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Mumi

siwaiEl mumi es un conector de una red centralizada que opta por conectar a todos los que se unan con todos los demás, siempre a través suya pero haciéndose transparente, sin poner trabas. Consigue así, sobre una estructura centralizada un funcionamiento (solo) aparentemente similar al de una red distribuida y genera la sensación de abundancia.

El mumi histórico

El antropólogo Douglas Oliver relata la institución de los mumis como una de las bases de la organización social de los siwai de Bougainville (islas Salomón). Aunque lo estudia como parte de su investigación de la evolución social hacia la jerarquización, la mera supervivencia de la figura del mumi hasta la actualidad revela su potencia. Los mumis son dinamizadores sociales, personas que intensifican la producción y, posteriormente, la redistribuyen.

El joven que aspira a ser reconocido como mumi trabaja sin descanso en la preparación de festines con los que agasajar a la tribu. Con ello obtiene cada vez más seguidores, que le proveerán de carne y cocos para nuevos festines, aún mayores. Si es capaz de ofrecer un banquete mejor que el de los mumis establecidos, su renombre aumentará, se ganará a los seguidores del hasta entonces mumi y se convertirá en el líder de la tribu.

Muchas culturas tienen una figura similar al mumi: los organizadores de mutiraos en brasil o el preste en el altiplano andino.

Los mumis en Internet

En presencia de efecto red como los de muchos servicios online y a partir de cierto momento, cuando la red alcanza determinado tamaño, al tratarse de un tipo de servicios en los que el coste marginal (el producido por servir a un cliente más o una unidad de producto más a un cliente) se hace cero o muy cercano a cero, es posible que cada cual tome cuanto necesite o quiera sin mermar oportunidades de los demás. Es decir, aparentemente estaríamos en una lógica de la abundancia como la que aparece en las redes distribuidas aunque ahora con un único gran proveedor y distribuidor, el mumi.

Los primeros mumis de Internet, al igual que los melanesios, tuvieron muy difícil pasar a ser jefes y cobrar por sus servicios volviendo abiertamente a un modelo basado en la generación artificial de escasez. Hasta ciertas escalas, cualquier aspirante a mumi pudo repetir la oferta a precio cero. El mumi alternativo, superado cierto umbral, vio operar el efecto red a su favor y el viejo mumi desapareció en el olvido o fue relegado a un mercado marginal. Así fue como Google desbancó en el mercado de buscadores a Altavista y Yahoo! o hizo pasar a la historia al viejo Usenet, donde los grupos se formaban por decisión democrática, al lanzar Google Groups, donde la formación de grupos era libre y gratuita. Pero Google cambió las reglas: pudo invertir hasta convertir la infraestructura en una barrera de entrada casi infranqueable, al tiempo que la cantidad y diversidad de servicios «gratuitos» interconectados elevaban el coste de abandono del servicio para los usuarios… a los cuales monetiza no cobrándoles, sino procesando la ingente cantidad de información sobre si mismos que una vida virtual vehiculada por el mumi puede monitorizar.

Potencia y peligro del mumi

Los mumis representan la forma aparentemente más rápida de acceder a algo parecido a la lógica de la abundancia pero también la más precaria. Google nos ha enseñado el peligro de los mumis: a partir de cierto punto la cantidad de información obtenida de cada usuario permite una cierta forma de biopolítica virtual, una nueva forma de control social. Mientras que la amplia gama de servicios del mumi se torna tan esencial a la vida del usuario que los costes de abandonarlo, siquiera por otro mumi, se elevan exponencialmente, el efecto global es una recentralización indiscutible e indeseable tanto en sus resultados políticos como culturales.