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Burbuja puntocom

ole buscadorSe conoce como burbuja puntocom al incremento generalizado de valor bursatil de una serie de empresas dedicadas a los servicios y contenidos web entre 1998 y marzo 2000 que se saldó con un cambio general de tendencia del NASDAQ, que continuó cayendo de manera casi constante hasta finales de 2002.

La burbuja puntocom fue también un periodo de conflicto entre las tradiciones distribuidas de Internet y la lógica centralizadora impulsada por los capitales y el estado. El modelo de contenidos y servicios comerciales, basado en fomentar la división entre emisores (empresas) y receptores (consumidores) se conoció después genéricamente como Web 1.0.

Historia

A mediados de los 90 la guerra fría ha terminado definitivamente. Los países del Este Europeo inician sus transiciones hacia la democracia y la economía de mercado. Sin embargo, las primeras expectativas comerciales se ven frustradas: los países del ex-bloque socialista no tienen mercados con capacidad real de compra. Las inversiones en estructura productiva a corto y medio plazo (5 años) no son excesivamente atractivas. Y sin embargo el fin de la carrera armamentística y los primeros síntomas de la crisis de las escalas han liberado una gran cantidad de capitales que necesitan ser reinvertidos.

Mientras, el número de usuarios de Internet crece continuamente gracias a la bajada de costes de conexión en algunos países y sobre todo a la extensión de la www que hace mucho más usable el entorno. Mediáticamente Internet aparece como algo a ser explicado. Un lugar hacia donde se dirige la atención de millones personas. Descritas, por pereza mediática o por deseo subsconsciente como consumidores. Nace uno de los primeros abismos conceptuales con los grandes medios: los cibernautas a los que entonces se llamaba surfers, eran sólo en muy escasa medida consumidores en términos monetarios.

«Da igual, se gastarán su dinero tarde o temprano», dicen los analistas «Internet ofrece posibilidades de desintermediación que permitirán sustituir los viejos sistema de venta por correo y teletienda, expandiendo la venta directa a un nivel nunca conocido». El alto grado de conocimiento público alcanzado en poco tiempo por negocios como Amazon gracias a la atención mediática, aumenta aún más las expectativas.

Capital riesgo para «ocupar el espacio»

Fluyen los capitales hacia «first thursdays», ferias y otros eventos en los que se presentan proyectos en busca de inversores sobre unos planes de negocio basados en expectativas de crecimiento exponencial del número de usuarios de la red. El discurso general habla de «ocupar» espacios y «llegar el primero» que justifican inversiones multimillonarias en tiendas online y ezines.

La fantasía del nuevo mercado se incorpora a los debates, las crónicas y los ensayos pulp para empresarios. Con un capitalismo sediento de nuevas demandas, con grandes capitales buscando colocación, la sola sospecha de su existencia atrae fondos, alía gigantes y financia mastodónticas campañas publicitarias.

Es una nueva carrera del Oeste con electrónica y computadores. Los nuevos vaqueros entran en las praderas cuasi vírgenes de la Sociedad de la Información con las miles de cabezas de sus puntocom.

Se ilusionan, pero no se engañan: el Oeste no está vacío. Están los pioneros, los exploradores y los indios: ciberpunks y hackers. Aparentemente nada importante, se puede absorber a unos, ignorar a otros y criminalizar al resto. El principal problema del nuevo territorio es la ausencia de barreras de entrada. La frontera es libre.

De mercado a medio de comunicación

Estamos ya a finales de los noventa, el negocio, se ve claramente, no va a estar en el acceso y el volumen de dinero invertido genera preocupación. Los grandes consorcios mediáticos optan por una nueva estrategia: convertir la WWW en un medio tradicional, dividido entre unos cuantos emisores corporativos y una masa de receptores/consumidores pasivos. Para ello aprovecharán las grietas que la tecnología web ofrece para generar barreras y convertir en coto privado un mundo abierto.

Empieza lo que los ciberpunk llamaron la batalla de las puntocom. Pioneros contra empresarios. Consorcios contra hackers. Ciberactivistas contra operadoras y estados reguladores. Durante tres años la prensa se hará eco de cada movimiento de las tropas, de cada refriega y combate. Para finalmente, reducirse a un interminable y constante goteo de bajas: quiebras, cierres, bajones bursátiles. La fantasía puntocom muere en algún momento entre 2000 y 2001. Las sucesivas caídas del NASDAQ serán su toque de difuntos. El fin de la prensa tecnológica de negocios y el nacimiento del movimiento blogger confirman que el primer enfrentamiento entre la naciente netocracia y los monopolios se salva con una victoria para los primeros.

