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Huellas del Nodo

Estoy viendo una serie de DVDs que me han pasado mis padres y que cuentan, mediante imágenes de la propaganda oficial, la historia de la España franquista desde 1939. Más allá de lo obvio -el atroz machismo, la retórica pemanista, la pertinaz aparición de ciertos apellidos que siguen ocupando la prensa política y salmón, etc.- me surgen algunas reflexiones

La generación de la Transición no había conocido otra cosa que el propio franquismo. Tras casi cuarenta años de propaganda nacionalcatólica, eufemística y autocomplaciente, la credibilidad de los mensajes estaba completamente erosionada en las élites universitarias de las que surgirían los nuevos cuadros del estado y la empresa de los setenta y ochenta.

Por un lado esta costumbre de dudar de todo lo que habían recibido con su educación permitió a esa generación repensar de cero muchas cosas. Siempre me maravillaron la rapidez (dos generaciones) y profundidad del cambio de moral sexual en España si se compara con otros países de mayoría católica romana que no sufrieron dictaduras como las ibéricas (Italia, Irlanda e incluso la laica Francia).

E igualmente la debilidad del nacionalismo español durante los ochenta, debilidad que ha legado cosas que nos parecen todavía obvias, como que las noticias españolas se contextualicen en la prensa con las internacionales (algo poco común en Sudamérica por ejemplo) o que cada producto o invención no sea presentado como parte de una competición imaginaria entre una España víctima e incomprendida y el resto del mundo (algo por cierto, bien común todavía en la prensa sudamericana).

Pero si ese dudar todo lo heredado ayudó al cambio de valores, también sembró ese fatalismo, esa incapacidad para tomarse nada realmente en serio que uno no puede sino entender viendo el Nodo con su ampuloso discurso económico, con todos esos productos más o menos peregrinos y de ínfima calidad presentándose como expresión del ingenio y laboriosidad nacional. En la sala de cine todo era lo mayor o lo mejor del mundo, todo era ejemplo y envidia para las naciones… pero cuando salías a la calle todo era penoso, cuando volvías a casa todo era tristón y roñoso.

Uno entiende pues, la necesaria y púdica ironía ante el falso triunfalismo nacionalista que pretendía mantener la ficción de la equiparación con el bienestar europeo. Una ironía que -tras décadas escuchando la misma cantinela- se confundió con complejo de inferioridad. En algún momento entre Bienvenido Mr Marshall y el landismo la ironía frente al poder se agotó en ese triste fatalismo falto de autoestima que configura los humores detestables de una cultura que en el fondo, en el fondo, todavía hoy, sigue escuchando esa vocecita atiplada y soberbia del Nodo que le hace sentirse avergonzada de si misma.

«Huellas del Nodo» recibió 0 desde que se publicó el Domingo 31 de Enero de 2010 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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