengo cuerpo, luego existo, y si también tengo alma, es porque está en el cuerpo» («corpora ergo sunt, et quae animi sunt; nam et hic corpus est»). Lo cual, siglos antes del Psicoanálisis o la Neurología, no deja de tener mucho mérito y contradice la versión desnaturalizada que de él intentaron crear los apologetas cristianos, presentándolo como un protocristiano e incluso creando la leyenda de que se había carteado con San Pablo. ¡Ah! Y por supuesto, si hay alma, muere con el cuerpo. Solo la nada sigue a la muerte. En palabras del Emperador Marco Aurelio (121-180 EC) —otro estoico al que la historiografía cristiana ha intentando «recuperar» mediante frases sacadas de contexto y malas traducciones— «vivimos por un instante, sólo para caer en el completo olvido y el vacío infinito».

ciceronY es que los estoicos sacarán a los dioses de la Naturaleza para colocarlos, vaciados de «superstitio», en lo social. No desde luego como «seres» autónomos que intervienen en el curso de la Historia y los fenómenos naturales, sino como alegorías de principios y valores presentes en la voluntad de cada uno. Entienden lo social de un modo análogo a como entienden la Naturaleza: como una gran red de interrelaciones e interacciones en las que tenemos cierto margen de maniobra, cierta capacidad para reequilibrar unilateralmente las relaciones, si es preciso incluso marchando y rompiéndolas de facto. Epitecto (55-135), un esclavo griego que acabó como uno de los maestros de referencia de su época, dice:

los deberes se miden universalmente por relaciones. ¿Es injusto tu hermano? Pues mantén tu situación respecto de él. No consideres lo que él hace sino lo que haces tú para mantener tu libertad en un estado conforme a la Naturaleza. Nadie puede herirte si tú no lo consientes. Sólo te lastimarán si crees que has sido lastimado. De esta forma, por lo tanto, aplicando la idea a un vecino, a un ciudadano o a un general, podrás establecer los deberes correspondientes si te acostumbras a considerar las diferentes relaciones.

Así que siguiendo con el mismo razonamiento, cultivar valores de su elección a través de alegorías, rituales y ceremonias, hace que las personas se vuelvan más dueñas de su propio comportamiento y por tanto puedan modificar racionalmente, acercándolas a su propio modo de ser, las interacciones sociales y sus resultados. Para los estoicos la ética es la base de toda actuación sobre lo social.

templo-de-pietas-augusteaPor eso, serán una de las fuerzas principales que lleven a la religio romana a convertirse en un sistema alegórico de los valores de convivencia. Y es que la creencia en seres autónomos superpoderosos al estilo de los dioses asiáticos, con un lenguaje de símbolos propio, les parecía simplemente pueril «superstitio». Es famosa la frase de Catón «es increíble que un arúspice no rompa a reír cuando ve a otro arúspice» que recoge Cicerón. Pero, desde luego, la idea de reconvertir en alegorías a los cultos antiguos y foráneos no es exclusiva de los estoicos, sino que ya formaba parte del ethos de las clases dirigentes de la época republicana. El mismo Cicerón (106 AeC-43 AeC), compañero en el Senado de Catón y uno de los críticos del estoicismo más influyentes de la primera etapa imperial, hace abiertamente campaña por crear dioses a medida, «racionalmente», en función de las necesidades comunes del «vivir juntos»:

Es conveniente también divinizar las virtudes humanas como la Inteligencia, la Pietas [superación por la comunidad], la Virtus [superación personal], y la Fides [respeto a la palabra dada]. En Roma, todas estas virtudes tienen templos consagrados oficialmente, de modo que aquellos que las poseen (y ciertamente las poseen los hombres de buena fe) creen que de esta manera los dioses se instalan en sus espíritus.

Es en este sentido que Marco Aurelio en el primer libro de sus «Meditaciones» agradece a su madre el haberle enseñado «el respeto a los dioses» tanto como a su padre el no tenerles «ningún temor supersticioso». Los dioses son alegorías; la «superstitio», tener «un miedo infundado a los Dioses»: es decir, confundir la representación de las alegorías en seres autónomos dotados de voluntad y capacidad de intervenir en la Naturaleza y la Historia.

