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Houston, in the blind…

La expresión «transmitting in the blind» se utiliza en la aviación militar y el programa espacial cuando los pilotos no reciben comunicación de la base y por tanto no pueden saber si al otro lado hay alguien. El protocolo establece que el piloto debe seguir hablando… como si alguien escuchara

GravityHace ya algunos años que cuesta recomendar películas. Salvo contadas locuras británicas, los guiones flojean y parece haber una auténtica crisis de la narrativa audiovisual. Comedias que no son tales, terrores repetidos hasta la extenuación, mucho drama y sobre todo mucha gran producción que te deja indiferente (con algunas excepciones) y desaparece de la memoria al día siguiente. Nada nuevo… hasta que llegó «Gravity».

El guión no es gran cosa y el argumento puede resumirse en una frase simple, pero los efectos especiales son por fin, algo nunca visto hasta ahora (o no utilizado de esa forma hasta ahora), el montaje es perfecto y el plano secuencia de ¿13 minutos? del principio (si no el más largo, sí el más impresionante de la historia del cine) te deja, sencillamente, con la boca abierta.

El resultado es una película pelín angustiosa pero brillante que te mantiene en tensión durante no menos de 87 minutos de un total de 91 de duración. An essential moviegoing experience, según Flavorpill.George Cloony en Gravity

Por cierto, George Clooney (como el astronauta Kowalski), interpreta el papel de su vida y tiene sin ninguna duda, junto a Ed Harris (Ground Control), la voz perfecta para esos diálogos que reproducen la protocolizada y distante comunicación militar entre la base terrestre y la estación espacial, diseñada para asegurar que los agentes implicados reciben todas las piezas de comunicación necesarias para su seguridad y el éxito de la misión de la forma más corta y clara posible. De ahí la repetición y la necesidad constante de identificación de emisor y receptor (Houston, this is Kowalski), de asegurar la recepción al otro lado (Explorer, do you copy?) y de confirmarla (Copy all, Houston, and in work).

Kowalski es el personaje encargado de aliviar la tensión «flotante» jugando con ese lenguaje, mientras reparan una pieza en el exterior de la estación espacial, contando anécdotas que introduce con una frase recurrente:

Houston, I have a bad feeling about this mission
Please elaborate
It’s the same feeling I had about Mardi Gras in 1987
That is affirmative. Surprisingly, Control hasn’t heard the Mardi Gras story. Please proceed
Well, it’s day one, and I’m bumping my way down Bourbon Street…

Cosmonaut por HimnotepPero esta vez el ritual supersticioso en forma de broma sobre «un mal presentimiento» no funciona y el accidente se produce. Como un guiño a la Guerra Fría (escenario de la «carrera espacial») son los rusos, al destruir uno de sus propios (fallidos) satélites espía, los que provocan una lluvia espacial de metralla que provoca el desastre. Los impactos y la reacción en cadena dañan los satélites y la estación espacial queda incomunicada.

La expresión repetida a partir de ese momento en la película, «Transmitting in the blind» se utiliza en la aviación militar y el programa espacial cuando los pilotos no reciben comunicación de la base y por tanto no pueden saber si al otro lado hay alguien. El protocolo establece que el piloto debe seguir hablando (como si alguien escuchara), expresando con «in the blind» la no recepción de feedback alguno.

En 1969, el año de la llegada del hombre a la luna, David Bowie jugó con ese mismo lenguaje para cantar Space Oddity, un tema épico dedicado a ese nuevo profesional, «el astronauta», que junto con «el espía» sustituyó al «soldado» como ejemplo contenedor de patriotismo y tasa de mortalidad a partes iguales: el héroe.

Sello Robert GoddardPara variar, fueron los chinos, nada menos que en el siglo XI, los primeros en jugar con cohetes (o proto-cohetes). La tecnología llegó a Europa a través de las incursiones de Gengis Khan y no fue hasta la segunda década del siglo XX que un friki norteamericano, Robert Goddard, y un friki austrohúngaro en Alemania, Hermann Oberth, se lo tomaron en serio. A pesar de sus esfuerzos, en Estados Unidos todos se reían de Goddard y a Oberth le rechazaron en Heidelberg su tesis doctoral: «El cohete en el espacio interplanetario».

Tuvo que llegar Wagner y los años 30 para que a los alemanes les entraran ganas de invertir en lanzar cosas por el aire, ya fueran bombas o columnas dóricas, con tal de que llegaran lejos. Luego pasaron un montón de cosas y todos los países se pusieron de acuerdo en no dejar a los alemanes jugar con armas durante un tiempo, por lo que los fans de los cohetes se concentraron en Estados Unidos, la Unión Soviética y Valencia.

Sello Sputnik URSSEntonces empezó la Guerra de Bloques, el caldo de cultivo que tan bien hubiera venido a Goddard y Oberth. Por un lado, los dos bandos tenían que demostrar poderío científico-militar y qué mejor que cohetes en el cielo (¡y con gente dentro!) que si podían llegar a la luna, ni te digo a Cincinnati; por otro lado, a pesar de pisar el acelerador de los tanques al ralentí todos los días, lo que se dice invadir terrero del contrario… era tensar mucho la cuerda, pero ahí estaba el espacio infinito (además de Afganistán y otros paraísos) para presumir de neo-imperio a futuro y proyectar adosados. Para cerrar el círculo, la carrera espacial estaba inevitablemente unida al desarrollo de satélites de comunicaciones. Atalayas electrónicas desde las que se iban a poder ver hasta las caries de Jrushchov, o de Eisenhower, según quién llegara primero.

