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Gestos que cuentan una historia

En la religio la adoratio es un gesto con el que una persona acompaña, como signo de respeto, su comunicación con un dios. Tirar un beso con la mano o besar la propia mano y luego tocar con ella el altar o un objeto de culto, eran adoratios comunes. Otras, como besar la figa (el típico ¡por mis muertos!), que ya aparece en Ovidio (Fastos V-433), estaban relacionados con cultos concretos: besar la figa no es sino una adoratio que invoca protección a los Manes, espíritus de los antepasados.

Siempre me llamó la atención la actualidad, continuidad y cotidianidad de estos gestos, en la mesa (al derramarse el vino), al entrar en las casas, en exvotos marineros… incluso en la Semana Santa (¡¡guapa!!).

Lo que nos enseñan en la escuela es que en el 313 Ec Constantino promulga el edicto de Milán, primer paso de la imposición del cristianismo como religión de estado que culminaría con el Edicto de Tesalónica del emperador Teodosio en el 380 Ec.

Pero el caso es que destacados miembros hispanos del propio grupo de poder teodosiano eran según Barceló y Ferrer, practicantes de la religio. Y treinta años después todavía se están erigiendo estelas a dioses locales, como la famosa -y discutida- estela de Erodino.

De hecho, en la península ibérica, no hay una orden directa de destrucción y cristianización de los templos hasta el 435 Ec. Y según datos que comenta Javier Arce a finales del siglo cuarto es muy probable que la religio siguiera siendo mayoritaria en las provincias hispanas y el cristianismo una religión de las élites cercanas al poder imperial.

En ese marco no es de extrañar que lo que era un cambio profundo y global de religión se pretendiera hacer pasar por un cambio de culto, de sistema de veneratio. A fin de cuentas, es una de las grandes virtudes de la religio aceptar cambios de nombres o nombres dobles en los dioses. La política en las ciudades consistió en apropiarse, profanar y resignificar los viejos templos dando una imagen de continuidad: Isis se convirtió en Nossa Senhora do Leite de Braga y en Nuestra Señora de los Ojos Grandes en Lugo, Venus y sus templos en vírgenes del Carmen, etc.

Muchos cultos populares, algunos de los cuales ya eran romanizaciones de dioses autóctonos pudieron adaptarse de modo similar. Así el Jupiter Candamius astur (representado como Jupiter Pankrates) pudo convertirse en San Pancracio -con perejil y todo. Estas transformaciones podían llevar generaciones, como el paso del Mars Cariociecus galaico (origen de la palabra carioca= fragor) a un improbable apostol Santiago guerrero.

Y es que si lo que nos cuenta la Historia resumida que todos estudiamos es, a partir de Teodosio, una sucesión de persecuciones y guerras de religión crisitianas (entre niceanos y arrianos y ambos con priscilianistas -la primera herejía ibérica), en realidad, de forma pareja hay una sorda y muchas veces brutal persecución de la religio en el medio rural, razón por la cual los más sedicentes politeistas serán llamados paganos (campesinos).

La represión del mal llamado paganismo irá en crescendo y no parará con la conquista musulmana (vista como liberación en amplios sectores de la sociedad hispanoromana, especialmente en la antigua Ulterior). No en vano es es en la Hispania cristiana donde se funda en 1214 la orden de los Predicadores (dominicos), verdaderos creadores del concepto de brujería (inmortalizado en el Malleus Malleficarum escrito por dos de ellos). Como escribe Enrique Echarra:

la brujería únicamente consistía en determinados vestigios de religiones ancestrales naturales que existían por Europa antes de la imposición del cristianismo, llegando a convivir tales antiguas religiones con el cristianismo durante la época medieval. Según éste fue adquiriendo mayor importancia y fue creciendo el número de sus adeptos, se comenzó a considerar a ciertos dioses de la antigua religión como figuras diabólicas. En consecuencia, los que practicaban la antigua religión se convirtieron en brujas y brujos bajo el prisma de las autoridades eclesiásticas

El concepto dominico de brujería, que recogerá la bula Summis Desiderantes Affectibus (1487) del Papa Inocencio VII (inicio que suele citarse de la gran caza de brujas europea) es impensable sin la emergencia de la Inquisición. Esta institución (fundada en 1231) ciertamente recoge toda una tradición de predicación, conversión y represión hispánica de las creencias rurales.

La unión de esa concepción social y de control del territorio con la centralización del poder emprendida por Fernando de Aragón e Isabel de Castilla se materializará en 1478, cuando estos puedan elegir por primera vez a los inquisidores, convirtiendose la Inquisión Española en el primer cuerpo de investigación centralizado, momento en el que nace para muchos autores el primer estado moderno.

Con todo, la represión de la brujería en la península ibérica fue a pesar de masiva -miles- muchísimo menos cruenta que en los países del Norte europeo (donde fue realizada mayoritariamente por tribunales locales civiles). En total menos de un centenar de personas fueron a la hoguera durante los siglos XVI y XVII acusados de brujería o delitos equiparables, aunque muchos más sufrieron exilios, sanbenitos, etc. Es interesante señalar que a diferencia del Norte europeo, donde más del 60% de las víctimas de las condenas fueron mujeres, en la península estuvo más equilibrado, lo cual revela que los cultos supervivientes no eran sólo del tipo báquico/dionisiaco o diosa-de-fertilidad (como los akelarres o los intxixus), sino también del persistente númico (culto a espíritus de lugares y antepasados).

Convertida en superstición, degradada en un ambiente sin acceso a sus propias fuentes, de la vieja religio apenas quedaba un rescoldo manchado a fondo de prejuicios cuando en el siglo XIX fue abolido el Santo Oficio. Las nuevas clases ilustradas lo recuperán posteriormente como folklor nacionalista o como objeto científico-antropológico (Julio Caro Baroja), continuando una tradición paternalista cuyas raices se remontan ya a algunos inquisidores humanistas.

Hoy, en el estallido de la postmodernidad, vuelven los viejos dioses de mano de los reconstruccionistas, no sólo en Grecia -donde han tenido una resurgir sonado– sino con distintas formas en la península, que van desde el reconstruccionismo paganista vasco de Sorginkoba al Cultus Deorum del CPHR.

Desconozco la situación legal de estos cultos y agrupaciones. En cualquier caso les recomendaría tener cuidado. En algo lleva razón el nacionalismo español con sus delirantes lecturas históricas: la espina dorsal de los estados ibéricos y su cultura política se construyó sobre el hilo del tiempo como negación y represión de todo gesto de amor por el equilibrio y la diversidad, es decir, sobre la senda abierta por la persecución de la religio. Aunque luego tomaran protagonismo cristianos nuevos, masones o libertarios, el surco estaba hecho y al enemigo original no se le olvidó nunca. La persecución del paganismo está en el ADN de la cultura de castas -osea castiza- peninsular. Y no hay que olvidarlo nunca. Por eso, cuando hago la adoratio o bendigo con libaciones, miro antes a los lados o tengo una bonita historia de folkrore con la que tranquilizar a las visitas.


Post dedicado a Gorka. ¡Gracias hermano!

«Gestos que cuentan una historia» recibió 0 desde que se publicó el miércoles 7 de octubre de 2009 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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