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Economía directa

Gap de innovación entre economía directa y vieja economíaLa economía directa o direct economy caracteriza un tipo de actividades productivas y comerciales:

Y como resultado se convierte en un acelerador de la innnovación en el mercado y en la base del nuevo desarrollo local.

Origen del término

En 2005 Juan Urrutia, que en «El Capitalismo que viene» (2004) ya ha comenzado a delinear las claves de un cambio productivo basado en la disipación de rentas empieza a señalar la emergente centralidad del capital humano en los nuevos procesos productivos, centralidad que implica la reducción de las escalas:

Por lo tanto no hemos de extrañarnos si, junto con los progresos en la productividad observamos cambios en el control desde el capital financiero al capital humano. Este cambio, ya perceptible, generaría otros cambios profundos y no se llevará acabo sin resistencia; pero acabará imponiéndose como forma de promiscuidad social ya que el factor productivo escaso hace tiempo que es el talento y no la capacidad financiera

Hacia el año 2010, John Robb conocido por sus esfuerzos en el desarrollo teórico de la resiliencia, decidió hacer una consultoría sobre sí mismo. Se proyectaba como un agente económico y descubrió que contaba con diferentes recursos que no estaba utilizando. Incorporarlos a su actividad, contribuiría a disminuir su dependencia de su fuente económica principal -la consultoría. John Robb diseñó una cesta de actividades, y se concentró en ponerlas en marcha. Pasaba a ser un pequeño productor agrícola, a alquilar diferentes espacios en su casa, además de vender horas de asesoría mediante telepresencia, escribir libros y mantener su blog. Empezó a referirse a este fenómemo como «Economía directa», una fórmula que le permitía distribuir sus ingresos a través de diferentes actividades, todas ellas desintermediadas.

Si John llegaba a este planteamiento buscando la reinvención de la familia norteamericana como unidad productiva resistente a las crisis, en las Indias en ese mismo momento comenzábamos a sentar las bases de la Economía directa como resultado de la aplicación del conocimiento libre y la disminución de las escalas de producción.

En nuestra mirada la Economía Directa agrupaba a toda una serie de actividades productivas y comerciales de pequeñísima escala que gracias a Internet estaban ganando un gran alcance con bajísimas necesidades de financiación. De hecho, la combinación de software y conocimiento libre, preventas online y «crowdfunding» estaba ahorrando ya a un número creciente de proyectos la búsqueda de accionistas y créditos. Por otro lado el floreciente mundo de las «apps» para móviles estaba sirviendo de modelo a todo un nuevo sector de micro PYMEs industriales. Un sector centrado sobre todo, aunque no únicamente, en la electrónica de consumo, que utilizaba la industria tradicional como una suerte de gigantesca impresora 3D para fabricar a bajo precio tiradas cada vez más bajas de todo tipo de productos.

Es decir, la potencia de la Economía directa no reside tanto en la posibilidad de obtener rentas extras de excedentes (casa, coche, herramientas…) el «core» del consumo colaborativo), sino en las posibilidades que ofrecen las redes, la desintermediación, la desfinanciarización y la «comodificación» de la industrial manufacturera para salir al mercado con productos innovadores teniendo una escala pequeñísima.

En «Los futuros que vienen» (2010) escribíamos que:

En la práctica, el acceso a las grandes cantidades de capital necesarias para producir a bajo coste casi cualquier objeto físico, hacía, hasta hace poco, que sólo pudieran ser competitivos los mercados de bienes muy básicos con muy poco valor añadido -las «commodities»- y, más recientemente, los muy «virtualizados» como el software o los contenidos comercializados a través de Internet. Pero eso también está cambiando.

En navidades del año pasado todos los medios tecnológicos españoles hablaron del GeeksPhone One, el primer «smartphone» hecho en España. El secreto: diseño propio, Android (es decir, software libre de licencia blanda), producción en una factoría china y venta directa a través de Internet. Resultado: 100.000€ de capitalización que fueron asumidos entre tan sólo seis socios. El resultado era más barato que ningún otro smartphone liberado y fue un éxito comercial: en un mes el número de pedidos ya superaba el plan de producción.

Constantemente se hacen públicas ofertas similares en todos los campos, pequeñísimas empresas de dos o tres socios que crean un producto de nicho, lo producen en Asia y lo venden a precios más que competitivos por Internet obteniendo buenos beneficios. Puro «capitalismo que viene» produciendo y consumiendo sucesivas olas de innovación.

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