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Gordon y la «kvutza»

La historia de aquellos muchachos inspirados por A.D. Gordon, profundamente comprometidos con su comunidad y con lo humano, es seguramente uno de los episodios más hermosos y enriquecedores de la Historia, no solo en su espíritu, sino en el detalle de su experiencia.

pioneras kibutz

Solemos dar por hecho la hegemonía de los universalismos, más o menos esencialistas, más o menos colectivistas, en los grandes movimientos sociales del periodo de entreguerras. Sin embargo cuando estudiamos el pensamiento que se origina entonces en los primeros kibutz, agrupados desde 1929 en la red «Hever Ha Kvutzot» y en el movimiento de pioneros «Gordonia», que se unió a él posteriormente aparece un escenario totalmente diferente definido por el vitalismo existencialista y el comunitarismo.

dora bader fundadora kibutz mizra hashomerEn ese momento ya no eran mayoritarios entre los kibutz, la mayoría de los cuales eran parte del «Kibbutz Me’Uhad», la organización de las comunidades y grupos autogestionados de jornaleros creadas por el partido marxista «Ahdut Ha’Avoda» que se había expandido entre la nueva generación que había llegado a la veintena con la primera guerra mundial.

La raíz de la diferencia de objetivos y perspectiva entre unos y otros, tenía que ver sobre todo con la diferencia de experiencias vitales. Los líderes y más de la mitad de los miembros de los viejos «kvutzot», entre ellos los creadores de Degania, habían partido de Europa como adolescentes en el colapso de la la revolución Rusa de 1905. Desconfiaban de quienes pretendían resolver los problemas sociales «de una vez y para siempre» y aun más de las ideologías totalizadoras con soluciones y explicaciones para todo.

Los pioneros de la siguiente oleada migratoria, la llamada «tercera Aliyah», se habían formado en cambio en plena efervescencia revolucionaria europea. Tanto «Hashomer Hatzair» como los jóvenes que engrosaban las filas de Ahdut Ha’Avodah y sus kibutz, agrupados en el «Ha-Kibbutz Ha-Me’uhad», se sentían parte de un movimiento global de transformación con la Rusia leninista como referente. Su visión política destilaba tanto universalismo como entusiasmo.

gordonia polonia slawniowEn cambio Gordonia estaba formada por chicos unos años más jóvenes. Cuando llegan a Israel en 1929, toda la oposición rusa es ya ilegal, han comenzado la colectivización forzosa y las requisas de grano y ya son visibles los desastres, Stalin se ha hecho con el poder el año anterior y el estado soviético ha dado ya muestras sobradas de represión y antisemitismo. Los más jóvenes de la tercera Aliyah se parecen más a los miembros de las kvutzot que a los miembros de las promociones inmediatamente anteriores del movimiento juvenil: rechazaban abiertamente el marxismo y habían destilado por si mismos una ideología propia inspirada por los trabajos de A.D. Gordon. Cuando los primeros pioneros de Gordonia llegan a Israel en 1929, su confluencia con los viejos kibutznik es inevitable, especialmente tras haber recibido visistas de algunos de los principales pensadores de Degania, donde el mismo A.D. Gordon –un santo secular para los jóvenes- se había unido como comunero, trabajando la tierra hasta su muerte en 1926.

Aaron David Gordon

gordonGordon es una figura aparentemente excéntrica, tanto en el pensamiento existencialista europeo de entreguerras como en el sionismo: estudioso de la tradición jasídica en un tiempo en el que el progresismo la asocia a un pasado chato y preilustrado, pacifista en la era de los militarismos, defensor de la apertura y la generosidad con los árabes en la época en que el rechazo de estos a la migración judía comenzaba a expresarse con matanzas y asaltos, contrario a la adscripción a organizaciones tradicionales y sin embargo inspirador de un partido político.

