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¿#HolaDictadura? ¿En serio?

El drástico endurecimiento de las leyes represivas en países como España son el mero prólogo de un hundimiento general del estado. Tiene raíces más profundas que un equipo de gobierno. Y no pueden ser enfrentadas con twits.

Represión y controlLa preparación por el Gobierno de España de una nueva legislación represiva que permite castigar la convocatoria de protestas mediante Internet y la resistencia pasiva no violenta como delitos, no es un fenómeno aislado sino la materialización concreta de una tendencia visible en todo el mundo. No se debe a una coyuntura concreta ni a un grupo de políticos enloquecidos. Antes de pensar alternativas conviene hacer un poco de historia. Basta con echar un ojo a los posts de esta misma bitácora en los últimos tres años.

¿De dónde viene todo esto?

25 de diciembre de 2009

La crisis económica global sigue ahí y amenaza con producir quiebras sociales incluso donde menos se esperaba. Lo que comenzó como una crisis política se ha mostrado como una crisis del modelo basado en estados nacionales y grandes corporaciones para gobernar el mundo. Iraq, Afganistan, la piratería creciente y hasta la cumbre de Copenague nos muestran como los estados nacionales cada vez que corren a apagar un fuego acaban -por el caracter obsoleto de sus herramientas y su lógica interna- subvencionando al pirómano con tal de salir del problema

En la interna, la reacción, previsible, de los estados desarrollados ha sido girar hacía más nacionalismo y mayor presión tanto identitaria como sobre el control de la vida privada y las costumbres.

La sensación de fracaso de la gobernabilidad entre las élites les lleva a sentir Internet como enemiga y perder los nervios sin razón aparente.

Sin embargo eso tampoco quiere decir que la red se esté configurando como el gran entorno deliberativo transnacional que podría ser. De hecho, durante 2009, los ejemplos en los que la red se ha erguido como alternativa han sido estrictamente nacionales como Irán o China. La recentralización de la red entorno a Google, Facebook y otros está produciendo una renovada capacidad de control por parte de agencias y estados ademñas de un verdadero cambio cultural que unidos amenazan el futuro mismo de la red como espacio de libertades y generación de discursos y comunidades con alternativas.

4 de diciembre de 2010:

Ninguna otra sucesión de hechos difícilmente podría ilustrar mejor el modelo de la «descomposición» que avanzábamos en «Los futuros que vienen». El marco es el de una crisis global en el que los estados nacionales por un lado reciben una presión creciente de sus propias redes clientelares –amenazadas por la globalización– y por otro deben «soltar lastre» deshaciéndose del coste que le suponen no sólo los gastos en cohesión social sino sectores enteros del empresariado y las clases medias (como los controladores) que, por otro lado, no dudarán en revolverse y enfrentarle directamente.

Un cuadro ante el que los gobiernos responderán cada vez con más «firmeza», esto es, con medidas de urgencia, represión directa y sobre todo con la generalización de un discurso cada vez más disciplinario hacia la sociedad en general que servirá igualmente para defender los intereses de los privilegiados que se quedan abordocomo las telefónicas– y defender al estado mismo de las respuestas de los que son sacrificados… que serán, necesariamente, cada vez más.

3 de julio de 2011

No por haberlo predicho con claridad el marco actual resulta más llevadero. Junto con el desarrollo de la crisis, que es ante todo una crisis del «capitalismo de amigotes», hemos visto y veremos no la emergencia de movimientos hacia una sociedad más libre, inclusiva en el mercado y abierta a la diferencia sino la vuelta de las ideologías más reaccionarias, el autoritarismo disciplinario más descarnado y la reafirmación nacionalista e identitarista de los estados hasta el punto de poner en cuestión y retroceder en las pocas libertades extra que históricamente supuso la «construcción europea».

6 de diciembre de 2011

La forma misma de la crisis europea como crisis de deuda pone en primera línea cómo la preocupación, hasta el último día, de los administradores políticos de los países más afectados ha estado en la gestión de las políticas de aseguramiento de rentas estatales o paraestatales a sectores privilegiados como los ligados a la mal llamada propiedad intelectual o las distintas redes clientelares empresariales dependientes en sus balances del contrato o la subvención pública.

Todo en ello en un marco en el cual se han ido deslizando, y se deslizarán aún más mecanismos de control social directamente disciplinarios o represivos. No es casualidad que Sarkozy en Francia, Rubalcaba y Rajoy en España o Venizelos en Grecia hayan sido previamente ministros de Interior o Defensa. Pero esto tampoco debe confundirnos: la represión no se prepara contra un eventual estallido social, sino por la necesidad de disciplinar y mantener la cohesión en la maquinaria del estado ante la inevitable necesidad de «soltar lastre», de autoamputación, que el aparato del estado sufre. Y es que el sujeto de la descomposición es el estado mismo, como hemos visto desde los noventa en Somalia -cuando la incapacidad para pagar a las unidades militares llevó a la aparición de los «señores de la guerra» y el fin del estado-, en México durante el sexenio Calderón o como los críticos comienzan a apreciar hoy mismo en EEUU.

¿#HolaDictadura? ¿En serio?

Que lo que se nos presente como movilización social y protesta frente al dramático incremento de la legislación y la práctica represiva un canal de twitter con el naif slogan «#HolaDictadura» no es casualidad. El 3 de julio pasado en «El estado de la descomposición en Europa Sur», escribíamos algunas cosas por aquel entonces nada populares:

La cultura de la descomposición es, no podía ser de otra manera, una mezcla a partes iguales de «sálvese quien pueda» y banalidad que reproduce identidades cada vez más infantilizadas y dependientes del paternalismo estatal. Es decir, identidades que aumentan los fundamentos mismos de la descomposición extendiéndola por todas las facetas de la vida social.

En este sentido el «Movimiento del 15M» en España representa un verdadero arquetipo y un aviso de lo porvenir en Europa. Un debate social que parte de la nada, sin discusión ni objetivos previos pero que exige un aplauso por el hecho de «moverse», que se contenta en «acampar» no como fruto de una deliberación social previa sino como expresión de una «indignación» que no es sino un gran «no me gusta» que no sabe ir más allá porque es incapaz de construir su propia pirámide del compromiso desde el momento en que ni siquiera sabe definir su demos. Pero sin definirse, sin asumir costes, no hay comunidad, ni contexto, ni por tanto conocimiento y por tanto el resultado no puede ser otro que la toma de la dirección intelectual por los medios (la única estructura social que genera un significado para el movimiento capaz de llegar a todos sus adherentes). En este sentido, el efecto global del 15M es tan negativo o más que la locura y la crispación política que siguió al 14M en 2004 y lo único que en principio sería positivo -la difuminación de toda representación organizada de la alteridad en movimiento público- no hace, en realidad, sino reforzar la lógica de pantano y el discurso de la dependencia estatal.

¿Y entonces?

Lo que viene es una quiebra general de los estados portugués y español que posiblemente de paso inmediatamente a un hundimiento general del sistema europeo. Para mantener un mínimo músculo y capacidad social de respuesta, hay que reconstruir el espacio deliberativo empezando por la vuelta a las estructuras distribuidas como apuntan movimientos en todo el mundo. Se ha perdido ya mucho tiempo, la crisis económica y social se acelera y no se puede perder más en jueguecitos banales, autocelebraciones y acampadas cool.

Es hora de ganar resiliencia ciudad a ciudad para poder ganar esta crisis. Y para eso hay que ganar la red primero.

«¿#HolaDictadura? ¿En serio?» recibió 0 desde que se publicó el viernes 13 de abril de 2012 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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