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Guerra de sonidos, colores y sabores

Es imposible hacer las hallacas en la soledad: es tedioso, trabajas el doble, te terminas la botella de vino y al final no habrás atado ni cinco.

fuegos artificiales en BilbaoLa Navidad no se celebra, se siente en el ambiente, se cuela por la ventana y estallan los petardos desde que despiertan los niños, no sé, emocionados quizás por los regalos que vendrán. Aunque a veces por el sonido me parece que son amenazas contra Santa, que más vale que pase con algo en la mano.

Los sonidos de los petardos se mezclan con las cornetas anunciando una guerra, así te despiertas todos los fines de semana y los días de fiestas de diciembre hasta enero en el Caribe entre boleros, mariachis, pasodobles, gaitas y Kenny Rogers. Sí, Kenny es un invitado en mi casa muy famoso en las cenas de navidad a la hora del whisky o como le suelen llamar, la sobremesa.

Complicidad y pequeños hackers sociales

Así que literalmente el corazón se te para, si no eres de andar por casa te puede parecer una guerra, un ir y venir de colores, una alegría. Complicidad y competencia de tener el mejor arbolito en casa, que en gran medida se convierte en la guerra de los más grandes pues los chicos se unen por la causa y arman las cuadrillas de amiguines y van de casa en casa ofreciéndose como ayudantes para adornar puertas, ventanas y árboles de Navidad, llevando consigo los secretos. Por eso, cuando niña, en mi calle todas las casas tenían algo parecido: un color, las luces, la forma de los lazos, ya saben, la moda navideña la llevan los niños. ¿O como creen que papi y mami se enteraban de lo que se llevaba ese año?

Cuando te tomas el primer café de la mañana y te asomas por la ventana ves un tráfico hermoso de colores entre las calles y a los pequeños diablillos traficando recetas y platos de Navidad. El papel de esta cuadrilla era el de hackers sociales que llevaban los «secretos mejores guardados» de la mesa de Navidad y los adornos. Así pasaban de una casa a otra, los platos y bandejas de pasticho, pan de jamón, hallacas, ensalada, pernil y torta negra.

La mesa y la ciudadana hallaca

Plato de NavidadLo mejor de América siempre han sido los olores y colores de la mesa, todo absolutamente «tradicional», son una representación de las costumbres de cada casa y de la alienación que implica la Navidad… o le van a decir ahora a Pepe Rodríguez que Jesús nació el 25, los villancicos y la lotería son de toda la vida y Santa siempre se vistió de rojo, hasta Jesús lo esperaba.

En Venezuela la mesa no se viste de Navidad si no está la hallaca, digamos que es la reina de la mesa que representa como se vive la alienación de la navidad en las Américas.

La ciudadana hallaca, como la llamaba Gil Fortoul, mantiene hasta el día de hoy una logística casi ingenieril y llena de cooperación donde los secretos se rigen por «la caprichosa ley de los gustos» que decía don Tulio.

Un proceso cooperativo

La historia de la hallaca define sus ingredientes en la época colonial desde la mesa de los señores, ya que parte de lo que sobraba en la mesa iba a parar como relleno de una masa de maíz que se daba a los esclavos. Por eso según la región en la que te encuentres, puede ser de carne de vacuno, cerdo, gallina o pescado. Con almendras o sin ellas, con aceitunas o garbanzos, todo encerrado en una hoja de plátano. Es un olor que te avisa que ya ha llegado la Navidad. La describía Arturo Uslar Pietri, la hallaca:

es como un compendio ejemplar del proceso de mestizaje. En ella están: la pasa y la aceituna de romanos y griegos, la alcaparra y la almendra de los árabes, la carne del ganado de los capitanes pobladores de Castilla, el maíz y la hoja del bananero de los indios

La evolución de la ciudadana hallaca dota de un sentido cooperativo a las mesas de Navidad, un día antes de empezar la fábrica de hallacas (nunca haces menos de 100 unidades) los pequeños diablillos limpian las hojas de plátano -dando paso a una competencia de quién lleva más hojas limpias por minuto- y el maestro de la cocina prepara el guiso la noche anterior, para empezar desde muy temprano a la voz del maestro manitas que realiza la masa de maíz.

La receta

Como amantes del compartir que somos os dejo la receta y el secreto de casa, solo necesitas:

hallacas

  • Mínimo tres enanos, vale sustitución por jóvenes colaboradores
  • Un maestro de la cocina
  • Un maestro manitas
  • Carne de res (picada)
  • Hojas de plátano
  • Harina de maíz (marca PAN)
  • Carne de res (picada)
  • Ají fresco
  • Pasta de onoto, sal, vino tinto, pimienta y comino
  • Cebolla, puerro, pimiento rojo y verde, aceituna sin hueso, alcaparras, pasas, ajo, aceite de girasol y oliva

La noche anterior hay que amarrar a los enanos a las sillas y ponerlos a limpiar las hojas con dos pañitos de algodón, uno para pasarlo mojado en agua con vinagre y otro para secar. Al maestro de cocina también le secuestramos esa noche y le ponemos a preparar el guiso:

Primero sazonamos la carne con sal y pimienta al gusto, ajo y comino (una pizca), agregamos una generosa cantidad de aceite de oliva a la olla con una pizca de pasta de onoto, luego sofreímos las verduras picadas en cuadritos muy pequeños (pimiento rojo, ají, ajo, cebolla, puerro) y agregamos la carne y las pasas. Mientras te vas tomando el vino le agregas un poco al guiso, tomando en cuenta que debe quedar sin mucho caldo pero no seco.

Sírvase una copa de vino y coloque la música para animar, luego abra una cerveza de trigo y allí llegará el maestro manitas, preparamos la masa de maíz con sal al gusto. Luego disolvemos una pizca de pasta de onoto en una taza de aceite de girasol y lo dejamos a mano, ordenamos los ingredientes, un plato con las cebollas picadas en juliana, otro con las aceitunas, otro con el guiso, etc.

ComplicidadPara armar las hallacas coloque nuevamente a los enanos amarrados en la silla, una hoja de plátano extendida en la mesa (con un mantel de plástico que la proteja porque el onoto mancha por donde pasa).

Pasamos un pincel con aceite de girasol con onoto y extendemos una cantidad de harina en forma circular, dejando un espacio suficiente como para envolver. En el centro de la masa va una porción de guiso, las rodajas de cebolla, aceitunas, alcaparras y pimiento verde. Cerramos la hoja de plátano como envolviendo un regalo y se lo pasamos a los enanos para amarrar

Como veis, es imposible hacer las hallacas en la soledad: es tedioso, trabajas el doble, te terminas la botella de vino y al final no habrás atado ni cinco. Por eso te destruye el alma y encima quedan malas. El secreto de las mejores mesas es construir en conjunto, compartir, repartir funciones y usar mucho el ingrediente mágico: el compromiso de cada uno con lo que hace. Así sale lo mejor en cada casa.

¡¡¡Felices fiestas!!!

«Guerra de sonidos, colores y sabores» recibió 3 desde que se publicó el Lunes 23 de Diciembre de 2013 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Mayra Rodríguez Singh.

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