Gordon desarrolló el concepto central de su Filosofía, «la expansión», en un largo debate con Nietzsche. Expansión personal y vitalista, que entiende que la experiencia humana se enriquece cuando libera el deseo de unión con el todo, con el otro concreto y real, con el conocimiento y con la Naturaleza. Una ética que rechaza íntimamente, como una estupidez inconveniente, el deseo de poder y la agresión. Y es que Gordon funda una ética de la fraternidad, porque la búsqueda de ese vivir «en expansión» conduce necesariamente al descreimiento de las jerarquías formales, de lo que él llama «organizaciones mecánicas», jerarquizadas, impuestas por encima de las relaciones interpersonales.

Aaron David GordonPara Gordon, la verdadera interacción es la que se produce en las relaciones persona-persona y persona-Naturaleza. A las relaciones así generadas les llama «relaciones orgánicas», características de la familia y la comunidad real. De ese modo, el trabajo -como forma genérica de relación con la Naturaleza- y el gusto de estar con el otro, que nace de la pertenencia a una comunidad real, son las vías para «expandirnos» desde nosotros mismos a una experiencia que es en unas dimensiones y momentos conocimiento más o menos instrumental, técnico, transformador del entorno, y en otras intuición, disfrute estético, alegría vital y evolución personal.

Para Gordon el movimiento sionista no es solo la «vuelta a la tierra [de Israel]» sino sobre todo la vuelta a trabajar directamente la Naturaleza y encontrarse en ella a través del trabajo con el territorio y sus habitantes reales, por entonces mayoritariamente árabes. Pero Gordon no idealiza la Naturaleza ni el entorno social que encuentra: cuando emigra a Israel, su mujer muere, enferma, apenas cuatro meses después de llegar, trabaja duras peonadas como jornalero mientras escribe sus obras por las noches, sufre malaria, es asaltado y agredido gravemente por una banda árabe, su mejor amigo es asesinado… nada de ello cambia su visión. Aunque su interacción con la Naturaleza y el paisanaje no hayan sido precisamente la que promovería un club de turismo rural, mantiene una perspectiva más alta. Para Gordon el trabajo es la forma de transformar el mundo y mejorar uno mismo, el único hacer desde el que se crea y se vive la comunidad. En 1919 se unirá a Degania, donde trabajará a pesar de las dificultades físicas y de salud hasta su muerte, por un cáncer de garganta, tres años más tarde.

Gordonia

Gordonia que, como casi todos los movimientos juveniles sionistas de la época, podría describirse como una mezcla entre scouts y universidad popular, entendía su labor como una forma de empoderamiento que debía servir de detonante de un proceso de expansión individual y comunitaria. Esta concepción tenía consecuencias:

  1. pioneros de gordoniaContra el adanismo de movimientos como Hashomer Hatzair que entendían que la juventud representaba la oportunidad de ruptura con un pasado de sometimiento y degradación en el «gueto» y que por eso, solo ella podía construir una ideología política realmente liberadora, Gordonia partía de una expectativa prácticamente opuesta:

    La juventud es una categoría psicológica, no intelectual. Su tarea no es crear nuevas ideas, sino más bien una nueva relación con los ideales, una nueva aproximación a las ideas que ya han sido expresadas. El movimiento juvenil pone aspiraciones en práctica; no las crea. Deriva sus metas de las mismas fuentes que la sociedad a su alrededor, el romance con el pasado, la inercia del presente y la creencia en el futuro.

  2. pioneros de gordonia 2La concepción del modelo kibutziano coincidía con la inspirada por Degania y lo que empezaba a llamarse ya «Hever Kvutzot». Como todavía recuerda la página web de Degania, el objetivo de estas comunidades era:

    «Una vida hermosa» – así definían su meta social; cercanía en las relaciones entre miembro y miembro y honorabilidad con el exterior. Una vida de trabajo y creatividad -una vida de cultura- era lo que discutían y argumentaban noche tras noche en el jardín del kibutz.

    pin de Gordonia «conseguir»Se trataba del modelo del «pequeño kibutz» (la kvutza) opuesta al «gran kibutz en crecimiento» de los kibutzim del «Kibbutz Me’Uhad», que aspiraban no a una serie de kibutz individuales más o menos coordinados, sino a un único kibutz de masas, con dependencias por todo el país, concebido como el gran planificador y productor de una economía socialista.

