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Valoración de la inversión en una PYME

Fases de la valoración

  1. Repasamos las bases del plan de negocio vinculado a la inversión: ¿Son verosímiles los supuestos? ¿Qué tipos de trabajo se emplean para cada objetivo en cada periodo? ¿Están relacionados claramente con los objetivos? ¿Hay incrementos de equipo que puedan causar retrasos o atascos por necesidades de formación o coordinación no calculadas? ¿Qué porcentaje de clientes se pierde entre un periodo y otro? ¿Los crecimientos de ventas son razonables? ¿Cuál es la duración del ciclo comercial?
    ¿Cuál es el mercado potencial realmente accesible? ¿A qué parte podemos aspirar con los recursos disponibles?
  2. Le damos coherencia interna y potencia, para ello vamos a calcular el VAN del flujo de dividendos después de impuestos que aparece en el plan de negocio con un tipo de interés del 20% en un periodo de 5 años. El resultado tendría que ser igual o mejor que la inversión, es decir: el valor a día de hoy de los retornos de los cinco primeros años tiene que ser al menos igual que la inversión que hagamos. El 20% es la aproximación del coste de oportunidad, es decir, del uso alternativo más rentable de ese capital por empresa. Dicho de otra forma: se trata de que la inversión, desde el punto de vista de la empresa sea al menos tan buena como dedicarse a comprar y vender sus propias oficinas en vez de crecer y tomar más riesgos. No es pedir tanto.

    Muchas veces nos saldrá un resultado menor. Normalmente se arreglará aumentando un poco los beneficios en los primeros años… lo que obligará a repensar el crecimiento y remozar el plan de negocio y las estrategias para que las cifras cuadren.

  3. Valoración de la empresa. Hay muchas formas. Antiguamente se valoraba sobre el VAN a diez años, luego se añadieron «expectativas», es decir, posibles beneficios especulativos de la venta de la sociedad. No es nuestra forma de mirar a las empresas. Tomaremos los dividendos realmente repartidos de los cinco primeros años y calcularemos qué porcentaje de esos dividendos hay que dar a las personas que pongan el capital para que iguale la inversión hecha el primer día al final del periodo de cinco años. Si el resultado, por ejemplo, es que hay que darles un 25% de los dividendos cada año, la valoración de la empresa (tras la ampliación) sería la inversión multiplicada por cuatro.

¿Qué hemos hecho?

  1. Hemos sometido a crítica constructiva las ideas del plan de negocio asociado a la inversión para transformarlo en algo más parecido a un compromiso viable y compartido entre promotores e inversores.
  2. Hemos analizado la inversión desde el punto de vista de la empresa (no de los promotores ni de los accionistas) y hemos modulado los objetivos de resultados para darle coherencia, igualándolos con una alternativa asequible: el resultado de una inversión inmobiliaria común del mismo volumen.
  3. Finalmente hemos valorado el porcentaje a ceder a los inversores y con ello la empresa. Esta valoración no es una valoración de activos -no pensamos liquidarla- ni una valoración de lo que un hipotético tercero podría llegar a pagar por ella en algún momento de esos cinco primeros años -no queremos especular- sino simplemente una valoración de la capacidad de hacer rentable la inversión en el largo plazo (es decir después del quinto año).