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Humanidad 0 – Google 1

La partida de hoy, primera de cinco, no ha sido un momento histórico de la Inteligencia Artificial, sino la última batalla de la creatividad humana contra el totalitarismo digital de los gigantes de Internet. Todos hemos perdido.

lee sedol alphago partida 1
El 11 de mayo de 1997 fue un día aciago para la especie humana. Un ordenador de IBM llamado Deep Blue derrotaba al campeón del mundo de ajedrez, Gary Kasparov. El ajedrez no murió ese día. Fue algo peor, nos pusieron de patitas en la calle. Simplemente habíamos sido expulsados de la gran metáfora del poder.

Deep-BlueHabía llevado años, los mismos que vieron un crecimiento del estado y de su capacidad de control como jamás había soñado el más absolutista de los reyes. La victoria de Deep Blue se había construido sobre el esfuerzo de maquinaria militar americana pero también sobre la reducción del juego a un árbol de decisión computable, aunque fuera a base de fichas de cartón en un archivo gigantesco, de los soviéticos.

Piénsenlo bien. No era casualidad: Deep Blue fue el hijo póstumo del proyecto Manhatan e IBM concebido sobre el lecho burocrático de la maquinaria estatal soviética. Los creadores de «la» bomba, los diseñadores y suministradores de las máquinas tabuladoras que habían servido para gestionar el primer genocidio industrial de la historia humana y el imperio totalitario más extenso y represivo que había existido nunca. La derrota de Kasparov representó la derrota definitiva de la Humanidad frente al poder totalitario y el militarismo. Fue la mejor refutación simbólica posible de que la caída del bloque soviético no iba a significar el fin de las sociedades de control de la guerra fría, sino posiblemente, pensábamos los ciberpunk de entonces, su desarrollo.

El último símbolo y el enemigo final

go-game-ninjaNo es de extrañar que el Go, aparentemente irreductible, se convirtiera en un símbolo libertario en Occidente, en una forma de resistencia en Rusia y en objeto de persecución en la China de la Revolución Cultural. El Go ha sido parte de la cultura íntima de los hackers y de los rebeldes, la esperanza de una educación que nos diera soberanía, el símbolo de la búsqueda de una verdad profundamente humana. El Go ha sido nuestra última barricada, el Muro de hielo que nos separaba de los monstruos del invierno eterno.

Esta noche, jugando con las blancas no estaba el Dr. Strangelove. Había algo más insidioso que ninguna agencia estatal imaginada por le Carré. Estaba el espíritu de la recentralización, del totalitarismo digital hecho cables y circuitos. Google quería demostrarnos que su capacidad de desarrollo no dejaría un solo lugar donde escondernos.

Presentó el reto solo tras vencer cinco a cero al campeón europeo. No solo por dar un golpe de efecto ni por simbolismo histórico. Sino porque tenía a Facebook pisándole los talones. Un bonito ejemplo de cómo la competencia entre monopolistas rara vez nos hace más libres.

Hay una cierta forma de reconocimiento en esta atracción común por expulsar a los humanos del Go. Como dijo Lasker, el gran campeón de ajedrez y pionero del Go en Europa:

Mientras las barrocas reglas del ajedrez solo podrían haber sido creadas por humanos, las reglas del Go son tan elegantes, orgánicas y rigurosamente lógicas, que si existieran formas de vida inteligente en algún lado del universo es casi seguro que jugarían Go.

A Google y a Facebook, que parecen considerarse por encima de cualquier creación colectiva de la Humanidad hace ya tiempo, les gustaría relatar su sistema de control global como una forma nueva y superior de inteligencia. Pero es algo muy distinto.