    Mientras los primeros consideraban a la comunidad real de conversación y trabajo un «fin en si mismo», autónomo por propia naturaleza, los segundos lo veían como un «ensayo social», una parte necesariamente supeditada a un movimiento político orientado hacia una sociedad colectivista. Si en el «pequeño kibutz» el centro estaba en la interacción entre el individuo y su comunidad, en el segundo el individuo se relacionaba a través de la organización con el movimiento y la economía socializada como un todo: un pionero no se unía a un kibutz en concreto en función de sus preferencias, sus amistades y afectos, sino que era «adjudicado» -o trasladado- de a uno u otro dentro del Kibbutz Me’Uhad en función de las necesidades organizativas y productivas de cada momento.

    deganiaSi el «pequeño kibutz» se entendía como el resultado de un proceso de empoderamiento personal, el «gran kibutz» se pretendía una «expresión de la lucha de clases», un avance de la sociedad colectivizada por venir. Si el primero exaltaba el kibutz como resultado de la agregación de energías creativas de sus miembros, producto de un nuevo tipo de relación con el otro, el segundo entendía el kibutz como una herramienta económica definida por la aplicación de «procedimientos científicos» a la organización de la producción.

    Como escribía en 1929 el entonces joven dirigente de Gordonia «Luvianiker» (pseudónimo de Pinhas Lavon):

    Económicamente la kvutza es más restringida que el gran kibutz, está más unida y es más estable. El gran kibutz por contra es, por su propia naturaleza, volatil. Pertenecer a él es en cierta medida aleatorio (…) Pero la diferencia más importante se da en la pregunta fundamental: ¿cuál es el objetivo de la vida en común? El pequeño kibutz dice: «queremos crear unas nuevas relaciones entre persona y persona, crear nuevos valores culturales, elevar al individuo construyendo hacia la sociedad». Así que la kvutza es un fin en si mismo, no un medio para alcanzar efímeros objetivos nacionales o sociales. Su finalidad está en función de su naturaleza inmanente. El punto de partida de la kvutza es cultural y humanístico. El gran kibutz dice: «luchamos por un orden social socialista. Nuestro objetivo es el asentamiento masivo. Así que la tarea del kibutz es constituir un ejemplo viviente de la sociedad del futuro y asegurar el asentamiento masivo». Su punto de partida es ideológico y político.

    La kvutza es una creación orgánica, centrada en el individuo que crea una nueva realidad a partir de un ser humano social y libre. El gran kibutz es un planteamiento mecánico, en cuyo centro está el «management». Los individuos ejecutan tareas al modo en que el kibutz como un todo ejecuta «tareas» para la sociedad.

    La kvutza necesita para su existencia una cultura espiritual, lazos psicológicos entre sus miembros, sentimientos casi familiares, un algo grado de emoción compartida. El gran kibutz no requiere más que una adscripción ideológica y declaraciones doctrinales.

Hever Ha Kvutzot

deganiaAunque la sintonía ideológica entre Gordonia y las «kvutzot» (plural de kvutza, «pequeño kibutz») era casi total, en realidad a las kvutzot no les gustaba la tensión proselitista de los movimientos juveniles. Como escribe el historiador Henry Near:

Sus miembros creían que la vida del kibutz debía ser elegida libremente por cada nuevo inmigrante después de que hubiera estado en el país algún tiempo y fuera capaz de sopesar las alternativas, así que en consecuencia reprobaban el «trabajo misionero» de los grupos juveniles. En realidad, comoquiera que este trabajo alcanzaba a la gran mayoría de los que estaban preparados para unirse a un kibutz, prácticamente todos los nuevos inmigrantes acababan en uno de los dos grandes movimientos [el «Kibbutz Me’Uhad» del Ahdut Ha’Avodah y el «Kibbutz Artzi» de Hashomer Hatzair]

