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Integraciones fallidas

La esencia de la vida comunitaria es vencer el miedo y aprender a enfrentar la incertidumbre con serenidad. Ante las integraciones fallidas no hay otra opción que volverse a abrir y recuperar el coraje necesario para crecer. Aunque cuando crezcas, casi inevitablemente, te duelan un poco las articulaciones.

RecruitingCasi todas las comunidades intencionales jóvenes tienen altas tasas de integraciones fallidas. Seguramente «aprender a crecer» sea una de las tareas comunitarias más difíciles. En sus primeros años de vida un alto porcentaje de nuevos miembros acabará dejando la comunidad y no siempre de forma amorosa.

La libertad da vértigo

vertigo-1La diferencia entre un entorno laboral corriente y una comunidad es abismal, y no solo porque la cultura hegemónica y la ética cristiana nos hayan preparado para «aguantar» en un trabajo hasta lo prácticamente insoportable y asumirlo como un «sacrificio» o un «castigo». Además, el choque que la igualdad y la horizontalidad reales de una comunidad suponen para el nuevo miembro suele infravalorarse.

Por mucho que la mayoría de la gente eche pestes sobre lo malas que son las jerarquías (que siendo una empresa tradicional es lo que toca), cuando llegamos a un entorno igualitario nos sentimos perdidos. Las jerarquías funcionan también como elemento protector, como eximentes de responsabilidad y como brújulas. En un entorno jerárquico no somos dueños de nuestro propio destino, el rumbo y el ritmo lo marcan «los de arriba». Eso nos da instrucciones sobre qué tenemos que hacer, cuándo, cómo y hasta por qué. Ni siquiera en el caso de no seguir esas instrucciones seremos responsables de permanecer o no en nuestro puesto de trabajo, serán «los de arriba» los que nos despidan.

Por lo mismo, en una comunidad intencional, la igualdad funciona en todos los sentidos. La libertad de no tener jefes da vértigo. Todos son igual de responsables, todos marcan el rumbo y todos deciden qué se hace, cuándo, cómo y por qué. Nadie está exento de tomar responsabilidades.

vertigo-2Esto deriva en la causa más corriente de problemas en la integración: el recién llegado se siente frustrado por no convertirse en «uno más» tan rápido como quisiera. Es normal, además de aprender a nadar en la igualdad, una comunidad es un conjunto de relaciones interpersonales que se construyen entre todos, y que ya tienen muchas capas cuando llega alguien nuevo.

Esas complicidades y tolerancias, ese «saber apreciar» al otro aun en su peor momento sin ponerle en cuestión, es algo que se desarrolla a través del tiempo. No se adquiere de una vez. El recién llegado advierte fácilmente la profundidad de las relaciones que le rodean, pero también siente la carencia de esa profundidad en sus propias relaciones. Se siente más «torpe» social y laboralmente, le faltan contextos, le falta experiencia. Necesita «hacerse» con las dinámicas, necesita sentir que puede hacer mejor su aporte al trabajo colectivo. Necesita sentir que puede superarse y superar esas carencias inevitables de todo el que llega a un equipo ya formado.

Pero no siempre lo consigue, y la comunidad no siempre es capaz de actuar en consecuencia. Por un lado, el resultado dependerá de la resistencia a la frustración del nuevo integrante, de su capacidad para imponerse a esa «lógica privada» que le dice que está haciendo algo mal o que no es suficientemente bueno. Pero por otro lado también dependerá de la capacidad de los miembros de la comunidad el detectar a tiempo los problemas y reforzarle.

Las cuatro estrategias erróneas

satánLos psicólogos adlerianos caracterizaron el comportamiento de los niños que no se sienten incluidos en la comunidad familiar con cuatro «objetivos» o «estrategias equivocadas». Curiosamente, versiones más o menos intensas y sofisticadas de estos cuatro objetivos aparecen prácticamente en toda la casuística de integraciones fracasadas que comparten las comunidades entre sí… y lamentablemente esto suele estar relacionado con los problemas de integración que los aspirantes a miembros tuvieron en su comunidad familiar cuando eran niños.

Sin embargo, esas cuatro estrategias erróneas son fácilmente detectables con prontitud y deberían servir para establecer conversaciones francas y directas que ayuden al recién llegado a superarlas. Rudolf Dreikurs las llamó demanda de atención, poder, venganza y pasividad.