Pero con los estoicos todo tiene una «vueltita» extra. Más allá de la «superstitio» hay que tener cuidado con esos valores porque cualesquiera elijamos, no deben oponerse a la Naturaleza y a sus leyes y tampoco a la naturaleza humana. No hay virtud en el dolor. No hay virtud en perseguir la escasez o el sufrimiento, del mismo modo que no hay virtud en la búsqueda del placer por sí mismo. Una ética que no se base en la naturalidad de los humanos, en la racionalidad de una comprensión cabal de su papel en la Naturaleza, solo puede ser «patológica» y alejarnos de la «ataraxia», la serenidad en la que ya habían fundamentado su ética los epicúreos. «Secundum naturam suma vivere», dirá Séneca, vivir de acuerdo a (nuestra) naturaleza.

Esa Serenidad nace de una vida basada en mantener la libertad y hacer libre uso de la Razón. Para Séneca, una vez más, el sentido de la vida es conocer y aprender, esa es la «elevación» o verdadera divinización del hombre. El sabio estoico entiende por virtud razonar, aprender y ganar conocimiento en un entorno material sin excesos, sin excesos, ni carencias dolorosas. Marco Aurelio agradecerá a sus padres por un lado haber podido disfrutar de maestros privados en vez de haber sido enviado a la escuela pública pues «para tales fines, es preciso gastar con largueza», y por otro haberle enseñado a «no vivir como los ricos». El gasto en conocimiento no es exceso, pues aumenta la libertad personal al permitirle conocer mejor la naturaleza de las cosas; lo suntuario, por contra, nos hace dependientes del poder ajeno y nos aleja de nuestra propia naturaleza, restándonos libertad.

El «minimalismo» estoico está diseñado para mantener la serenidad y la autonomía personal por encima de las relaciones clientelares (basadas en la distribución caciquil del bienestar). El sabio no debería aspirar a nada que no pueda producir dentro de un conjunto de relaciones «de acuerdo a Naturaleza», esto es, voluntarias, libres y basadas en derechos y deberes mutuamente aceptados. Epitecto dice:

Tendrá poder sobre los demás quien puede dar lo que otros desean y quitar lo que otros aborrecen. Por lo tanto, quien quiera ser libre, deberá acostumbrarse a no tener deseo ni aversión alguna de todo lo que depende del poder ajeno. De otra manera, será necesariamente un esclavo

muerte de senecaDefinida la ética como preocupación central del estoico y la virtud como el único objetivo razonable, lo político queda supeditado a la posibilidad de la mejora personal. En principio, siguiendo a Séneca una vez más, el estoico «no temerá la muerte, ni las cadenas, ni el fuego, ni los golpes de la fortuna; pues sabe que estas cosas, aunque parecen males, no lo son en realidad», pero si el entorno no permite la virtud, no deben sentir mayores obligaciones hacia la «polis», deben sentirse libres para marchar, pues a las finales no son sino «cosmopolitas», no se deben a otra comunidad que la que eligen libremente para desarrollar su virtud sobre relaciones equilibradas. La libertad para marchar, para segregarse, para suicidarse incluso, es la prueba última de si realmente somos libres.

Es decir, el estoico, por primera vez, define un ámbito de soberanía personal inalienable en el que «si poco ha de temer a los humanos, en nada a un Dios» (Scit non multum esse ab homine timendum, a Deo nihil).

En la práctica, lo que vienen a decirnos es algo así como «barra libre para ganar conocimiento y libertad, pero no te cargues con necesidades porque te harán dependientes de otros, menos libre, y si en todo caso, mantienes relaciones con otros que te proveen de cosas —clientes, sirvientes, estado— que no te afecten si fallan o intentan torcerte con la amenaza de romperlas». Epitecto de nuevo:

Comienza, por lo tanto, con pequeñas cosas. ¿Se ha derramado un poco de aceite? ¿Te han robado un poco de vino? Piensa en lo siguiente: «Éste es el precio de la serenidad y la tranquilidad; y nada es gratis en esta vida» Si llamas a tu sirviente, es posible que no venga; y si viene, es posible que no haga lo que deseas. Pero de ninguna manera tu sirviente es tan importante como para otorgarle el poder de alterarte en modo alguno.

