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Itinerantes y sedentarios

El mercado no es un ente abstracto. Es una relación social y un modo de vivir. Frente a la ilusión de la sedentarización y la afirmación monopolista en los nichos, los emprendedores artesanos han de aprender a vivir en itinerancia y transnacionalidad.

Ibn Jaldún en su Muqaddima hace la primera historia de las civilizaciones y la primera teoría general de la Historia. Marcado por el impacto del ascenso bereber y su conquista del Andalus, apunta que los grandes imperios y civilizaciones viven un ciclo que partiendo del nomadismo y la economía de guerra acaba en la sedentarización y el refinamiento cultural que a su vez les debilita y prepara para ser sucedidos por la siguiente civilización emergente.

Teniendo cerca el proceso de absorción de los originalmente rigoristas almorávides y almohades en la sociedad andalusí de su época, Jaldún busca señales de revitalización en su entorno y se encuentra con los famosos orfebres itinerantes. Los encuentra fortalecidos por los viajes y la movilidad y los compara con los gremios locales, sedentarios y cada vez más corruptos que se han acomodado a base de pactar privilegios de monopolio con los poderes locales.

Algo parecido pasó con la mayoría de los gremios europeos que no se constituyeron en Arte. Los privilegios ligados al enraizamiento local les tornaron incapaces de innovar. El impulso de artes y gremios contra el orden feudal impulsando una verdadera democracia urbana, se convirtió en los gremios sedentarios, dedicados sólo a la producción virtuosista, en puro inmovilismo que les dejaría pronto fuera del juego social.

El viaje, la la ausencia de identidad territorial y la pareja necesidad de construir redes de todo nómada, dió el protagonismo durante unos siglos más a los artes. Ibn Jaldún llevaba razón.

Y es que hay una notable diferencia entre el artesano en la definición anlgosajona que usa Sennet, (craftman, alguien con una habilidad manual en un proceso material de producción específico) y el artesano (miembro de un Arte). Al craftman le vienen a comprar, el artesano viaja para vender. El taller del artesano sedentario guarda como un secreto los misterios de su oficio, los gremios itinerantes, obligados a pasar una parte de su aprendizaje viajando y cambiando de taller, tenían una concepción abierta del conocimiento. El propio sistema de aprendizaje y los famosos viajes de los aprendices -sin los cuales no podían pasar a oficiales- servían para extender las innovaciones de unos talleres a otros.

Viendo las PYMEs azotadas por la crisis, entrando en casi cualquier comercio sureuropeo o constatando el desastre de los teléfonos de atención al cliente, uno se pregunta si las vacas gordas y los privilegios estatales a la industria, desde las subvenciones o los concursos públicos a la propiedad intelectual, no sedentarizaron la cultura empresarial hasta el punto de cambiar el yo vendo por el a mi me compran, normalmente disfrazado de un somos los mejores haciendo X que oculta el miedo a salir al mercado con todas las consecuencias.

Vivir la transnacionalización como una meta, salir a vender, aprender a escuchar al mercado y convertir su demanda en producto hacen parte de las habilidades y del modo de vivir de los emprendedores artesanos, esos nuevos invasores que Ibn Jaldún esperaba ver brotar desde su propia sociedad en decadencia.

«Itinerantes y sedentarios» recibió 3 desde que se publicó el miércoles 9 de junio de 2010 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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