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Kibutz

kibutzUn kibutz es una comunidad productiva donde la totalidad de la propiedad, el ahorro y el consumo se comparten a través de una cooperativa y se gestionan de forma consensual o democrática.

Aunque en sus orígenes los primeros kibutz fueron colonias agrarias, hoy los kibutz tanto dentro como fuera de Israel muestran una gran diversificación en la que la industria, la tecnología y los servicios sobrepasan de largo la producción agraria y agroindustrial.

¿Kibutz o kvutza?

La palabra original para definir a un kibutz en hebreo era «kvutza», equipo (plural «kvutzot»). La palabra «kibutz» se utilizó después para nombrar a las grandes estructuras centralizadoras de estas comunidades, fundamentalmente el «Kibutz Me’uhad» y el «Kibutz Artzi». Por contra el grupo derivado de la evolución del modelo original de Degania se llamó «Hever Hakvutzot», remarcando el carácter confederal de su modelo.

En español, sin embargo, el término kibutz (de plural invariante) designa tanto a la comunidad concreta como a la estructura centralizada o no, formada por varias comunidades.

Orígenes del kibutz

Palestina en 1905 está divida entre varias unidades administrativas menores del imperio otomano. Son inexistentes las comunicaciones e infraestructuras modernas, el atraso es brutal, el gobierno es todo lo corrupto que se puede imaginar y cada vez más campos son abandonados por la inseguridad o la dificultad para hacerlos mínimamente provechosos.

La población musulmana, de medio millón de personas, es mayoritaria. Solo 25.000 de más de un millón de refugiados judíos que han huido de las masacres desde el Este europeo hacia Occidente, se han asentado en la región.

Moshavot: Las ecoaldeas de la época

poster-fnjEl sueño sionista que alienta a la minoría que emigra a Palestina pasa por crear una nueva clase de labriegos y agricultores independientes. La fórmula, la moshava, se parece a la de las ecoaldeas actuales: una cooperativa que pone en trabajo las tierras, crea unas infraestructuras mínimas y después las lotea entre los socios que se transforman en propietarios individuales de una determinada parcela. Las moshavot son financiadas en su mayoría por la Asociación Colonizadora Judía (ACJ) (dedicada a crear granjas para los refugiados en Argentina, Canadá, Turquía y muchos otros lugares) y el Fondo Nacional Judío, fundado cuatro años antes. Pero estas organizaciones hasta 1920 solo comprarán tierras baldías o abandonadas por los latifundistas locales. El patrimonio comprado con estos fondos no es más que una colección de pedregales, pantanos y secarrales de difícil provecho. Las moshavot se sostienen gracias a continuas refinanciaciones del capital solidario internacional y para colmo, el tipo de cultivo posible -en su mayoría frutales y vides- exige la contratación de mano de obra -tanto judía como musulmana- en unas condiciones que escandalizan al pequeño movimiento de trabajadores judíos organizados.

La joven emigración socialista

comuna de haderaEste germinal movimiento obrero se verá reforzado por la llegada de una nueva oleada de emigrantes (la «segunda aliyah») que huían de los pogromos en Rusia y de la represión que siguió a la revolución de 1905. Los recién llegados unían convicciones socialistas al ideal sionista. Los más jóvenes se integran en las primeras «granjas preparatorias» de la ACJ. El objetivo de estas instalaciones es enseñarles los trabajos propios del jornalero y el peón de estancia al tiempo que se aclimatan a la región. Comparten casas y de forma espontánea ponen los ingresos en común. Les empiezan a llamar comunas. Emerge entre ellos un sentimiento de fraternidad azuzado por la dureza del trabajo y la vocación de convertirse en «conquistadores de tierra», es decir los que al limpiar pedregales y preparar las tierras para el cultivo, hacen posible su colonización posterior.

shohatPero son muy críticos. Les disgusta el carácter que están tomando los moshavot, su dependencia de la ayuda internacional, la vigilancia constante de los gestores… los roces con la administración del movimiento sionista y con los colonos se hacen cada vez más frecuentes. Una emigrada rusa, Manya Willshevitz, Shohat, propone que se les permita la autogestión, es decir, que se les considere una unidad autónoma de trabajo, la kvutza, a la que se contrate en bloque para desbrozar y preparar un territorio para su colonización como si fuera un proveedor externo. La idea de convertirlos en cooperativas de trabajo no era inocente. Shohat se había formado en el partido eserita, el heredero de la tradición campesina revolucionaria rusa, y pensaba que el futuro pasaba por crear colonias campesinas igualitarias… lo que en ese momento era poco menos que herético, tanto para los partidos obreros judíos -que pensaban que una colonización obrera generaría pequeños capitalistas rurales en vez de un proletariado agrario- como para el movimiento sionista -convencido de que el futuro pasaba por una amplia clase de labriegos independientes y no por experimentos socializantes.

