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In vino, veritas

Los apasionados discursos y debates en torno al vino -y en especial sobre el vino natural- delimitan seguramente mucho mejor las grandes alternativas de nuestra época que la mayoría de los discursos políticos.

Hace falta ser ciego y sordo, estar embrutecido por la matraca de la propaganda, para ignorar que no se trata para nada de “proteger el ciudadano”, sino al contrario, bajo los pretextos falaces del orden, de la higiene y de la seguridad, reprimir sin matices y sin preocupaciones de elemental civilidad, en una palabra, se trata de instituir la represión como único principio y modo de gobierno.

La cita anterior no pertenece a un acalorado discurso político ni a un libro sobre la Sociedad de Control, sino a La muerte del vino de R. Dumay.

Y es que los debates sobre el vino son especialmente apasionados porque resumen buena parte de los debates de esta época. Leyendo los buenos y bien organizados argumentos del vino natural uno no puede más que dar la razón a los viticultores italianos, franceses y españoles que han optado por centrarse en la mucho más difícil elaboración de vinos naturales, renunciando al comodín de los más de 300 productos enológicos de uso habitual, en especial el sulfuroso, causante de esos sulfitos de los que nos advierten por ley las etiquetas y que al parecer son los culpables de la resaca y el mal cuerpo del día después que dejan los vinos no naturales.

A primera vista el vino natural podría parecer un ejercicio de virtuosismo con un punto snob: ¿Por qué no usar química? ¿Por qué no conformarse con hacer cultivo ecológico y mantener una elaboración industrial, refrigerada, controlada con productos autorizados?

La respuesta es sencilla: porque un vino natural es a un vino con sulfitos, por muy de cultivo ecológico que sea, como un zumo de naranja natural a un brick de zumo elaborado a base de concentrado. Pueden gustarte los dos, pero no son lo mismo ni expresan lo mismo. No significan lo mismo. Eso sí, el vino natural exige más. Del bodeguero, del agricultor y del consumidor. Pero cuando se consigue la excelencia el resultado es increible, es redescubrir el vino y entender que significaba aquello de sangre de dioses: el vino, el natural, es sacer… y seguramente por eso exige innovación y aprendizaje continuo, como comenta Alice Feiring en The Battle for Wine and Love: or How I Saved the World from Parkerization.

Y precisamente por eso, como podemos leer en el blog de Nacho Bueno, enfrenta ahora las descalificaciones de una cierta prensa promocional que la ve seguramente como una amenaza. El vino natural no es masificable. Nada extraño: lo mismo hicieron los mismos grupos editoriales con la blogsfera cuando esta empezó a emerger. Y precisamente, gracias a eso, a los nuevos blogs de vino podemos conocer hoy las maravillas que los grandes medios nos dejan en sombra.

«In vino, veritas» recibió 0 desde que se publicó el jueves 8 de octubre de 2009 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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