Los rusos empezaron fuerte la carrera en 1957 con la puesta en órbita del Sputnik I, que hizo ponerse las pilas a los americanos, que unos meses después consiguieron poner en órbita el Explorer I. Fue una época de esas en las que envidio a los niños americanos, pues entre el pánico que provocó el Sputnik, la cantidad de satélites que se escacharraron antes del Explorer y los críticos que preferían invertir en armas que «se sabe que funcionan», Estados Unidos tuvo que hacer un gran esfuerzo de propaganda, movilización e implicación interna alrededor de la carrera espacial para conseguir apoyos. Los progresos y pruebas eran ampliamente publicitados y los niños incentivados a construir réplicas de cohetes y cápsulas, a jugar con telescopios y a cacharrear en general.

LaikaEl siguiente episodio fue Laika, el primer ser vivo lanzado al espacio. En realidad hubo otros antes, pero ninguno tan doméstico y sobre todo tan mediático como la perrita Laika, motivo de que el régimen soviético liderara muchos años el ranking de villanos para las organizaciones protectoras de animales.

Yuri Gagarin en LondresPero para que George Clooney dejara de tomar Nespressos para vivir una odisea en el espacio, tuvo que llegar el héroe espacial por antonomasia. No, no es ese que se llama igual que el ciclista, es el gran Yuri Gagarin y su nave Vostok I, protagonista del primer viaje espacial tripulado con humanos que tuvo lugar el 12 de abril de 1961. Yuri, formal, perfecto, rubio, no solo fue un héroe en la Unión Soviética, se hizo mundialmente famosos y ni el 50% del planeta que odiaba el comunismo fue capaz de resistirse a su leyenda.

En ese momento parecía que los soviéticos tenían la carrera ganada, pero entonces la competición empezó a estar interesante. Menos de un mes después, Alan Shepard subió al espacio a bordo de la cápsula Freedom VII, y menos de un año después (1962) John Glenn completó tres órbitas a la Tierra en la Friendship VII.

Valentina TereshkovaEl mismo año (las cosas iban muy rápido entonces) los rusos eran los primeros en lanzar dos personas al espacio, un año después (1963) los primeros en tener una mujer cosmonauta (que volvía ilesa), Valentina Tereshkova, a bordo del Vostok VI, y en 1965 los ganadores del premio al primer paseo espacial, protagonizado por Alexei Leonov que caminó unos cinco metros en el vacío y estuvo a punto de no volver, pues tras varios viajes sin incidentes, la estadística jugaba en su contra.

Lo bueno de la Guerra Fría era la ambición y el afán de superación. A pesar de todos los logros, a pesar incluso de Yuri Gagarin, nada bastaba hasta llegar a la luna, escasa tierra firme en la abundancia infinita de la ingravidez.

El programa Apollo es tan interesante desde el punto de vista épico como desde el punto de vista político a causa de la cantidad de acuerdos que sus impulsores tuvieron que pactar para conseguir el presupuesto (y el apoyo popular) requerido, como beneficios económicos para determinados estados, transferencia tecnológica a la industria civil o concesiones al ejército.

La apuesta funcionó, o quizá fueron los dioses protectores del capitalismo, pero el caso es que después de algún desastre e ingentes esfuerzos el Apollo XI alunizó. Previamente, Kennedy había propuesto a Jrushchov la colaboración entre ambas potencias para llegar a la luna, pero los rusos se hicieron los orgullosos el tiempo suficiente para perder la carrera. Estados Unidos, había pisado la luna.To the moon and back

Hay quien dice que ese fue el principio del fin de la Unión Soviética. De lo que sí fue el principio, fue de la fé en que la conquista del espacio era posible. Comparadas con aquellos frenéticos años, las décadas posteriores no celebraron grandes avances en la «terrificación cósmica». Supongo que, como ocurre con los mercados, se habían perdido los incentivos.

Afortunadamente, y a pesar de la sequía imperante hoy día, después de 1969 pudimos disfrutar de una gran variedad de canciones, libros, películas y series que nos hicieron soñar con la abundancia del espacio exterior.

Quizá vuelvan pronto ese tipo de producciones culturales, pero seguramente tengan la misma naturaleza que la «nueva carrera espacial»: protagonismo de los «países emergentes», lógicas distintas y sobre todo una nueva forma de ver la conquista del espacio.

FuturamaYa se pueden comprar billetes para el viaje turístico espacial en el Virgin Galactic, India lanza su primera misión a Marte por menos de lo que cuesta un piso de lujo en Londres, Japón apuesta por llenar la luna de placas fotovoltaicas, China planea construir infraestructuras en el satélite para las próximas décadas y hace un par de semanas ya celebró su primer photo-call.

Sin duda los asuntos del espacio han cambiado desde los tiempos de Koriolov y von Braun pero ¿qué nos depara el futuro? No lo sabemos. Estamos transmitiendo in the blind. Ya no hay una meta clara como pisar la luna, ya no hay héroes como Gagarin, ya no hay un enemigo al que sacar la lengua desde un cohete lanzado al espacio.

Oh sí, solo que la épica de la Guerra de Bloques se ha transformado ahora en la de unas cuantas cuadrillas de valientes dispersas, distribuidas, que quizá quieran sacar metales del espacio o conseguir un territorio sin Estado, abrir un resort en la luna o crear un sistema de conexión a Internet ultra rápido. Quizá solo quieran huir de su pueblo o montar un negocio que además les permita tener buenas vistas. Si pueden contratar a George Cloony para el anuncio, el éxito está asegurado.

«Houston, in the blind…» recibió 12 desde que se publicó el Jueves 19 de Diciembre de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por María Rodríguez.

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