1. Demanda de atención

591600860_attention_answer_1_xlargeLlamar la atención, buscar aceptación a toda costa una y otra vez, convirtiendo cualquier debate sobre ideas en una exculpación o una reivindicación personal. Esta angustia es insaciable se le preste la atención que se le preste. El problema es inextinguible en realidad mientras la persona no cambie su lógica privada, así que tanto si se ignoran los pedidos como si se presta más atención, el individuo solo se sentirá más y más frustrado.

2. Poder

Sibling RivalryCuando la necesidad de atención no se satisface -y como hemos visto, es imposible de satisfacer- el recién llegado intentará imponer dinámicas de poder.

Establecerá relaciones imaginarias de superioridad e inferioridad con los otros miembros. A continuación, se sentirá dolido, frustrado e injustamente tratado al comprobar una y otra vez que aquellos que siente como superiores «reconocen» más el aporte de aquellos que considera inferiores, a los suyos propios. Es lo mismo que pasa con los hermanos pequeños, siempre parece que papá y mamá les consienten más, les tratan mejor, les quieren más.

Entonces intentará afirmar su poder sobre los demás, haciendo comentarios despectivos y compensando su inseguridad con declaraciones de superioridad sobre algunos compañeros, haciendo valer jerarquías imaginarias, pretendiendo «competir» por «tener razón» o intentando hacer quedar mal a otros. Muchas veces, comprometerá a todos con muestras públicas de chovinismo comunitario y declaraciones de superioridad de la comunidad en su propio círculo de amistades. Otras hará justo lo contrario de lo que se le ha pedido o de lo que se esperaba que hiciera simplemente para llevar la contraria, de nuevo, ejerciendo poder.

3. Venganza

HuevosSin embargo, en una comunidad igualitaria no es ni mucho menos fácil establecer un poder sobre la comunidad o parte de ella. El poder realmente establecido es el poder «de» la comunidad, así que los intentos de hacerlo encuentran antes o después anticuerpos poderosos. La frustración por la imposibilidad de encajar, de hacerse un hueco y sentirse valorado tras intentar primero llamar la atención y después ejercer poder, se hace entonces aun mayor al sentir el rechazo.

Es cuando aparece el deseo de venganza. Suele coincidir con la etapa inmediatamente anterior y posterior a la salida del individuo frustrado de la comunidad. La frustración acumulada y no reconducida puede llevar a cualquier cosa. En los casos menos graves, se denosta a la comunidad creando un relato que justifique el fracaso para sí mismo. En los más graves, los aspirantes fallidos son capaces de robar materiales o inmateriales (clientes) como forma de intentar compensar la carencia de ese algo que sentían tan cerca y no han conseguido. También es común intentar «replicar» el modelo y articular por sí mismo el entorno social de la comunidad, pero con lo que valora como medida del éxito: ser más. Sin embargo, por los mismos motivos por los que no pudo encajar en la comunidad, tampoco conseguirá generar ninguna comunidad viable. La venganza frustrada dará paso entonces al resentimiento.

4. Pasividad

ninja pasivo agresivoUna estrategia alternativa en personas que no acaban de encajar es la de intentar librarse de aquello en lo que esperan fallar, mostrando fatalismo, pasividad, desconexión del entorno o vistiendo su negativa a asumir responsabilidades bajo una incapacidad real o fingida para evitar pedidos a los que teme. Suele ir acompañada de demostraciones de aislamiento sensorial, enfermedades psicosomáticas, victimismo, quejas sobre la propia capacidad y demostraciones de dependencia. Dreikurs, llamaba a esta actitud «violencia pasiva». Y de hecho, aunque parezca menos estresante que las anteriores se convierte fácilmente en un chantaje emocional permanente.

¿Cómo enfrentar estas situaciones?

LucySe trata de detectarlas pronto, tratar de alentar a la persona para vencer su incomprensión de la situación y ser pacientes. El ciclo formado por las demandas de atención, la afirmación de poder y los intentos de hacer daño, suele durar entre un año y año y medio. Por eso incluso la mayor parte de las leyes de cooperativas en todo el mundo permiten periodos de prueba o asociaciones temporales de hasta dos años.

Pero no hay que hacerse ilusiones ni alargar el sufrimiento de todos hasta el final. En la mayoría de los casos, si se ha entrado de manera clara en la fase de afirmación de poder, hay poco que hacer. Los problemas subyacentes en la gran mayoría de estos casos no pueden arreglarse sin ayuda profesional. No es la obligación de una comunidad intentar arreglar los desequilibrios psicológicos o anímicos de todos los que pretenden unirse a ella. Y en cualquier caso, ni siquiera es posible. Cuando alguien no se está integrando sino tomando el camino de las estrategias erróneas, es mejor tener una conversación serena en la que se busquen alternativas para la relación partiendo de la aceptación descarnada de la realidad: la comunidad no puede dar al recién llegado el tipo de reconocimiento que necesita.

