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Gates Zero: ¿revolución o recentralización?

Bill Gates quiere poner todos sus recursos a la cabeza de lo que pretende ser una nueva revolución en la energía, la tecnología y los negocios: le llama Zero. ¿Busca un nuevo campo en el que construir un monopolio global o marca un camino de transformación real?

La primera pista nos la dió el Ecoperiódico: Toshiba y Terrapower (una empresa de Gates) habrían comenzado a trabajar en un nuevo tipo de reactor nuclear:

El nuevo reactor, al contrario que los tradicionales, funcionaría con uranio empobrecido y se comercializaría a partir de 2020. Al consumir muy poco combustible, este tipo de tecnologia nuclear produciría una cantidad considerablemente menor de residuos radioactivos

Pero la puesta de largo vino con una conferencia TED en la que Gates reveló la iniciativa como parte de una estrategia de mayor alcance:

La conferencia fue inmediatamente etiquetada como el discurso medioambiental más importante del año:

Gates predijo una extraordinaria acción climática: Zero. Nada de pequeños pasos, nada de progresar poco a poco, nada de hacer las cosas mejor: cero, cero emisiones. De hecho se plantó frente a una diapositiva que no tenía otra cosa que una imagen de la Tierra y el número cero. Ese momento es lo más importante que ha pasado en TED hasta ahora.

Gates, con fuertes vinculaciones con el partido republicano, no se ha colocado en la senda alarmista de Al Gore. A estas alturas, su discurso no lo necesita. La sensación de culpa por el desarrollo está ya profundamente instalada en la conciencia americana y ni siquiera los negacionistas pueden erosionarla demasiado. Gates ha entendido que si Gore ha jugado un tremendo rol mundial como profeta de la catástrofe, él puede jugar uno mayor como Moisés de la solución:

La idea de que cero emisiones no ha de significar el fin de la buena vida, sino de hecho, una forma de vida mucho mejor, es inconcebible para la gran mayoría de ellos. Cuando hablamos de cero emisiones suena a locura. Pero cuando Bill Gates habla de cero emisiones, suena visionario. Gates hizo creible al gran público la principal idea sobre el planeta. Es una gran cosa.

La energía prometida y sus elegidos

Gates mostró las emisiones de CO2 como el resultado de una función potencial. La única solución para evitar que los resultados se disparen es un “milagro energético“, una fuente de energía climaticamente neutral que ponga el resultado a cero.

En un homenaje inconsciente a Mao Tse Dong, llamó a 1.000 emprendedores a desarrollar soluciones y prometió el abrumador apoyo de su fundación, la mayor del mundo.

¿Un becerro de oro energético?

Hubo muchos que en su día vieron la Fundación Bill y Melinda Gates como una especie de redención del gran tiburón de la propiedad intelectual. A fin de cuentas, la fundación exige que los descubrimientos y vacunas cuyo desarrollo financia queden en Dominio público. Otros lo vimos como un ejercicio de cinismo.

La campaña Zero está basada en el florecimiento de empresas que miden sus avances en patentes. Empresas que no se pueden permitir cuestionar la estructura de la red energética porque su potencialidad para generar un monopolio similar al que ostentó en el mundo del software Microsoft durante años, depende de su mantenimiento.

Gates en su nuevo discurso puede resultar maravilloso para los creyentes en Gaya porque para ellos todo lo que importa es no dañar a ese ser imaginario e imaginariamente sufriente que, pese a identificar con la Naturaleza, colocan fuera de lo humano y so lógica. Para ellos un nuevo combustible climáticamente neutral puede ser un gran paso. En cambio, para los que colocamos a las personas en el centro del desarrollo tecnológico, es evidente que hacia donde Gates apunta es hacia una nueva centralización energética basada en grandes patentes que llevaría a un nuevo estadio el modelo del tecnoimperialismo al que Microsoft tanto contribuyó en los noventa.

Al final del viaje no tendríamos una sociedad más resiliente, sino más dependencia, más royalties, más control. Eso sí, veríamos unas ciudades limpísimas con coches eléctricos y puestos de repostaje en vez de gasolineras. El desagradable mundo del motor de combustión habría llegado a su fin o quedado para los más pobres (tan destructivos ellos con el planeta). Los buenos serían religiosos pagadores de patentes de la factoría Gates aunque hubieran perdido un pedazo más de control sobre el futuro y la sostenibilidad social de sus comunidades, sus empresas y sus vidas.

Pero afortunadamente, el futuro no se resuelve en una alternativa entre un decrecionismo culpabilizador, tecnófobo e insolidario y un Gates Zero que nos condena a la dependencia tecnológica y la pérdida de soberanía sobre nuestras vidas, iniciativas y negocios.

El camino del cambio real no está en la energía simplemente limpia, sino en la energía distribuida cada vez más limpia. Así manche un poco más durante un poco más de tiempo, sólo una sociedad más libre podrá construir un metabolismo común con la Naturaleza que sea sostenible sin implicar menos resiliencia global, más transferencias de pobres a ricos y menos soberanía para todos.

«Gates Zero: ¿revolución o recentralización?» recibió 0 desde que se publicó el jueves 25 de marzo de 2010 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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