Obviamente, también rechazaban el crecimiento ilimitado de las comunidades. El número de miembros considerado deseable para las «kvuzot» del grupo era de apenas 60 personas, un número de Dunbar que aparece una y otra vez en la historia del comunitarismo asociada a comunidades maduras y estables. El número se juzgaba capaz de mantener un sistema de gestión colectiva indiferenciada -todos hacen todo y no existen tareas de gestión permanentes asociadas a un grupo dirigente de personas- que había definido históricamente a la kvutza en los argumentos de Josef Bussel.

primeras casas en DeganiaLa tecnología de los años veinte requería grandes escalas, así que esta limitación les alejaba del desarrollo industrial perseguido -razonablemente- por los defensores del «gran y creciente kibutz». Como alternativa, integraron cada vez más talleres de aquellas cosas en las que se podía ser competitivo en pequeña escala -cerámica, carpintería, chapa y algunos trabajos de metal- de modo que para 1936, siete de las doce kvutzot del grupo ya obtenían ingresos de vender productos «industriales» en el mercado. En paralelo el propio trabajo en el campo se modificó. Se persiguió desde el principio alcanzar la máxima tecnificación económicamente sostenible y además debido entre otras cosas a la malaria, una media del 20% de los miembros estaba enfermo en cada momento. Así que era importante encontrar tareas que no fueran tan duras como las de los campos de gramíneas que daban nombre la kvutza. Degania había apostado por la diversificación desde principios de los años diez, cuando Miriam Baratz consiguió establecer una pequeña cabaña viable de vacas. Pero a lo largo de los años veinte crecerá el huerto, arrancarán la apicultura, los cítricos, los olivos y los almendros, se levantará el primer horno industrial y no menos importante, comenzará el regadío, un campo en el que estaba comenzando una innovación radical que llevaría a la invención del riego por goteo.

Pero la verdad era que el desarrollo de la productividad no podía suplir por si misma la necesidad de crecimiento. Al final del periodo de crecimiento que acabó con el crack del 29, las alternativas de empleo en la economía del protectorado estaban dejando sin incorporaciones a todo el movimiento kibutziano. En todo 1927 solo se fundaron dos kibbutz. Esa fue la causa de que los dos principales grupos políticos -Ahdud Ha’Avodah y Hashomer Hatzair- reorganizaran sus kibutz en el «Kibbutz Me’Uhad» y el «Kibbutz Artzi», respectivamente.

ginegar kibutzPor contra, hasta 1929 los doce kibbutz «deganianos» independientes, no comienzan a crear una red común. Se reunen entonces en el kibutz Ginegar aunque el resultado solo en 1932 se oficializaría como «Hever Ha Kvutzot».

Reorganizarse como Kibbutz Me’Uhad había significado para los kibutz supeditados a «Ahdut Havodah» aun más centralización, autoritarismo económico y un chorreo de metáforas militares y disciplinarias que, esperaban, redujeran las ineficiencias organizativas. Sin embargo para los kvutzot el carácter distribuido de la red de colaboración y el funcionamiento por consenso eran parte de su propia identidad. Además, como señalábamos antes, prácticamente todos los jóvenes con deseos de unirse a la vida kibutziana eran captados ya en Europa por organizaciones juveniles, con lo que la afluencia de nuevos miembros era prácticamente nula.

A.D.GordonLa primera reacción ante esta progresiva asfixia del modelo emergente de «agricultura intensiva» por el que estaban optando había sido contratar asalariados entre los jornaleros judíos de Tiberiades, pero no era una solución satisfactoria: por un lado las relaciones económicas con ellos les convertían en patrón colectivo, lejos del «ni explotados, ni explotadores» del ideal original, por otro los jornaleros no se integraban fácilmente a la conversación y la vida cultural que era el tesoro de la kvutza. Vida cultural y educativa que por otro lado exigía ya de por si la contratación de educadores, profesores de idiomas y cuidadores que el kibutz por si mismo todavía no podía liberar del trabajo primario.