El miedo al conflicto

say_what_you_feelOtro caso muy habitual de problemas de integración en una comunidad igualitaria es el miedo al conflicto, más extendido de lo que parece. En una comunidad real, el conflicto es algo natural… que dura aproximadamente 5 minutos, pero sobre todo es algo necesario. Y si dura más de 5 minutos es porque el problema de fondo es más importante pero no por eso irresoluble.

Lo que nunca hay que hacer es evitar el conflicto. Si se evita, solo se conseguirá que la bola de nieve de la frustración termine (de nuevo) en amargura y desánimo. Las comunidades jóvenes que no tienen en cuenta este punto e intentan evitar el conflicto para «quedar bien» ante el exterior y ante los nuevos integrantes, están abocadas a tener conflictos que no se podrán resolver.

Woelfe 2015 55x46.inddNormalmente, el aspirante a comunero evitará tener conflictos que le afecten directamente, y además sufrirá terriblemente ante el conflicto entre otros miembros. De hecho, siente más o menos lo mismo que un niño al ver pelearse a papá y mamá. Suele tratarse de personas que asocian inconscientemente una comunidad igualitaria con una suerte de actitud mística ante la vida, el universo y todo lo demás, y no pueden entender que su paraíso soñado de paz y armonía se vea manchado por una discusión.

Evidentemente es un gran error del que de nuevo podemos culpar al 68, el «flower power» y en «new age». En una comunidad la gente se quiere y mucho, y el amor en el mundo real, se demuestra con acción no con pasividad. Se demuestra luchando cada día por crecer y construir juntos, por seguir en pie, por progresar. Se demuestra siendo responsable y haciéndose cargo de los demás. Y cuando hay acción, hay desacuerdos, discusiones y enfados. Para resolver un conflicto hay que poner los problemas sobre la mesa y conseguir que todos les presten atención, por mucha pereza que de. Aunque suponga pegar un gruñido. Si no podemos gruñir a nuestros hermanos, ¿a quién si no?

Las consecuencias

LawrenceUno de los postulados más llamativos de la doctrina militar de T.H. Lawrence fue defender que el ejército árabe «no podía permitirse tener bajas». La razón era que sus unidades beduinas eran, en realidad, comunidades reales basadas en la fraternidad y no en la disciplina castrense:

Los hombres, al ser irregulares, no eran unidades sino individuos, y una pérdida individual es como un guijarro que cae al agua: el golpe podrá ser breve, pero su ausencia la nombran anillos de pena.

Tratar de evitar esa pena, es lo que, durante la Segunda Guerra Mundial, hizo a los soldados de las unidades de vanguardia famosos por su frialdad con los nuevos reclutas.

wieserhoistEn los setenta y ochenta, pasar unos meses en un kibutz se convirtió en parte del sueño de miles de jóvenes progresistas europeos y americanos. La rotación de estos kibbutznik temporales era alta. No tardó en surgir una leyenda semejante. Los jóvenes sentían la distancia que les imponían esos comuneros a quienes miraban con admiración e inevitablente se sentían rechazados. Pero si les preguntabas a los comuneros te respondían escuetamente con un «se irán» mientras te miraban con cara de «cómo puedes ser tan insensible como para no entenderlo».

Y podríamos seguir contando historias similares. En una comunidad toda integración fallida por consensual y dulce que sea, tiene un coste emocional innegable para todos y cada uno de los miembros. Es seguramente el fracaso que más duele. Porque cuando se abren las puertas de una comunidad para alguien, cada uno se abre también para recibirle. Y ese es el principal peligro de las integraciones fallidas: duelen y hacen más difícil la integración del siguiente aspirante, porque nadie quiere repetir el fracaso y todos serán, cuando menos, un poquito más cautos y distantes.

Pero la esencia de la vida comunitaria es vencer el miedo y aprender a enfrentar la incertidumbre con serenidad. No hay otra opción que volverse a abrir y recuperar el coraje necesario para crecer. Aunque cuando crezcas, casi inevitablemente, te duelan un poco las articulaciones.

«Integraciones fallidas» recibió 17 desde que se publicó el jueves 26 de febrero de 2015 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por María Rodríguez.

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