Pero para 1909 la situación de la colonización agraria es motivo de desespero para casi todos. Las condiciones de trabajo son durísimas, las condiciones higiénicas lamentables, las canalizaciones de agua precarias, los ataques de bandidos beduinos – que ya habían llevado al abandono de no pocos pueblos árabes- se cobran cada vez más víctimas judías, las enfermedades y la mala alimentación diezman a colonos y trabajadores. Cunde el desánimo y se multiplican las deserciones.

Degania

Fase 1: Compartirlo todo en ausencia de todo

comuna de haderaEn 1908 encontramos un grupo de tres amigos. Tienen todos dieciocho años y todos son varones. Van por los primeros asentamientos judíos realizando trabajos como temporeros. La situación económica es dura y lo que ingresan no llega para comer regularmente. Por motivos prácticos, comienzan a vivir juntos y poner sus salarios en común. Están intentando hacer realidad la idea de la «conquista del trabajo» y son reconocidos como buenos trabajadores. Se les unen otros tres de la misma edad y contextos ideológicos. Tienen problemas con los gestores del asentamiento en el que trabajan y organizan una huelga que pondrá el foco sobre ellos. Se trasladan de asentamiento y se les une otro grupo más -dos chicos y dos chicas- que también venía de ese «compartirlo todo» forzado por la necesidad material. Empiezan a generar atención. Les llaman «comuna» y ellos mismos empiezan a darse cuenta de que su modo de vida, compartiendo y decidiendo todo entre todos, no solo les permite vivir mejor sino que se están creando unos lazos afectivos que en un entorno tan duro les permiten ser mucho más resilientes y autónomos.

Fase 2: La cuadrilla de pioneros

deganiaSe comienzan a «vender» como un grupo de trabajo de «élite» preparado para los trabajos más duros y se ofrecen, ya como cuadrilla, para labores de pionero en terrenos lejanos y adversos: despedrar y desbrozar, construir las infraestructuras básicas, hacer la primera siembra. En 1910 consiguen ser contratados por primera vez como grupo -aunque solo los varones- para preparar unos terrenos en una zona insalubre, Um Juni, atestada de malaria, junto al lago Kinneret (el Tiberiades). Marchan todos -también las mujeres- porque separan claramente su propia organización, la kvutza, del contrato que les liga al FNJ propietario de las tierras. Legalmente, para poder habitar el lugar, ellas figurarán como empleadas de ellos. Llegan el 28 de octubre y se asientan en tiendas de campaña.

Pronto aparece la primera institución: la reunión nocturna tras el trabajo donde todos discuten de todo, reflexionan sobre lo que están viviendo y organizan las cuestiones prácticas, «al modo de una reunión familiar más que al de un comité ejecutivo». Cuando la administración intenta desplazarles a un nuevo asentamiento en el que tendrían que fundirse con otra kvutza y someter su trabajo a la asesoría de agrónomos profesionales, se rebelan: no les importa cambiar de terreno, pero para que una comunidad funcione y pueda desarrollar el tipo de pedidos que les exigen, aseguran, es fundamental tener una autonomía total sobre su propia organización. Para la época y sus escalas, los doce de «Um Jumi» no son más que una pequeña cuadrilla de trabajadores no cualificados, pero son conscientes de que son «otra cosa» y lo hacen valer tratando de tú a tú al mismísimo Fondo Nacional Judío y sus gerentes. Un nuevo administrador -Ruppin un gerente excepcionalmente abierto e inteligente que será una figura clave en el desarrollo de kvutzot y kibutzim- negocia con ellos: cede en todo pero a cambio de que -con un crédito del propio FNJ- dejen las tiendas y creen los primeros edificios. A los comuneros les da miedo, temen perder parte de su identidad como «grupo de vanguardia» al asentarse, pero finalmente deciden aceptar, quedarse en Um Jumi. Simbólicamente le cambian el nombre por «Degania», flor de gramínea. Es el 26 de julio de 1910. La decisión de permanecer y convertirse en granjeros se materializa pronto en la primera boda.

Fase 3: Pareja, familia y comunidad

Degania Yosef y Miriam BaratzLas condiciones son durísimas pero para finales de 1912 tienen ya beneficios y comienzan a devolver los créditos recibidos para comprar herramientas, semillas y materiales de construcción. Ya hay un niño, lo que obliga a una reflexión. Y las dos mujeres exigen igualdad en la participación en el trabajo, no estar recluidas en las actividades domésticas. El resultado será el primer modelo comunitario pleno: los niños se consideran responsabilidad colectiva, las parejas -y sus eventuales hijos- tendrán espacios -habitaciones primero, bungalows después- y tiempos propios, pero las comidas seguirán siendo colectivas. No se ve en ningún momento -a diferencia de lo que ocurre habitualmente entre los colectivistas- oposición entre las familias que están surgiendo y la comunidad. Al revés, como dice Miriam Baratz «es importante crear una célula familiar (…) y desde ahí ir al comedor comunitario para llevar el espíritu de la pequeña familia a la gran familia».

