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Galileo: ¿jaque o harakiri?

El posicionamiento es el arma clave en la guerra y el terrorismo modernos. Lo que hasta hace poco era un monopolio controlado por Rusia y Estados Unidos se abre ahora al mundo gracias a Galileo, el proyecto tecnológico europeo más ambicioso desde la segunda guerra mundial. Para poder financiarlo la Unión Europea abrirá su uso a grupos privados y estados de todo el mundo, empezando por China. Mientras Al-Qaeda amenaza directamente a España y China levanta su propia Guerra de las Galaxias, cabe preguntarse si el jaque a EEUU no podría convertirse en un hara-kiri europeo.

El 11-S fue un hacking al centro del sistema de transporte occidental, el GPS, nos aseguraba en Praga el profesor Istvan Csicsery-Ronay. Y es verdad. Pero ahora las cosas podrían cambiar: terroristas y estados gamberros podrían no necesitar hackear nunca más, la Unión Europea está dispuesta a alquilarles el servicio en cómodas cuotas. O eso al menos es lo que podría desprenderse de sus propios comunicados. Nada ha producido más briefings en el Pentágono durante las últimas semanas, nos comenta Rafael Bardají, Subdirector del Real Instituto Elcano y uno de los españoles más influyentes e informados de Washington.

El Arte de la Guerra just-in-time

¿Por qué tanta preocupación?. La estrategia militar se ha tecnificado y cambiado profundamente merced a las nuevas tecnologías. Frente a lo que postulaba la teoría de la superioridad abrumadora de efectivos de hace diez años (y que sigue defendiendo el entoces Jefe de Estado Mayor y hoy Secretario de Estado Colin Powell) ahora la superioridad informativa que la tecnología ofrece, es la clave del éxito y el fracaso.

En la invasión de Iraq ya no existían los libros de órdenes mastodónticos que habían ocupado a los mandos militares desde las guerras napoleónicas hasta la primera guerra del Golfo. El número de soldados sobre el terreno es casi diez veces menor que la operación Tormenta del Desierto. En Afganistán el mando operativo estaba en territorio norteamericano, a miles de kilómetros de distancia. Ambas campañas son revolucionarias desde el punto de vista militar, demostraban en la práctica las tesis del secretario de Defensa Rumsfeld: es posible cambiar fuerza operativa por velocidad. Pero esta velocidad operativa sólo es alcanzable si se dispone de información en tiempo real de la situación de cada una de las unidades propias y ajenas.

La nueva guerra está basada en el GPS, cuando una unidad militar llega al terreno las tres preguntas clave son dónde estoy, dónde están los míos, dónde están los otros, las preguntas que la red de satélites de posicionamiento responde automáticamente. El GPS transforma la guerra moderna de un modo similar al que los ERP transfomaron la organización de las grandes empresas durante la última década: haciendo más ligeras sus estructuras de recursos, agilizando la toma de decisiones y permitiendo a la organización la simultaneidad coordinada de frentes. Este es el núcleo de lo que se ha llamado la Revolución de los Asuntos Militares, revolución que Galileo amenaza con poner al alcance de todos.

GPS: una historia ciberpunk

Pero aunque el debate sobre el GPS y Galileo no había sido hasta ahora excesivamente claro respecto a su trasfondo militar y de seguridad, tampoco en una novedad ni en los ambientes políticos ni en los tecnológicos. De hecho, desde la aparición de las primeras evidencias de una nueva carrera espacial con China e India como protagonistas, es un tema recurrente en los análisis políticos de los autores ciberpunk.

GPS es en realidad un viejo conocido. El sistema de 24 satélites orbitales fue puesto en marcha en 1973 reservando una parte de su uso a la navegación civil. A la señal militar -que tiene su propia banda y sistema de encriptación- se le añade una interferencia antes de emitirla desencriptada. Esta señal abierta es la banda de uso civil del GPS que cualquiera puede utilizar gratuitamente con un sencillo localizador. Hasta hace dos años la interferencia generaba un error de ± 100m. Nada espectacular cuando hablamos de localizar a un montañero perdido, saber la posición de un mercante en alta mar o un paquete de correo, pero suficiente para que no pueda ser utilizado como guía para aviones de combate o misiles de precisión.

