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Identidad, comunidad y empleo

Una de las ideas más potentes de El capitalismo que viene es que el homo posteconomicus piensa desde una racionalidad social en la que la identidad y la pertenencia distorsionan sustancialmente lo que la racionalidad maximizadora de los modelos económicos clásicos predice.

Hoy aparecía la noticia de que las cooperativas de trabajo en Madrid habían aumentado el número de personas empleadas en pleno chaparrón de despidos. Vicente Pérez, de UCTMA comentaba que:

Los números, una vez más, vienen a dar la razón al mundo cooperativo y de la economía social. No es sólo una frase, sino que es una realidad: las empresas cooperativas representan una fórmula eficaz de creación de empleo, al tiempo que significan otra forma de abordar la actividad económica, centrada antes en las personas que en el capital.

¿Por qué? La respuesta obvia es que en un régimen autoritario y burocrático como es la empresa tradicional, es relativamente fácil ajustar en empleo, mientras que en una comunidad democrática es la última opción. Es más fácil reinventarse, innovar, echar más horas, mejorar el desempeño, que condenar a alguien al ostracismo.

Claro que eso explicaría una menor destrucción de empleo, pero no el claro anómalo de una creación neta de puestos de trabajo.

El que las cooperativas madrileñas creen trabajo neto tiene que ver con la relación principal-agente y con los incentivos de los gestores. Ya sabemos lo que pasa en la empresa tradicional. En la empresa democrática en cambio, como en toda democracia, el objetivo a maximizar por los administradores tiene más que ver con el sentido de seguridad que la comunidad tenga respecto a su futuro que con el retorno inmediato del capital o sus propias posiciones como gestor.

Los gestores electos y sus electores trabajan en las empresas democráticas para un nosotros concreto, para una comunidad real que como cualquier demos, piensa en términos de bienestar, libertades y seguridad. Un demos que, gracias a serlo y compartir una identidad, será capaz de aceptar sacrificios temporales para crecer, relocalizando recursos humanos de forma efectiva y rápida.

La empresa democrática concurre en el mercado como una guerrilla dirigida por el viejo maestro Sun Tsu: ampliando el campo de batalla continuamente, poniendo las irregularidades del terreno a su favor. La empresa burocrática se nos presenta como Clausewitz, organizando sobre el papel grandiosos y pesados planes de batalla. Pero a la hora de la verdad actúa como Lee o como Zhukov, como si el número de las propias bajas no importara en absoluto y el valor humano destruido no puntuara en los balances.

«Identidad, comunidad y empleo» recibió 0 desde que se publicó el miércoles 25 de febrero de 2009 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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