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Formas no capitalistas de remunerar el capital

Una de las características más interesantes de la forma cooperativa es que permite remunerar a los socios financieros de formas no capitalista. Formas que apuntan hacia un nuevo tipo de sistema productivo y un nuevo rol del capital.

CoooperaciónLa característica que hace que el capitalismo se llame así es que por defecto:

  1. la propiedad de la empresa recae integramente sobre los propietarios del capital y
  2. las rentas extraordinarias (todo lo que supera el precio de mercado de los factores) se reparte exclusiva y proporcionalmente entre las distintas participaciones de capital a través del dividendo.

La forma cooperativa en cambio permite una libertad prácticamente total en la remuneración de los factores. Muchas cooperativas tienen sistemas originales para remunerar al capital y algunas pequeñas empresas, bajo la forma de SLs, las han imitado en estos años de crisis.

Techos y suelos

Los techos y el suelo de la remuneración de capital están normalmente regulados por ley. La ley de Cooperativas de Euskadi, seguramente la más avanzada del mundo, marca dos referencias que parecen cabales:

  • No podrá haber pago de interés al capital social si en el ejercicio no se dan resultados positivos en la cooperativa. El suelo por tanto es cero, el capital sólo puede ser remunerado en caso de que existan excedentes por lo que obligatoriamente asume riesgo.
  • El techo máximo se fija en el tipo de interés legal (actualmente 4,25%) más un extra de 6 puntos.

Alternativas dentro de los márgenes

Dentro de estos márgenes la remuneración se fija en los estatutos cooperativos y puede tomar todo tipo de formas. Las más comunes son:

  1. Tipo del dinero más un extra. Es la forma clásica de las grandes cooperativas industriales. Sirve además, mediante la inversión automática de la participación del trabajador al jubilarse, para asegurar a los antiguos trabajadores de estas cooperativas una renta complementaria a la pensión. El extra se revisa anualmente en función de los planes de negocio, pero suele estar entre los 4 y los 6 puntos, dentro siempre del margen marcado por las leyes, que varía en cada lugar.
  2. Porcentaje sobre el excedente supeditado al techo legal. Garantiza al inversor una remuneración flexible que aumenta proporcionalmente con los excedentes cooperativos hasta que alcanza el techo legal estipulado (actualmente del 10.6% del capital invertido originalmente).
  3. Alguna de las anteriores más compras preferentes y otras remuneraciones no monetarias. Una parte importante de los incentivos al capital no tiene por qué ser monetaria. Muchas empresas invierten en otras para asegurar una relación estable que les permita acceder a los productos a precios previsibles en el medio plazo o simplemente asegurar el suministro. Este tipo de incentivo es muy común en las empresas de servicios. Reduce el riesgo del inversor en su actividad principal sin generar un coste extra a los socios de trabajo.

¿Por qué los fondos de capital no invierten en cooperativas?

Una remuneración de la inversión superior al 10% sin contar con los incentivos no económicos, es para cualquiera hoy en día, un «chollo», pocos son los capitales productivos que aseguran esas rentabilidades… y sin embargo, no hemos visto a los fondos de inversores y mucho menos a los capitales de riesgo orientarse hacia las cooperativas. Dejemos estos últimos para el final.

El 5 de abril de 2005 Juan Urrutia apuntaba las claves de la crisis que estallaría más de dos años más tarde en un artículo que se titulaba «Por qué no invertimos en Africa». Explicaba en él cómo los proyectos de inversión a medio y largo plazo no podían competir con los derivados financieros:

Luego la pregunta sigue viva: ¿por qué no invertimos en Africa? Mi respuesta es que el capitalismo de hoy no puede hacerse cargo espontáneamente del desarrollo de Africa porque, en primer lugar, el inmobiliario se revalúa más rápidamente que nunca, y porque, en segundo lugar, hay una enorme trampa de la liquidez flotante hacia inversiones reales significativas, reteniéndola en activos financieros complejos.

Dejando para otra ocasión el análisis de la impaciencia y el inmobiliario, creo que lo relevante hoy es que estamos asistiendo a una efervescencia financiera que genera una proliferación desbocada de productos que aparentemente novedosos que, a pesar que sólo recombinan otros ya conocidos, se venden a franjas de la población sin gran preparación financiera, y a menudo, consiguen el apoyo de gestores poco formados que los recomiendan siguiendo un comportamiento gregario. Mientras subsista la esperanza irracional de que estos productos nos pueden hacer inmediatamente ricos, nadie estará dispuesto a intervenir en sociedades organizadas expresamente para la construcción de obras hidráulicas en el río Congo, por decir algo.

Más allá de recordarnos que los orígenes y causas de la crisis eran perfectamente previsibles y que de hecho hubo quien como Juan, avisó cuando era posible evitar las presuntamente «inevitables» consecuencias, la argumentación explica claramente por qué la inversión en cooperativas -y en general en empresas productivas- no resultaba interesante para el capital. Tenía una mejor oportunidad a corto.

Pero había un caso en el que los capitales no sólo afluían sino que buscaban y buscan activamente proyectos: el capital riesgo. Orientado a negocios y plataformas online es prácticamente imposible encontrar inversiones en cooperativas a pesar de que la remuneración del capital fuera en prácticamente todos los casos muchísimo menor. ¿Por qué?

Porque el beneficio esperado por los inversores no era el derivado del reparto de dividendos, que en la mayoría de los casos ni siquiera se produce nunca. El negocio del capital riesgo está en la revaloración y venta de las participaciones. Se trata de procesos especulativos en los que la promesa de rentas derivada de escala, establecida mediante campañas de hype, atraen inversores que juegan a la revalorización y salida. Ese es el juego tanto en el llamado «circo del emprendedor» europeo o latinoamericano (que por lo general apuesta a la venta a una empresa californiana de similar modelo de servicio en internacionalización) como en EEUU donde todavía genera estupor que Goldman Sachs apueste por facebook a unos precios tan obviamente divorciados del dividendo repartido.

Evidentemente la especulación sobre la propiedad de la empresa es algo -afortunadamente- imposible para las cooperativas. Veremos, en los próximos años, si el gran capital es capaz de afrontar el reto de la innovación desde un punto de vista distinto al de la especulación con las propias empresas y por tanto el modo de vida de las personas y su entorno. De momento, a pesar de que la carencia de financiadores haya aparecido como uno de los problemas endémicos de las cooperativas, hay que decir que en realidad ha sido una bendición: gracias a que las cooperativas han permanecido al margen de lo que Saskia Sassen llama «financiarización» de los sistemas productivos, están demostrando en la crisis cómo son capaces de crear cohesión y riqueza por si mismas sin rentas distintas de las de innovación ni trucos de jugadores de ventaja.

Nuevos capitales, nuevas formas

Pero eso no significa en absoluto que haya que prescindir ni dejar de remunerar al capital. El postcapitalismo orientado a la abundancia requiere en realidad un perfil de inversor nuevo que hoy es ya emergente con cantidades mucho menores de capital, olfato para la innovación y voluntad productiva. El tipo de inversor que no especula, sino que persigue la creación de riqueza.

Es para ellos que tenemos que diseñar los sistemas de remuneración alternativa del capital.

«Formas no capitalistas de remunerar el capital» recibió 0 desde que se publicó el Martes 27 de Marzo de 2012 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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