marco aurelio asistencialistaY por lo mismo, en lo público, condenan la beneficencia (hoy diríamos «asistencialismo») y proponen en su lugar la filantropía, un concepto creado por ellos y que se diferenciaría por no generar dependencia sino autonomía. Los emperadores estoicos pondrán el énfasis en repartir tierras frente a repartir granos (aunque lo sigan haciendo en los momentos de crisis de abastecimiento), eliminarán rentas mientras legalizan y fomentan todo tipo de cofradías y asociaciones de apoyos mutuos —liberalizando en buena parte la creación de «colegia» y restándoles poder de monopolio— y practicarán la filantropía desde una primitiva visión del aparato imperial como algo que debía ser ligero frente a una sociedad robusta ante las amenazas a la libertad. Marco Aurelio agradece a su «hermano» Severo:

el haber concebido la idea de una constitución basada en la igualdad ante la ley, regida por la equidad y la libertad de expresión igual para todos, y de una realeza que honra y respeta, por encima de todo, la libertad de sus súbditos

Epicúreos y Estoicos

epicuro¿Pero qué diferenciaba a epicúreos y estoicos? En principio poco. En ciencia, los epicúreos insistían en su teoría atómica como base de un materialismo científico y los estoicos en una visión reticular (la Naturaleza como un gran conjunto de cosas conectadas entre sí). En Epistemología, los epicúreos seguramente eran más sutiles y llegaron en los primeros tiempos del Imperio a postulados cercanos a los de la ciencia renacentista. Y en su ética, ambos buscarán la «Ataraxia», la serenidad o soberanía personal, como resultado de la virtud.

Pero la serenidad epicúrea está ligada a la felicidad y la estoica al amor por el conocimiento. Y la diferencia no es menor. La promesa de la felicidad mediante la moderación, el disfrute y los haceres de Epicuro, otro minimalista avant la lettre tiene en cuenta el azar, lo imponderable en la Naturaleza y la sociedad.

Siguiendo los modelos de la Naturaleza de cada escuela, el estoico se piensa parte de la totalidad social, individuo en la búsqueda del conocimiento; mientras el epicúreo se piensa átomo de una comunidad más pequeña, real, el jardín, unida en la búsqueda de la felicidad y cohesionada por la fraternidad.

Como resultado, el estoicismo, ponderado, apolítico… al final queda ligado a la política, pues no hay nada entre el individuo y la totalidad de la sociedad o el estado. El estoico, en principio ajeno y desinteresado por el estado, listo siempre a marchar o suicidarse si no ve condiciones suficientes para vivir como gusta, acabará teniendo una tremenda influencia en la formación y valores de las élites imperiales hasta el punto de dar forma al gobierno de al menos dos de los llamados «cinco emperadores buenos»: Adriano y Marco Aurelio, él mismo uno de los últimos grandes pensadores estoicos de la Antiguedad.

Aunque no nos engañemos el estoicismo, movido seguramente por motivos prácticos, ganará verdadera influencia social a través de movimientos comunitarios entre las clases «cosmopolitas» (como vimos con el mitraísmo)

Platónicos y estoicos

escuela de atenasEl núcleo central del platonismo es la teoría de las ideas. Según ella, el mundo que percibimos es solo una representación de un mundo abstracto de ideas inmutables. Todo lo que para nosotros es «real» solo es una forma degradada respecto a su origen. Esta importancia de la naturaleza ideal y originaria de las cosas (ontología) ha dado forma a muchas ideologías que hoy nos rodean. Para el pensamiento ontológico cristiano, heredero del platonismo, las cosas son puras en su origen, pues las ideas son creaciones divinas, y su «paso» por el mundo no es más que una degradación, que solo cobra sentido si su historia se entiende como el camino hacia una restauración, a una vuelta al origen. Este origen sería Dios en la visión del tiempo de los cristianos, pero el formato aparece bajo multitud de avatares: la clase que se emancipa emancipando a toda la Humanidad en el marxismo, la patria que recupera su esencia originaria a través de la afirmación de un estado propio en una identidad culturalmente «purificada», etc.

Estoicos y epicúreos estarán en el extremo opuesto de a esta visión ontológica del mundo, que buscará «cambiar a los hombres», «mejorarlos» de acuerdo a ideales preconcebidos. Para los estoicos lo que importa no es «restaurar» nada, ni tiene sentido pretender cambiar las necesidades humanas. Se trata de tener una visión cabal de lo posible y actuar en consecuencia. Y para eso hay que alinear las expectativas con las posibilidades que marcan las leyes naturales, el conocimiento y la tecnología disponibles en cada momento. No serán los dioses los que hagan llover, los que acaben con las enfermedades o cambien el curso de los ríos.