La situación llega a ser dramática. Se debate una y otra vez la incorporación en alguna de las dos grandes organizaciones sin llegar. No se llega a nada. Para todos ellos la kvutza es su vida, su casa, su comunidad. Saben que integrarse en una gran estructura supondrá perder la familiaridad y la conversación que les alimenta sustituyéndola por doctrina partidaria y a una rotación de comuneros que inevitablemente llevará al fin de la «intimidad» que consideraban capital.

rachel la poetisa degania kibutzNo comparten el modelo del «gran y siempre creciente kibutz» pero tampoco el horizonte de una sociedad futura donde todo estaría colectivizado y solo habría kibutz. Para ellos, el futuro deseado es un «Israel sembrado de kvutzot», pero aspiran a una sociedad sin coherción y consideran que el sector «capitalista», de ser superado, lo será por toda una variedad de formas de propiedad tanto individuales como cooperativas.

Tampoco es que rechazaran integrarse en la organización mayor por no poder convivir con la ideología de Ahdut Ha’Avodah, de hecho uno de los kvutzot más importantes de «Hever Ha Kvutzot», Kinneret, tenía una clara mayoría de sus miembros de ese partido. Simplemente rehusaban incorporarse a una estructura centralizada porque creían en el modelo de la kvutza y no en el del «gran kibutz» que aquel partido defendía.

Y desde luego tampoco rechazaban que sus miembros participaran de causas sociales o militancias, la mayoría estaba adscrita a «Hapoel Hatzair» el partido inspirado por las ideas de Gordon que la Wikipedia en francés califica todavía hoy como «anarco-sionista». Pero desde luego supeditaban la participación en compromisos sociales públicos, necesariamente articulados a través de «organizaciones mecánicas», a la construcción comunitaria, aunque los entendieran como un deber personal recordando que había que mantener claras las prioridades. Siguiendo a Near:

La actividad pública no era vista como un medio para asegurar los intereses de la kvutza (excepto en el sentido general de fortalecver su conexión con la comunidad exterior), sino como un deber solo por debajo de la obligación primaria de fortalecer y mejorar la kvutza. La actividad política, de hecho, se veía como un acto de servicio al Yishuv [la población judía emigrada al mandato británico] -encomiable por si misma pero propensa a chocar con los objetivos primarios de la kvutza.

un pueblo en el jordán baratz deganiaSin embargo, en 1929 están llegando los primeros pioneros de Gordonia. De forma espontánea, los grupos que van llegando se incorporan a kvutzot de «Hever Ha Kvutzot» y finalmente, en 1934, se aprueba una constitución para la red en la que Gordonia, en lenguaje gordoniano, se declara un «componente orgánico» del conjunto. Hever Ha Kvutzot cambiará el ánimo y el ímpetu, les integrará con autonomía y aun ganará a otro grupo juvenil, este fundamentalmente alemán, Maccabi Hatzair, que acabará fundiéndose con Gordonia en 1941. Pero para entonces, cuando los últimos «graduados» de las organizaciones juveniles ya habían llegado a Israel y la red cuenta ya con cuarenta y una kvuzot, Gordonia en Europa estará dedicada ya sobre todo a organizar la resistencia del ghetto contra el genocidio perpetrado por el estado alemán. Paradójica pero inevitablemente la guerra mundial y el genocidio oscurecerán el mensaje moral y la potencia de la construcción de los kvuzot y los gordonianos.

Pero la historia de aquellos muchachos que se empoderaron y «expandieron» inspirados por Gordon, que estuvieron profundamente comprometidos con su comunidad y con lo humano, es seguramente uno de los episodios más hermosos y enriquecedores de la Historia, no solo en su espíritu, sino en el detalle de su experiencia, sus posicionamientos y sus lecciones. Todas ellas una verdadera hoja de ruta para todo comunitarismo por venir.

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