Lo que la burbuja dejó

El discurso regulacionista y consumista

Los ejes de la ofensiva monopolista en su intento de controlar la WWW siguen sin embargo vivos en buena medida y servirían después de modelo para la estrategia del sector audiovisual en la batalla sobre la propiedad intelectual en el mercado de la música y el software:

  • La ausencia de regulación estatal (Internet es algo por definición no estatal, sino civil y privado), empujando al estado a restringir las libertades que las nuevas tecnologías abrían.
  • El atraso tecnológico de los países de la periferia: incorporando a la red a los newbies desde campañas de publicidad masiva y aplicaciones parciales de la red, usando la inmigración masiva de gente joven y de bajo nivel tecnológico como marea en la que ahogar el incipiente movimiento civil del ciberespacio
  • Audiovisualizando la web. Spameando a la opinión pública con el mensaje de que lo interesante de la web eran sus potencialidades audiovisuales, un terreno en el que producir, en aquel momento, un lustro antes de 1 y cuando las cámaras digitales no estaban extendidas ni siquiera en el mundo desarrollado, no era algo abierto. Nadie soñaba siquiera entonces con hacer cine, ni competir con las grandes cadenas televisivas a base sólo de buenas ideas

Tecnologías para dividir entre emisores y receptores

Esta última estrategia dio lugar a un montón de nuevas tecnologías, y entre las de más éxito el famoso Flash de Macromedia. Pero audiovisualizar significó de paso infantilizar. Poner dibujitos en lugar de hipertexto. De forma suicida los grandes portales remataron la jugada al modo de las cadenas de televisión: se aislaron y pasaron a no enlazar a nadie fuera del grupo mediático o financiero de turno.

Una de las consecuencias más interesantes de esta estrategia de audiovisualización fue que las grandes webs comerciales desaparecieron de los buscadores: los robots no sabían leer dibujitos en Flash. Cuando la publicidad off-line desapareció de los macropresupuestos, eso significó desaparecer del mundo red. Los buscadores y sobre todo Google son ya para entonces el índice de la WWW, el mapa del universo.

Escenas después de una batalla

En The Zenith Angle, Bruce Sterling hace un retrato de cómo quedaron Internet y el mundo tras la batalla de las puntocom centrado en lo que para la industria y el estado fueron las dos grandes decepciones: Internet no es ni comercial ni nacional.

He understood all the crushing issues that had prevented decent, well-meaning people from ever getting anything useful done in national computer security.

Problem number one: there was no such thing as a “national” computer. At all. That was a contradiction in terms, like talking about a black sun or a square triangle. You could put a flag decal on the side of a computer. You could hide it in a military base. You could pay for it with taxpayer money. But talking about “American” computation was like talking about “American” mathematics or “American” physics. It just didn’t come with flags.

National people were the wrong people to attempt that security job. A nation, any nation, was just too small. Any cable map could show you the enormous fiber-optic pipes that circled the planet. Tycom Transatlantic, EInergia, Americas-II, Africa ONE, Southern Cross, FLAG Europe-Asia. Pipes laid across the planet’s sea bottom at fantastic expense and effort. Specifically built to reach distant, extremely un-American places. Places like Santiago, Capetown, Mumbai, rerth, Shanghai, and Kuwait City. Places shock-full of alien computers owned by very un-American people. The whole point o the effort was to become less American. That was why it was called Internet instead of USA-Net. It isnt possible to build nets inside your own nation that only your nation could use. France had tried it: Minitel. Britain had tried it Prestel. National networks died horribly. It was like trying to build a computer net that only talked to Milwaukee.

It got worse. Even inside American national borders, you couldn’t wrap computers in the red-white-and-blue.

Eighty-five percent of the hardware was owned by private industry. Multinational private industry Multinational private industry that had gone broke. The computer and telecom industries were on their knees. They had lost legendary, incredihle, colossal amounts of money. They had lost diamond-mine, mountain-of-gold heaps of money.

They had tried to build a commercial for-profit Internet. There was nothing commercial about the Internet any more than there was anything national. That was why it was called Internet instead of Internet Inc.(TM).