E igualmente, no podemos esperar que la naturaleza humana cambie ni cambiarla a golpe de leyes y castigos. Por el contrario, hay que entender y aceptar la naturaleza humana tal cual es, y desde ahí fomentar «ethos» virtuosos. En plural, sí. Porque para los estoicos esa «naturaleza humana», aunque responde a una base común, no se desarrolla ni manifiesta igual en cada persona, sino que toma forma en base a su propia experiencia, su conocimiento y el sentido que le ha dado a su existencia.

Es decir, la relación con la Naturaleza del estoicismo será ante todo «tecnológica», pues no buscará una «vuelta a los orígenes», sino un alineamiento entre lo posible en el entorno y lo necesario para las personas a través del conocimiento científico.

Y del mismo modo, en lo social generará una «praxología» que desarrollará la ética de la virtud-conocimiento donde quiera que el estoico se desempeñe, sea como instructor o en las magistraturas del Imperio. Esa praxología, tiene que tener en cuenta «cuál es la naturaleza del conjunto y cuál es la mía, y cómo se comporta ésta respecto a aquélla y esa parte [a su vez], de qué conjunto es», es decir, pensar en términos de red. Y siempre, al menos para Marco Aurelio, que a fin de cuentas era emperador, sin renunciar al hablar franco, pues «nadie te impide obrar siempre y decir lo que es consecuente con la Naturaleza, de la cual eres parte».

El ethos del aprendizaje estoico

aprendizDescubrir esa «naturaleza de las cosas» es la aventura permante del estoico. Y como hemos visto, no entiende que la naturaleza humana sea única o tenga un único modelo, sino muchos. Cada persona que se nos coloca enfrente es un mundo a descifrar. Así que a diferencia del cínico, no será un silente, sino alguien en «serena» escucha. Cuando Zenón fue invitado por primera vez por Antígono de Macedonia a un banquete, parece que el rey, sorprendido por su silencio, le mandó un recado preguntando por qué no intervenía en la conversación. «Decidle al rey que aquí hay un hombre que sabe escuchar», respondió. Una frase celebrada de quien bromeó con un discípulo apuntando que si tenemos dos oídos y solo una boca, es porque deberíamos escuchar el doble de lo que hablamos.

Pero ni Zenón ni ninguno de los grandes estoicos griegos, y mucho menos los latinos, eran en absoluto callados ni ágrafos. Estaban definiendo en realidad una forma de relación con lo social basada en la escucha activa, del mismo modo que su relación con Naturaleza se fundamentaba en la observación práctica. Este amor por la escucha, el primer valor que los maestros estoicos transmitirán en todos los ámbitos a sus discípulos, será una de las pistas para seguir las huellas del estoicismo en tiempos medievales en siguientes entregas.

Moraleja

El uso popular de la palabra «estoicismo» implica resignación, aguante. Pero la verdad es que los estoicos no se resignaron, cambiaron el mundo aprendiendo a escuchar, y haciendo de cada acto y cada día una batalla por ser más libres. No se volcaron en la política ni confiaron la sociedad al estado, aunque aportaran grandes gobernantes, defendieran la dignidad de los esclavos, y buscaran extender la educación a los menos pudientes. No se obsesionaron con los orígenes y las esencias, sino que abrazaron y defendieron la irreductible diversidad de la naturaleza humana, asumiendo un cosmopolitismo que enaltecía tanto la autonomía del individuo como las comunidades reales, pequeñas, dedicadas a generar conocimiento de los cercanos epicúreos; pusieron por encima la soberanía personal y la serenidad que la caracteriza, sobre cualquier convención social o estructura de poder. Y defendieron la integridad personal y el amor por el conocimiento hasta el punto de defender el derecho a separarse y abandonar la comunidad política, e incluso la vida, si el entorno hacía que una vida virtuosa fuera insostenible.

Fueron uno de los hilos con los que se tejió esa maraña de valores y relatos al que la Historia llama Europa. Y los que vivimos en Europa hoy, deberíamos releerlos para no caer en la resignación ni en la melancolía.

«Por qué Europa debería releer a los estoicos para no caer en la resignación» recibió 21 desde que se publicó el viernes 11 de abril de 2014 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

Deja un comentario

Si no tienes todavía usuario puedes crear uno, que te servirá para comentar en todos los blogs de la red indiana en la
página de registro de Matríz.

Grupo de Cooperativas de las Indias.
Visita el blog de las Indias. Sabemos que últimamente no publicamos demasiado pero seguimos alojando a la red de blogs y a otros blogs e iniciativas de amigos de nuestras cooperativas.