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Desconocimiento distribuido

Si no viajas, no hablas idiomas y solo te relacionas con gente que opina igual que tú,te estás perdiendo muchas cosas y estás dando por supuesto que «la otredad» ni siquiera existe, o aún peor, que «la otredad» es el enemigo.

LegoEn mis lecturas de hoy no hago más que encontrarme, casualmente, con textos relacionados con el ego o la autoestima. Partimos de la base, espero que no demasiado simplificada, de que el ego es (o se alimenta de) lo que pensamos que piensan los demás de nosotros, y la autoestima es lo que pensamos sobre nosotros mismos.

Primero, Juan escribe cómo tras leer sobre el reconocimiento público de un amigo, lectura que le deja el ego tocado, intenta psicoanalizarse «pensando en lo maldito que es el ego y en la necesidad de aceptarse tal como el espejo social te refleja». Más tarde lo resuelve pensando que no tiene por qué sentir dolor, pues no le interesa la fama sino el conocimiento, para a continuación caer de nuevo al reconocer que ese descubrimiento «no es sino otra treta del asqueroso ego».

AutoestimaA continuación caigo en un informe del Real Instituto Elcano sobre la imagen exterior y autoimagen de los españoles, que dice que aunque la imagen exterior de España ha mejorado desde el verano de 2013, la autoimagen no lo ha hecho (con razón), pero que lo alarmante es que los españoles piensan que la opinión exterior es mucho peor de lo que resulta ser con los datos en la mano. Parece un caso del clásico problema de autoestima: Si yo no me quiero a mi mismo, cómo me van a querer los demás.

La relación entre autoestima y ego es compleja. Resulta que puedes tener un ego alto y una autoestima baja, pero no al revés. Resulta que tanto el uno como la otra se ven altamente condicionados por nuestra educación y nuestro entorno. Resulta que ahora no solo las personas, sino que también los países, tienen problemas de autoestima… Y a ver como llevas a un país entero al psicoanalista.

En el estudio de Elcano, además de incluir un interesante ranking de países por nivel de autoestima (en el que el Top 4 está formado por Australia, Canadá, Perú e India), del que se debería hablar más, se intenta dar explicación a por qué los españoles, aun teniendo razón sobre su mala opinión de España, piensan además que la exterior sigue siendo igual de desastrosa, cuando no es así.

DivanAparecen para ello términos como «transferencia» (cuando al pensar mal de sí mismos, los españoles «transfieren» esa opinión al extranjero). También se tiene en cuenta que los españoles tienen, de media, muy poca relación con el exterior: Comparado con otros países europeos, los españoles viajan poco, no hablan idiomas y en general son (de media, repito) poco cosmopolitas. Esto contribuye a que la información de primera mano sobre qué piensan los de fuera esté bastante sesgada.

Y esto también va unido a los siguientes dos conceptos que me han llamado la atención: la «ignorancia pluralista» y el «falso consenso». La primera se da cuando la opinión mayoritaria es percibida como minoritaria, o la minoritaria como mayoritaria. El «falso consenso» es la tendencia a pensar que la opinión de uno es la mayoritaria y, obviamente, la correcta, y tiene su origen -¿cómo no?- en un sesgo egocéntrico. Para rematar, intervienen las «percepciones especulares» (el ego otra vez).

prejudicesLo que esto pone de manifiesto es un grave problema de diversidad: si no viajas, no hablas idiomas y solo te relacionas con gente que opina igual que tú (y cuando lo haces con la que no es como tú se restringen los temas de conversación para «evitar el conflicto») te estás perdiendo muchas cosas, y estás dando por supuesto que «la otredad» ni siquiera existe, o aun peor, que «la otredad» es el enemigo, quizá incluso el responsable de tus graves problemas… de autoestima.

El extranjero, en el caso particular de la percepción de la imagen-país, es la concentración de «la otredad», el enemigo fácilmente identificable que ni nos conoce ni nos comprende y piensa (seguro) mal de nosotros, cuando lo que en realidad sucede es lo contrario: al extranjero (al «otro») ni se le conoce, ni se le comprende y se piensa mal de él, por si acaso.

Sellos de pasaporteLo que veíamos con la fascinante historia de la anchoa, que el desarrollo local necesita a «los de fuera», también puede aplicarse al desarrollo personal. Necesitamos a «los de fuera» para crecer como personas y para aprender, algo que, por cierto, mejora la autoestima y a nivel colectivo produce ciudadanos más empoderados, productivos y dinámicos.

La conclusión del informe, que atiende a la recuperación económica de España, también es correcta: más les valdría a los políticos repetir que la imagen macro en el exterior ha mejorado que insistir en los brotes verdes de la micro, imposibles de creer. Si aumenta la autoestima, quizá se evite el efecto bola de nieve de las profecías autocumplidas. Es decir, quizá se consiga que el estado actual de las cosas no empeore muchísimo.

Pero a parte de la Segunda Venida o recuperación económica, yo haría hincapié en los efectos individuales de la diversidad y el cosmopolitismo (para el que afortunadamente, hoy en día no hace falta ser rico), pues creo firmemente que individuos con vidas interesantes hacen países interesantes que construyen (individual y colectivamente) redes interesantes. Redes que pueden ser de aficionados al aeromodelismo, de expertos en investigación genética o de amantes del césped artificial, da igual, todas son beneficiosas a nivel micro y macro, pues conllevan interacción con otros.

Vicolo della FelicitáLo importante es la mezcla, el juntarte con gente distinta, que viste distinto, come distinto y piensa distinto. Para empezar, aprenderemos que el mundo es muy grande y sobre todo muy diferente a lo que vemos todos los días. La Unión Europea por ejemplo (entendida como un sujeto) es una gran excepción: los niveles de seguridad, de proteccionismo estatal, de riqueza media y de «estado del bienestar» son únicos en el mundo. También los de homogeneidad. Pero teniendo en cuenta a la población mundial, la UE abarca solo un 7% de los habitantes del globo.

El ego y la autoestima viven y crecen en profunda dependencia del exterior. Más nos vale conocerlo bien si de verdad queremos saber lo que opinan de nosotros, si tenemos curiosidad por saber como es vivir fuera de un parque temático, si queremos aprender y conocer todo tipo de cosas interesantes. Más nos vale conocerlo si no queremos vivir en un constante sesgo congnitivo de infelicidad distribuida.

«Desconocimiento distribuido» recibió 14 desde que se publicó el miércoles 30 de abril de 2014 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por María Rodríguez.

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