Más importante y más revolucionario aun para la época, la igualdad en el trabajo de las mujeres les obliga a incorporar al modelo dos innovaciones radicales: el trabajo doméstico pasa a ser también responsabilidad de los varones y la producción se diversifica para requerir menos intensidad con nuevos cultivos de regadío y olivos, gallinas, una lechería, un huerto y pronto miel. La igualdad les lleva a una mayor productividad. Cuanto más se comunitarizan más abundancia crean.

Fase 4: Crecimiento, asimetrías internas y cooperativización insatisfactoria

primeras casas en DeganiaPero el terreno con el que cuentan y la ambición de ponerlo a producir, genera una contradicción. Tienen que contratar trabajadores temporales. Más de 58 en algún momento del primer año. A los que llegan les ven como miembros potenciales, les dan voz en las asambleas y les ponen las cosas fáciles para quedarse. Para 1914 son ya 84 adultos viviendo en Degania, 40 como socios. Pero los comuneros todavía no han asumido que lo que realmente les define es «compartirlo todo». Los fundadores y sus familias siguen teniendo solo un fondo común, los nuevos tendrán un salario propio al margen de que el fondo pague los gastos comunes.

El crecimiento, además, les lleva a crear nuevas instituciones que sustituyen a la reunión diaria en la mesa de comedor: un comité ejecutivo y una asamblea semanal. Los propios fundadores se sienten incómodos y reducirán los poderes del comité al mínimo. La crisis que supone la guerra -con cientos de refugiados llegando a la kvutza- les llevará a renunciar a todo el bienestar duramente conquistado y volver a dietas de supervivencia a favor de crear servicios públicos (comedores, orfanatos, etc.). A pesar de las carencias, en 1915 tienen todavía energía como para invertir parte del magro presupuesto en contratar a un profesor de hebreo para poner en marcha todo un programa cultural -desde lecturas colectivas a coros- articulado por la adopción de la nueva lengua, un terreno neutro que permite trabajar y discutir en pie de igualdad con las docenas de recién llegados que empiezan a colaborar en el trabajo.

Pero para febrero de 1917 el crecimiento por pura empatía y el disgusto de fondo de los fundadores con las nuevas instituciones propias de una escala mayor, pasa factura. Tanjum Tanfilov dice en la asamblea:

La vida en común fue nuestro primer objetivo con nuestra llegada a Um Jumi. Nuestra misión era la expansión de la granja y nunca pensamos que esa expansión pudiera dañar la armonía de la kvutza. No pensamos que los trabajadores temporales viviendo con nosotros no sintieran familiaridad espiritual con nosotros.

degania 192?El espíritu integrador le llevará a proponer, con Joseph Bussel, un nuevo cambio productivo para poder dar trabajo igual a todos en la espera de que cambiando las condiciones materiales cotidianas, las afinidades se formen. Es claro que para ellos la integración y el sentimiento comunitario está por encima y determina el curso del desarrollo económico por el que optan. Pero las cosas simplemente no son así. Los nuevos miembros no sienten y viven el metabolismo económico como propio. En la misma lógica, los fundadores empiezan una nueva revolución en marzo de 1919: proponen una bajada de salarios (que solo ellos seguían poniendo en común) para comprar al FNJ la propiedad de las tierras. El objetivo: que la combinación de propiedad e ingresos variables en función de los resultados empujara una integración de verdad.

Pero los cambios y la cooperativización de la propiedad siguen sin funcionar. En 1919 las asociaciones de trabajadores han diseñado un nuevo tipo de asentamiento «para todo el mundo»: la moshava, cooperativas agrarias de trabajo sin aspiraciones comunales. El plan lo apoya el FNJ y Hapoel Hatzair, el partido «gordoniano» del que son parte buena parte de los fundadores. Comienza a llegar una nueva oleada migratoria y nadie considera ya la kvutza un modelo escalable. Cinco familias de Degania, incluida la familia Dayan, una de las fundadoras, se ofrecen para iniciar el proyecto.

Bussel les pide que marchen cuanto antes para no desestabilizar aun más la kvutza. La ruptura en el centro mismo del proyecto con la aceptación de la derrota por los Dayan, deja el corazón roto a los que quedan. Las cartas cruzadas entre Shmuel Dayan y Tajum Tanfilov son conmovedoras. Bussel mantiene el ánimo haciendo de tripas corazón y lanza una nueva reforma para retornar al «espíritu original», un «reset».

