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Hacer nuestras cosas

Muchas veces nos preguntamos por qué nadie editaba los libros que nos interesaban, por qué la ropa sostenible tenía que ser hippiosa y estar mal acabada. Por qué los vinos que nos gustaban costaba tanto encontrarlos o por qué las casas y oficinas de todo el mundo parecían cada vez más un catálogo de IKEA.

Con la Colección Planta 29 exploramos el camino de la asociación: salió estupendamente y ha aportado decisivamente a un debate social hasta ahora copado por el discurso reaccionario de la SGAE y los talibanes de la propiedad intelectual.

Por que no sé si recordarán, pero hasta hace poco sólo se escuchaban voces como las del preclaro Antonio María de Avila, director de la Federación de Gremios de Editores de España, quién aún el otro día, nos caracterizaba en prensa, por nuestra defensa del libro electrónico del siguiente modo:

Ahora llegan unos mercaderes con unos artefactos que dicen que son nuevos y que habría que ver si son tan nuevos y que se supone van a cambiarnos la vida, cuando la realidad es que en este país no se respeta la propiedad intelectual.

Ahora los números hablan, tanto de ventas como de descargas y esos mercaderes, como él nos llama ocupan espacios de debate público que hasta ahora eran privativos de él, sus amigos y los intereses del oligopolio mediático, talibán de la mal llamada propiedad intelectual y tecnófobo.

Y además y sobre todo, tenemos editados nuestros libros en varios idiomas y países (nos acaban de comunicar que la edición argentina de El poder de las redes ya agotó los 25.000 ejemplares de la primera edición) y compartimos nuestras ideas con más gente y profundidad que nunca.

Con la ropa la experiencia está siendo muy similar: ropa, en coherencia con todo nuestro discurso, con patrones en dominio público (¡¡herejía!!), que busca el equilibrio medioambiental y que transmite identidad a través de mitos y relatos. Y una vez más: aprendemos, experimentamos y -para sorpresa y envidia de siesos y reaccionarios- vendemos (¡marditos mercarderes! ¡¡orgullosos!! ¿no pueden vivir de la subvención y el quejarse como todo el mundo?), demostrando que, efectivamente, otro modo de hacer las cosas era, es y será posible.

Después… seguramente vendrán el vino natural, los caterings y no se sabe cuantas más cosas. Lo que nos apetezca y se nos ocurra. Pero siempre en la misma lógica: expresar identidad como base una manera diferente de hacer las cosas. Una manera que si bien está equilibrada financieramente y es sostenible económicamente, desde luego, en comparación con nuestro núcleo de negocio tiene rentabilidades mucho más bajas… pero que compensa precisamente porque al ser una actividad expresiva, aporta satisfacciones no monetarias que compensan beneficios más o menos magros.

Este es todo el secreto. Lo hacemos por y para nosotros y lo compartimos a través del mercado. Si haces lo que expresa tus valores y mitos siempre te compensará, porque produces de entrada para un público al que le gustará por haber formado parte de su propia elaboración: tu propia comunidad.

Y así puedes permitirte experimentar, aprender a pequeña escala y tal vez encontrar alguna vez una innovación que justifique jugar a una escala mayor en ese mercado. El mundo de los objetos es apasionante a fin de cuentas y no faltan ejemplos.

En cualquier caso, esta es la diferencia entre nuestras dos columnas. Las Indias produce para clientes innovación que estos demandan desde nuestra metodología y valores. El Arte de las cosas produce para nosotros lo que nos apetece aprender en cada momento. El crecimiento de las Indias es un objetivo para nosotros. El crecimiento de El Arte de las cosas es una expresión de la vida comunitaria, sus intereses y vivacidad en cada momento.

En el diseño de cada proyecto concreto de consultoría no tiene por qué participar cada uno de nosotros: los valores van debajo y el aporte los juzga un cliente desde la utilidad para él del resultado construido, no de la identidad.

En el diseño de las prendas, en la elección de criterios para el vino, etc. tenemos que participar cada uno porque es para cada uno de nosotros, los que en primer lugar beberemos el vino y llevaremos la ropa, que se hace el trabajo, vendiéndose el excedente en su mayoría a amigos, vecinos y externos que si lo compran es precisamente porque valoran esa identidad y ese relato en ellos. Compran ropa indiana o vino natural recomendado por los indianos (a través de los que han descubierto normalmente qué era eso del vino natural). No importa lo que sea: el adjetivo indiano está en todo ello. Se identifican con una expresión identitaria, la nuestra.

Por eso es importante que todos seamos socios de ambas columnas, pues cada una representa una dimensión de nuestra vida como filé, son nuestro ora et labora. En el labora los valores se asumen e interiorizan en el hacer para generar servicios e inteligencia. El el ora los valores se expresan de forma concreta hacia el exterior.

«Hacer nuestras cosas» recibió 0 desde que se publicó el Viernes 5 de Junio de 2009 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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