LasIndias.blog

Conquistar el trabajo es reconquistar la vida

Grupo de Cooperativas de las Indias

videoblog

libros

Islandia, la revolución que nunca existió

Nunca hubo una revolución islandesa. La muerte anunciada de la constitución pretendidamente surgida del «crowdsourcing», tan solo diferente de la anterior en unas cuantas declaraciones nacionalistas, confirma que tras el desahogo de las caceroladas nunca hubo un verdadero proceso deliberativo.

Icelandic_revolutionDespués del colapso financiero de 2008, entre 2009 y 2011 una serie de protestas sacudieron Islandia. El fantasma de una supuesta «revolución islandesa» se convirtió en moneda corriente en los medios. El «modelo islandés» se convirtió en el espejo en la que querían ver al 15M. Y el quincemismo adoptó fervientemente un relato que tenía más de deseo que de realidad.

Porque en realidad, bastaba con leer los blogs islandeses o contrastar un poco las fuentes para descubrir que las cosas eran cuando menos, dudosas: Islandia no dejó el FMI, no dejó quebrar los bancos (solo que no consiguió el ansiado rescate), tanto políticos como banqueros fueron exonerados de toda responsabilidad y la dación en pago fue combatida por los distintos gobiernos en los tribunales con uñas, dientes y casi siempre éxito. Por cierto, que el «milagro islandés» -un crecimiento tras el desastre alrededor del 2%- parece estar basado en una simpática burbuja inmobiliaria.

Pero lo mejor del relato islandés fue el «proceso constituyente», que tanta influencia tuvo en el quincemismo peninsular. Los medios anglos titularon el proceso como «crowdsourced». Pero de «crowdsourced» nada: se consultó a 950 personas elegidas al azar sobre cómo habría de ser el proceso, que llevaron a cabo los 25 ponentes de la comisión constitucional elegida por el presidente. Estos simplemente publicaron en libros de caras el avance de sus trabajos y, claro, recogieron propuestas en su web, pero de tener una línea abierta a sostener un proceso de debate y deliberación hay un abismo. Tan abismo que la participación en el referéndum posterior -que no planteaba un sí y un no, sino una serie de valoraciones generales- apenas rondó el 50% y como el Parlamento se va a disolver sin haber conseguido aprobarla, parece que ya es hora de dar a la pretendidamente colaborativa constitución por muerta. Más que nada porque el partido mayoritario -conservador- no la apoya y parece que va a mejorar aun más sus resultados en las próximas elecciones. Sí, hay a quien le parece mal. Pero la manifestación en apoyo de la constitución no nata en la puerta del Parlamento ha sido testimonial.

¿Y entonces simplemente no ha existido una Revolución Islandesa?

No. No ha habido una revolución islandesa. El estado vio quebrar los bancos tras intentar un rescate que los socios europeos y especialmente Gran Bretaña, se negaron a prestar. Se nacionalizaron temporalmente los bancos quebrados como hubiera hecho cualquier gobierno en la misma situación (como hizo el británico o ha hecho el español, por cierto). Hubo movimientos de protesta bienintencionados, que estuvieron encantados de escucharse a si mismos haciendo un blando discurso antisistema en pacíficas y tranquilas sentadas. Un discurso que efectivamente en muchos aspectos tenía melodías comunes con el quincemismo. Se renovó parte de la clase política sin que un solo responsable político o financiero fuera a la carcel (los financieros que lo fueron no lo hicieron por su responsabilidad en la crisis sino por estafas que hubieran sido penadas igualmente). Los partidos, a derecha e izquierda, tomaron un discurso aun más nacionalista. La economía volvió a ponerse en marcha con cifras de crecimiento que se explicaban, más que nada por el terrible bache de las quiebras (crecer un dos por ciento anual tras una caída en el abismo, no es para tirar cohetes) y aún así basándose en una burbuja inmobiliaria.

El proceso constituyente que supuestamente iba a refundar el estado desde el «espíritu» de las asambleas se desinfló… simplemente porque las asambleas no habían destilado otro programa que abrir un proceso constituyente. Y ahora, leyendo la constitución, unos aducen que en realidad para ese viaje no hacían falta alforjas y otros la agitan simplemente como símbolo. En lo que todos están de acuerdo es en que los contenidos, lo que el boceto de nueva constitución dice, dificilmente podría llamarse revolucionario. ¿La causa? Las famosas asambleas fueron la expresión de un descontento, pero no cambiaron consensos sociales fundamentales. No como para refundar el estado si es lo que se pretendía. Con una dosis extra de nacionalismo y el bonito recuerdo de la fraternidad de las protestas todos parecen contentos. Pero ¿quién puede extrañarse?. Detrás del desahogo de las caceroladas, pura cultura de la adhesión, nunca hubo un verdadero proceso deliberativo.

«Islandia, la revolución que nunca existió» recibió 1 desde que se publicó el sábado 30 de marzo de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

Deja un comentario

Si no tienes todavía usuario puedes crear uno, que te servirá para comentar en todos los blogs de la red indiana en la
página de registro de Matríz.