Fase 5: Reseteo y comunalización

degania 1030 niñosEl «reseteo» significa, por fin, una reducción del número de miembros a aquellos que de verdad están por compartirlo todo. Solo quedarán 25 adultos -13 de ellos mujeres. En consecuencia se reducen las tierras cultivadas y se diversifica aun más la producción. Por primera vez se hace consciente que el centro y el objetivo del trabajo no es cultivar más tierra ni dar cabida al mayor número posible de personas, sino mantener y desarrollar las relaciones comunitarias. El objetivo de la comunidad es la comunidad misma. Estamos ya en 1920.

No tratarán de integrar en la comunidad a los nuevos grupos de emigrantes que llegan desde Europa. Dos de ellos llegan ese mismo año. Se convertirán en kvutzot independientes -Degania Bet y Degania Gimmel- aunque se establecerán en las cercanías y usarán los sistemas de regadío, las herramientas, recursos y servicios de Degania. La idea de crecer como una confederación de kvutzot empieza a flotar en el ambiente.

La economía comunitaria mientras tanto se está reponiendo, para 1923 ya han conseguido pagar todas las deudas heredadas de la situación excepcional de la guerra. Degania se ha convertido mientras tanto en el modelo de una nueva cultura secular judía, que al mismo tiempo que conserva fiestas y celebraciones y honra una nueva forma de relación con la Naturaleza a través del trabajo, es completamente ajena a la práctica del culto religioso.

un pueblo en el jordán baratz deganiaPara 1922 Degania ha pasado solo de 23 a 35 miembros, pero el número total de kvutzot ha pasado de tres a ocho. Es necesario hacer un «modelo» explícito para evitar que las comunidades recién formadas repitan los mismos errores de Degania en la construcción de una vida comunitaria autosuficiente. La respuesta parece obvia, declararse comuna abiertamente y superar de una vez la división entre cuentas y salarios particulares para «los nuevos» y fondo comunal para «los viejos». La argumentación toma un cariz económico porque es verdad que la comunalización tiene un efecto inmediato sobre la resiliencia económica de todos y a los deganianos les sigue dando vergüenza postular abiertamente un modelo basado en algo difícilmente escalable o universalizable. Pero Baratz en principio se opone, no quiere que parezca que se declaran comuna «por los dólares y los céntimos», como «un producto de la necesidad». Las heridas de la ruptura del 19 duelen todavía y la comunitarización pasa finalmente a ser explícita. Para 1923 lo que están en Degania son los que realmente quieren el modelo comunitario, la comunidad «de verdad», unida por lazos interpersonales, donde todos cuidan de todos, todo se decide por consenso y todo se comparte.

Fase 6: Choque generacional

hashomer hatzairParadojicamente, para entonces, el modelo comunal ya no es visto como «utópico», «irrealizable» y «solo para unos pocos». La nueva generación llegada en la última oleada migratoria, influida por la revolución rusa y el marxismo, tenderá a descalificarles «por la izquierda» rechazando por «pequeñoburguesa» su concepción de la comunidad «pequeña» basada en las familias, la conversación y los lazos de solidaridad interpersonal. Será la generación del «gran kibutz» de ámbito nacional que se ve a si mismo como el primer paso de una sociedad colectivista… algo que producirá rechazo en unos deganianos que sentían una antipatía instintiva por las constricciones impuestas por toda ideología universalista.

El resultado del shock generacional será un parón en el crecimiento en la formación de nuevas kvutzot y un paso a segundo plano ante un nuevo tipo de movimiento, los kibutz colectivistas. Para 1927, cuando crean «Hever Hakvutzot» el número de comunidades solo habrá crecido hasta la docena.

Fase 7: Crecimiento orgánico

degania colorSin embargo, la claridad y el compromiso con el modelo finalmente destilado en 1923, les permitirán conectar con los más jóvenes de la generación de la revolución rusa, los que ya han visto los errores y horrores del bolchevismo en Europa y rechazan como ellos del colectivismo, abrazando de nuevo el ideal constructivo de la conquista del trabajo. Tras muchos viajes y debates, en 1932 absorben a un movimiento juvenil europeo, Gordonia, que les permitirá impactar más que nunca en su entorno y mantener un crecimiento sobre el modelo de «sociedad de amigos» hasta que los desastres de la Segunda Guerra Mundial y el Genocidio primero y los costes de todo tipo de la Guerra de Independencia y la construcción del estado de Israel doblen final, pero nunca totalmente, su evolución.

Para saber más

Para saber más sobre la filosofía y la historia del movimiento kibutziano y nuestra aproximación a él te recomendamos nuestra serie: «Fundamentando el comunitarismo»