No es inteligencia artificial, es fuerza bruta y doctrina Rumsfeld

Nature Go Google AlphaGoLo que «Deep Mind Alpha Go», el programa de Google hace, no es inteligencia artificial… a poco que valoremos la inteligencia en general. Es cierto que innova, pero innova sobre la misma base de Deep Blue: pura fuerza bruta, puro poder de cálculo. A cada jugada responde con aquella a la que atribuye más posibilidades de acercarle a una victoria. Es una mezcla de velocidad de acceso a una base de datos gigantesca de partidas -que le aporta certezas- y heurística: cuando no conoce todo el árbol de posibilidades que abre esa jugada, apuesta por una. Es en el método usado para hacer estas «apuestas» donde está la innovación, aunque solo parcial, en el fondo sigue siendo el famoso «Montecarlo». Y por supuesto «aprende»: cada partida nueva es una rama más cuyos resultados pasa a conocer con certeza. Eso es lo que asusta de verdad, la pretensión de inexorabilidad. «¿Qué se puede hacer?» se preguntaba Ruslan Ponomariov. Idealmente, en un tiempo finito, podría tener en su base de datos todas las jugadas posibles que pueden hacerse y asegurarse así, como mínimo, no perder jamás.

Es puro «espíritu Google». La escala y la infraestructura convertidas en ventaja competitiva. Un extra de software para complementar la potencia maquinal. No hay arte ni ciencia aquí, no hemos aprendido nada sobre el Go ni sus misterios. Es solo una versión de la misma doctrina Rumsfeld de la guerra de Irak que sustituye bombarderos por supercomputación y bases de datos. El pensamiento de fondo es el mismo: la forma de ganar es asegurarse una superioridad de cálculo abrumadora.

El campeón de los mortales

lee sedolHoy nuestro héroe ha sido Lee Sedol, sin duda el mejor jugador de esta década. Él mismo se confesaba nervioso en estos días. La presión ambiental ha sido desde luego abrumadora y ha caído en exclusiva sobre sus hombros. En Corea el encuentro se interpretaba entre otras claves como un enfrentamiento entre Oriente y Occidente. Se ha dado además en un momento en el que la hegemonía coreana en el juego parece ceder terreno a la china después de dos derrotas claves del propio Lee Sedol ante la nueva estrella ascendente, Ke Jie. Derrotas que algunos consideraban alimentadas, al menos en parte, por la puesta en cuestión permanente que sobre su juego ha creado el relato periodístico de estas semanas.

Pero en el Go, todo es siempre más complejo de lo que parece. Lee Sedol sabía que ni siquiera ganar hoy bastaría. Que el sistema de «aprendizaje» hace que aun ganando, si jugara con un estilo coherente las cinco partidas es probable que sufriera cada vez más. Sabía que la base de datos de Google tenía todas sus partidas, todas, incluso las infantiles, registradas. Sabía que, como los grandes maestros del pasado, tenía que hackearse radicalmente a sí mismo, reinventarse más allá de lo previsible por la heurística maquinal de AlphaGo en cada partida y aceptar el riesgo de jugar sin hacer, hasta el final, una victoria demasiado clara. Ser previsible sería su fin y el fin de todo lo que este torneo representa. Como él mismo ha dicho, cinco a cero hubiera sido el único resultado aceptable. El único que hubiera mantenido el muro en pie.

El último combate de Sanjuro

sanjuroEn «Sanjuro», un clásico de Akira Kurosawa de 1962, el gran maestro del western japonés nos presenta la confusión de un grupo de samurais que pretende acabar con la corrupción de la élite gobernante de su provincia. Mientras deliberan, un ronin -samurai libre- que descansa apoyado junto a un tablero de Go en una sala contigua, les escucha e interviene para advertirles que el jefe del crimen organizado es en realidad el mismo superintendente al que obedecen y al que han transmitido sus sospechas. Los samurais se ofenden y discuten con el ronin… hasta que aparece la guardia, probando en los hechos que el ronin llevaba razón. Por supuesto Sanjuro y sus nuevos amigos, que tardarán en confiar en él, triunfarán a sangre y katana. Pero Sanjuro, tras ganar la admiración de todos, elegirá marchar en solitario. En la aventura ha descubierto que «la mejor espada es la que no se desenvaina».

Tal vez sea la gran moraleja de hoy. Tal vez nuestro Sanjuro no tendría que haber dejado de estar a la escucha junto al tablero, no debería haber entrado en el juego. O tal vez la moraleja sea la contraria, tal vez sea ahora, vencido por la fuerza bruta de Google el sistema de rankings, cuando el juego se libere para ser, solamente, una celebración del ingenio humano y la abundancia.

«Humanidad 0 – Google 1» recibió 33 desde que se publicó el Miércoles 9 de Marzo de 2016 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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