The Internet belonged to a world of the 1990s, a Digital Revolution. The people in the 2000s were way over the Digital Revolution. They were deeply involved in the Digital Terror. The nervous system uf global governance, education, science, culture, an e-commerce, it was all in a spasm. lt had all broken down in a sudden terrible panic in the last mile. The last mile stood between these great, big, fat, global, huge, empty terrifying fiber-optic pipes, and the planet’s general populatlon.

The Net had not just broken. It had been abandoned, cast aside in fear and dread. Because the movie companies, and the telephone companies, and the music companies had suddenly realized that their “intellectual property” would not remain their property for one picosecond, when everyday people all around the world could click, copy, and forward all their movies. All their music. All their calls home to Mom. And the people did that. The children of the Digital Revolution were a swarm of thieves. More people had used Napster than voted for the rresident of the United States. Nobody paid for that music.

People didn’t pay. The people were free. In a world like that, there wouldn’t be a music business. There wouldn’t be a movie business. There would be no such thing as long-distance charges. There would be no long distances. There would be no business. Nothing but it, the Net. And the horror of that freedom could not be endured.

So the Information Superhighway had just stopped. Stopped dead with its sawhorses and construction lights still up, like an incomplete overpass. A titanic physical investment. Dark fiber. Not lit up. In receivership. Gently rotting in the mellow ground.

Business could not save itself from the situation it had eagerly brought on itself, this world of free and open access. It could not spare the effort and revenue to reinvent itself as a safe, secure, comforting, for-profit utility. There was no such thing as a computer business really. Racing into cyberspace was not a business enterprise, any more than the long-dead Space Race had ever been a business. Money fell out of it here and there, but that was not its point. It was a tremendous, wrenching effort in pursuit of the sublime. People aiming for the Moon, touching it for a golden moment, and being let with massive bills and rusting gantries.

There was some software business around. There was Microsoft, which was a monopoly. Microsoft was never secure, because of the hatred. Microsoft was hated everywhere, despised, mercilessly attacked. Sabotaged, tormented, humiliated. Microsoft was a pathetically vulnerable monopoly, because every hacker in the world who knew anything at all about cumputers understood how to attack Microsoft and its products.

Microsoft’s operating systems had never been built resist the foused hatred of every alienated hacker in the whole world. No single system could ever bear up under that level of focused intellectual assault. It was like trying to save Saigon when everyone in the whole world was Viet Cong. There were not just dozcns of holes in Big Bill’s code but thousands of holes. The patches of the holes wrecked the code, quite often. The patches of the holes had holes. Some of Microsoft’s holes were unre pairable even in principle

Bill had more money than anybody in the whole wide world, but Bill didn’t have enough money to save himself. Except for the Microsoft operatíng system -a monopoly- and the Microsoft Office Suite -another monopoly- very other venture Bill had tried lost huge amounts of money. There were a couple of really pretty nice Microsoft computer games that made a little money. That was all about it.

The biggest competitor that Microsoft faced wasn’even a business. It was a new and terrible thing in the world. It was Open Source, a thing that frightened Microsoft so much they regarded it as a cancer.

Open Source aimed to eat away Bill’s empire and replace it with a swarming, leaderless ant pile of global hackers. And Open Source wasn’t a government any more than Open Source was a business. There was no one to negotiate with. There was no one to cut a deal with. There was no one to regulate. There was no one to bomb

You could bribe them. But you could never bribe all of them. You could sue them, arrest some of them, but that really looked stupid, and besides, they were probably living in Finland.

Una nueva etapa

Aislados y vacíos los grandes portales desaparecieron uno a uno. Los newbies fueron convirtiéndose a la cibercultura de a pocos. Esta fue la clave de la batalla. Su punto álgido. Jóvenes de 18 años sin casi conocimientos tecnológicos, muchas veces sin saber siquiera editar en HTML se hacen un blog, una nueva forma para las viejas esencias de Tim Berners Lee.

El esqueleto informacional del mundo red, su maraña neuronal, había resistido el primer gran ataque. Al final de la batalla de los puntocom, la sociedad red es más numerosa y fuerte que antes. Informe y poderosa, como un monstruo espacial del pulp cinematográfico de los 50, como una enredadera mutante, nace de entre las ruinas el primer gran medio de comunicación distribuido: la blogsfera.