Sin embargo, como parte de una estrategia destinada a transmitir a la Unión Europea que es mejor compartir GPS que desarrollar Galileo desde cero, Estados Unidos ha disminuido la interferencia hasta reducir el margen de error en usos gratuitos y civiles a 10 metros, tan sólo dos más de los que Galileo ofrecerá cuando esté desarrollado. Y es que aunque a Estados Unidos lo que le gustaría sería ganar a las corporaciones y gobiernos europeos para invertir en la tercera generación del sistema GPS, de usos civiles avanzados, en cualquier caso no garantiza la calidad del servicio civil público en áreas de combate, como Iraq, o en situación prebélica, como Korea del Norte. Y sobre todo pretende asegurar que no sea utilizado con fines militares por países inestables u organizaciones terroristas, lo que a juicio de los europeos, justificaría por si mismo desarrollar un sistema propio, dado que la única alternativa existente, GLONASS, aunque sólo ligeramente inferior desde un punto de vista tecnológico, está monopolizada por la defensa rusa y no tiene vocación civil fuera de sus fronteras.

Europa: Poco dinero + mucha ambición = ¿malas compañías?

Resumiendo, el discurso europeo sería algo así como no quiero dejar el control de mi ejército y mis flotas aéreas y mercantes en tus manos para no depender de ti a la hora de actuar militar o comercialmente en el mundo. Algo que aunque lógicamente no entusiasma en Washington, aseguran no temer, como tampoco temen a día de hoy a GLONASS, dado su carácter cerrado frente a terceros países.

De hecho los norteamericanos lo que temen es que, no pudiendo los europeos financiar en solitario la tecnología que es la base de la guerra moderna, presten el servicio a los chicos malos de la comunidad internacional. Y es que el principal problema de Galileo es su financiación, como nos cuenta el profesor Florentino Portero, secretario del GEES, el principal think-tank neocon español en política exterior y de seguridad. A día de hoy sólo hay dos formas de financiarlo, nos asegura, mediante un incremento significativo de los déficits europeos o mediante la cesión de uso a terceros. Es este hecho lo que lleva a muchos a temer que surjan como setas empresas de prospección petrolífera y minera que contraten Galileo con fines maliciosos. Temor nada paranoico cuando son públicas sospechas bien fundadas de que ciertas empresas saudíes bien establecidas e incluso relacionadas empresarialmente con la familia Bush, financiaran el atentado de las Torres Gemelas. Los norteamericanos parecen pensar que si no pueden fiarse de sus propios socios comerciales, como van a fiarse de los de los europeos cuando Francia financia al régimen integrista de Sudán y rechaza considerar a Hamas una organización terrorista.

La cuestión de fondo es que en un mundo globalizado, la seguridad también es global. No cabe pensar que lo que a un lado del Atlántico produce inquietud no deba producirlo al otro. Esa ha sido la doctrina europea hasta ahora aunque el planteamiento europeo actual parecezca olvidar que ni el terrorismo internacional ni las dictaduras suelen hacer muchos distingos a la hora de usar la fuerza y la tecnología cuando están a su disposición. De hecho el primer gran socio de los europeos en Galileo no es otro que China. En un contexto que tampoco contribuye a pensar que vaya precisamente a servir a la paz mundial ni a la tranquilidad de los europeos, sus intereses y sus ciudadanos.

Conclusiones

No deja de ser curioso que por una vez que la Unión Europea apuesta por democratizar y dar libre acceso a la tecnología, los beneficiarios no seamos los ciudadanos sino estados y organizaciones privadas no comunitarias potencialmente peligrosas para nuestra seguridad. ¿No hubiera sido mejor empezar por casa con la música o la información científica?

«Galileo: ¿jaque o harakiri?» recibió 0 desde que se publicó el Lunes 20 de Octubre de 2003 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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