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Genio y ánimo

Genius y animus son dos conceptos de la religio romana que aún hoy pueden sernos útiles para el trabajo en comunidad y hacer consciente la forma en que nos representamos

La distinción que la religio romana hacía entre genius y animus es interesante hoy para cualquier comunidad, especialmente las de trabajo. El genius, el genio, describe ese principio vital, ese impulso nebuloso por el que cuando fundamos un proyecto o una comunidad siempre pensamos que va a ser distinta.

Pero el genio madura aunque sea relativamente autónomo de los avatares que sufre la comunidad en cada momento. No tiene un destino, el genio se hace. Puede torcerse, oscurecerse, volverse incluso mortal para quienes la habitan. Pero también puede estilizarse, crecer, estirarse hasta convertirse casi en un ideal, en una referencia que trascienda a la propia comunidad. En términos clásicos, el genio puede llegar a ser divino. Por eso fue el Genius Augustii, el genio del emperador Augusto y no Augusto mismo, el que fue deificado y honrado como ideal del buen gobierno. Puede sonar exótico, pero ese afán de trascendencia ¿No sería algo parecido al afán actual de tantas empresas por convertirse en case study de las grandes escuelas de negocio?

Así como genio de una comunidad evoluciona como el carácter de una persona, el animus bandea, vacila, se recompone o cae. El animus es el estado del ser, el peculiar y único sistema de equilibrios que en cada momento representa nuestro estar y que en conjunto hace la experiencia de los que se acercan o conviven en la comunidad. El animus es el ánimo, un estar, pero también el alma, un modo de ser.

Genius y animus se relacionan como un corredor y una cometa unidos por una cuerda. En un momento uno puede tirar de otro, puede azuzarlo o ayudarle a remontar (¿qué mejor genio que la resiliencia?)… o todo lo contrario. Un ánimo siempre oscurecido por un entorno hostil puede amargar un genio en principio vital y optimista. Un genio pesimista puede enturbiar el ánimo en el contexto más fértil.

Sólo uno de los dos sin embargo tiene posibilidades de sobrevivir al otro, de trascender. El ánimo es una propiedad de la comunidad real, de su ser material, experiencial. Acaba cuando la comunidad desaparece o se disuelve. El genio, si hemos conseguido madurarlo, relatarlo, transmitirlo, puede sobrevivirnos y reaparecer en otros como inspiración, del mismo modo que los viejos artes medievales nos inspiran hoy una forma de enfrentar el trabajo y la relación con las cosas.

Distinguir pues entre genio y ánimo es dotar de la perspectiva del tiempo a nuestra visión de futuro de la comunidad… sin separar los pies del suelo.

«Genio y ánimo» recibió 1 desde que se publicó el Jueves 24 de Septiembre de 2009 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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