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Conquistar el trabajo es reconquistar la vida

Grupo de Cooperativas de las Indias

Carolina Ruggero

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Carolina Ruggero. Socióloga y experta en políticas públicas. Durante casi diez años coordinó el diseño de distintos proyectos estratégicos de Gobierno de la ciudad Autónoma de Buenos Aires bajo tres gobiernos diferentes: Inserción de la mujer en la economía (2003), planificación y control de gestión de la Subsecretaria de Emergencias (2006), prevención social del delito (2007), desarrollo integral infantil (2008) e inclusión social dentro de la política de industrias creativas (2009) donde creará redes en todo el continente. En 2011 se incorpora a las cooperativas indianas y en 2012 a las Indias que entonces se instala en Bilbao, donde hasta enero de 2015 coordina la incubación del proyecto que se convertirá después en Fondaki-SIP-ner, la primera empresa de inteligencia pública al servicio de la internacionalización de la PYME en la península. En 2016 toma una excedencia en sus labores cotidianas en las Indias para convertirse en la primera «kibutznik» del siglo XXI en incorporarse a un gobierno nacional, asumiendo el 1 de marzo de 2016 como Directora Nacional dentro del Ministerio de Bienestar Social de la República Argentina.

Es co-autora de «El Libro de la Abundancia» y «El libro de la Comunidad», elaborados colectivamente por los miembros de las Indias en 2015.

Carolina Ruggero en primera persona

A los 14 años empecé a molestar aprovechando el espacio que la naciente democracia argentina abría para que los adolescentes canalizáramos nuestras necesidades tanto de lectura como de gasto energético y hormonal.

Terminé el colegio y empecé a estudiar Sociológía, dentro y fuera de las aulas de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. En esos espacios también me dediqué a la militancia política y me apunté a cuanta reunión en bares aledaños tuviera lugar.

Trabajé de todo un poco desde los 18 años, hasta que en el año 2000 tuve mi primer trabajo en una oficina pública, el inicio de un largo periplo que fue desde oficinas del gobierno nacional argentino, a la Ciudad de Buenos Aires, pasando por algunas experiencias puntuales en algunos municipios.

Trabajé sobre políticas de género en el Consejo Nacional de la Mujer y en la Dirección de la Mujer de la Ciudad de Buenos Aires; colaboré en planes de emergencia habitacional para la misma ciudad e hice un diagnóstico como base para el plan urbano ambiental que en su momento se propuso San Martín.

Paralelamente, me subí a distintos proyectos con amigos que iban desde completar cadenas de valor de artesanos en distintos rincones de Argentina, hasta capacitaciones en Políticas Públicas para dirigentes políticos o colaboraciones en investigaciones o análisis de diversos programas públicos.

Consecuentemente, comencé a cursar una maestría en políticas públicas que fue una reserva inagotable de fiestas, amigos y aumento del “capital social”, lo que quiere decir que trabajé luego con muchos de los que allí conocí.

Cuando casi estaba por salir feliz y contenta de las oficinas públicas de la Ciudad de Buenos Aires, un amigo me pidió que lo ayudara en la planificación de un área de emergencias, donde tuve contacto por primera vez con una estrategia de prevención social del delito. Dejé a mi amigo plantado y salí corriendo a coordinar un programa dedicado a jóvenes delincuentes. Más allá de tener que andar dando explicaciones de por qué andaba preocupándome por indeseables, creo que mi principal tarea fue lograr que psicólogos y trabajadores sociales no fueran sus torturadores, ideando ciertas actividades y metodologías que me valieron reconocimiento, autoconfianza y mayor autonomía para elegir mejor mis trabajos.

A partir de esa experiencia me propusieron coordinar centros de desarrollo infantil en la misma ciudad y andar de villa en villa se consolidó como una de mis principales tareas, aunque cambiar la cabeza de algunos trabajadores fue mi preocupación acuciante e idear modos de intervención innovadores mi principal desafío durante los ratos libres que me dejaban los problemas edilicios, alimenticios y de personal.

Cansada un poco de intentar buscar parches creativos a la carencia, decidí probar en un área creativa y comencé a trabajar en un plan de integración del Centro Metropolitano de Diseño a su entorno comunitario, en el sur de la Ciudad de Buenos Aires.

Allí terminé de cerrar en mi cabeza todo lo que presentía: la clave estaba en la producción, en el trabajo de verdad, en la mentalidad empresaria y no en el microentretenimiento asistencial.

También allí aprendí a diseñar políticas para las puesta en valor de las industrias creativas y a interiorizarme en las características del sector.

Por esos tiempos, y justo cuando estaba sintiendo que mi paso por esas oficinas tenía que llegar a su fin, conocí a las Indias.

Desde entonces, además de participar de distintas maneras en los diferentes proyectos, coordino Fondaki, una empresa de inteligencia pública, dedicada a proveer de información, análisis y estrategias a empresas, ONGs y gobiernos locales. Fondaki está localizada en Bilbao y es una empresa participada del Grupo Cooperativo de las Indias y el NER Group.

Si bien parece un gran quiebre, no lo fue tanto: la ética hacker fue parte de mi vida y por ende de mi actividad laboral aun sin saber su nombre, la generación de autonomía fue lo que busqué o propuse en cualquier proyecto y muchas de las personas a las que conocí durante mi recorrido son también parte del inmenso mapa salpicado de colores en el que nos movemos día a día.

El Correo de las Indias es el agregador y plataforma de blogs de los socios del Grupo Cooperativo de las Indias y es mantenido y coordinado por los miembros de la comunidad igualitaria de las Indias