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Lógica de la abundancia

Tiempo de Armonía por SignacAbundancia es un concepto económico del ámbito de la producción, no del consumo. Existe abundancia cuando se puede producir una unidad extra sin que eso suponga un incremento perceptible de costes. Para los economistas se reduce a una fórmula: «coste marginal cero». Cuando en un mercado competitivo ideal el coste marginal es cero, significa que los precios que maximizarían el beneficio de los productores serían también cero.

El sentido común diría entonces que la empresa no tendría ningún incentivo para seguir produciendo. Pero en realidad, ocurriría todo lo contrario. Aunque el precio del producto sea cero, el interés del productor es producir lo máximo posible para diluir los costes fijos cuanto pueda entre todas las unidades producidas. Es en ese momento teórico, con precio cero, cuando la empresa deja de pensar en el mercado y pasa a buscar la maximización de la satisfacción de las necesidades humanas a la que sus productos responden.

Es decir, si el coste marginal se acercara a cero, los productos se «desmercantilizarían», dejarían de ser mercancía que hay que vender porque si no se vendieran generarían una nueva pérdida. Por consiguiente, a partir de cierto nivel cualquiera podría disfrutar de la cantidad que necesita sin renunciar a nada y la misma racionalidad que orienta el comportamiento de las empresas hacia la maximización del beneficio, llevaría a una economía centrada en satisfacer las necesidades humanas: cualquiera podría disfrutar de la cantidad que necesitara sin renunciar a nada.

Esto no quiere decir que el capitalismo tienda a «desmercantilizarse» por el mero efecto de la competencia. Pero esta solución extrema de un modelo básico del análisis económico es, en cualquier caso, muy iluminadora.

En la práctica existe abundancia cuando el coste de servir una unidad más es inapreciable y, dado un cálculo sensato de la demanda potencial, podemos hacerlo indefinidamente. Por ejemplo: el coste de servir una página web o un libro electrónico a un usuario más en nuestro propio servidor es, a todos los efectos, cero.

Un producto escaso en una red descentralizada es abundante en una red distribuida

Podríamos decir que este ejemplo solo sería cierto dentro de un rango asumible de peticiones, pero que si el número de personas que quieren leer nuestro libro pasara cierto punto crítico, tendríamos que incrementar nuestro ancho de banda y seguramente también el número de servidores. Por tanto, si lo viéramos a largo plazo, esos aumentos de costes deberían imputarse a las distintas unidades servidas. El coste marginal, el coste asociado a la última copia distribuida, no sería cero. La abundancia, en ese caso, habría sido solo una ilusión, un destello, algo parecido al coste de llevar a alguien más desde casa a la oficina en nuestro coche: es prácticamente nulo… Hasta que se acaban los asientos. Una vez ocupadas todas las plazas, necesitamos otro coche o al menos un billete de autobús por cada persona más que quisiéramos transportar. El coste marginal, el aumento de costes por llevar a alguien más, sería positivo y fácilmente perceptible.

Pero en nuestro ejemplo, un bien informacional, esta crítica solo sería cierta si las copias se distribuyeran desde un único servidor. Si lo compartimos en una red distribuida con otros usuarios que, al descargarlo, lo dejan a su vez a disposición de los demás, cada nueva descarga, cada nuevo usuario, significará un lugar posible de descarga más para el siguiente. Cuantas más personas lo descargasen, menor será la probabilidad de que, por rápido y voluminoso que fuera un incremento de la demanda, ningún miembro de la red tuviera que incrementar sus costes para que alguien pueda descargar una nueva copia.

Esto es sin duda lo más importante que nos ha enseñado Internet: el mismo producto que es abundante en una red distribuida, a ciencia cierta no lo sería en una red centralizada o descentralizada. Y al revés, lo que es escaso en una red centralizada o descentralizada, puede ser abundante en una red destribuida.

Este hallazgo puede parecer limitado, pues con las tecnologías actuales solo afectaría a bienes intangibles. Pero algunos de esos intangibles —como el diseño industrial, de hardware o de procesos— son los motores del aumento de productividad en la producción de bienes físicos y, desde las guerras mundiales, el porcentaje que representan en el valor total producido no ha hecho más que aumentar. Su conversión en bienes gratuitos no puede sino tener un efecto profundo en todo el sistema productivo.

Así es como funciona, por ejemplo, la creación de software libre y, en general, toda esa creciente economía, en su inmensa mayoría desmercantilizada, que hemos englobado bajo la etiqueta «modo de producción P2P». A su vez, la Economía Directa utiliza los resultados de esa innovación en los márgenes del aparato productivo controlado por las industrias sobreescaladas y el muy sobreescalado sistema financiero, aumentando la productividad en la fabricación de bienes tangibles y empujando aun más la escala a la baja.

Lógica de la Abundancia

Concepto creado por Juan Urrutia en su ensayo «Redes de personas internet y la lógica de la abundancia: un paseo por la nueva economía» aparecido en la revista «Ekonomiaz» en 2001 y republicado en su libro «Economía en porciones».

La lógica de la abundancia aparece cuando la estructura de producción y costes vuelve innecesario dirimir colectivamente -via mercado o decisión autoritaria o democrática- qué se produce y qué no y cuánto acceso tendrán unas personas u otras al resultado de la producción.

Parte de los tópicos de la economía de la información para imaginar unos mercados que evolucionan hacia un situación de subóptimo paretiano de forma indefinida como producto de la extensión del efecto red. En el límite la consecuencia serían las equivalentes a las que se producirían al alcanzar un mercado de competencia perfecta en los modelos neoclásicos. Es decir el precio se equivaldría al coste marginal… pero el coste marginal de difundir una unidad más de información en la red es cero.

Lógica de la abundancia y pluriarquía

La lógica de la abundancia permite una aproximación a los orígenes económicos de la pluriarquía. El ejemplo clásico es la comparación entre los periódicos y la blogsfera. En un periódico con su superficie de papel limitada publicar una línea más de un artículo implica reducirlo en otro, como en un juego de suma cero. En cambio en la blogsfera, un espacio donde el coste social de un post extra es cero, el que cualquier blogger publique su información no merma las posibilidades de publicación de otro. El coste marginal es cero. Desaparece simplemente por tanto la necesidad de dirimir colectivamente qué se publica y qué no.

Frente a la escasez que genera la necesidad de la decisión democrática, la lógica de la abundancia abre la oportunidad de la pluriarquía. Por eso autores como Enrique Gónez rechazan la generación de espacios masivos de edición democrática en la red como Wikipedia o menéame por basarse en el principio de generación de generación artificial de escasez. En términos sencillos la lógica de la abundancia se resume en una pregunta retórica aparecida en una lista de correos ciberpunk:

qué sentido tendría votar un uniforme igual para todos si cada cual pudiera vestir como quisiera gratis